R e s e ñ a y f o t o g r a f í a s d e l o s b a r r i o s d e B u e n o s A i r e s > Belgrano
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B a r r i o d e
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B a r r i o d e B e l g r a n o
Ubicado al norte con orientación este, encontramos al coqueto barrio de Belgrano:
Esta delimitado por las calles:
Muelle al norte del Aeroparque Jorge Newbery, Avenida Costanera Rafael Obligado, La Pampa, Avenida Pte. Figueroa Alcorta, Avenida Valentín Alsina, Olleros, vías del ex - FF.CC. Mitre (ramal Tigre), prolongación virtual de Zabala, Zabala, Avenida Cabildo, Virrey del Pino, Crámer, Elcano, Avenida De los Incas, Avenida Forest, La Pampa, Avenida Doctor Rómulo Naón, Avenida Monroe, Avenida Ricardo Balbín, Franklin D. Roosevelt, Zapiola, Congreso, Avenida Del Libertador, Avenida Guillermo Udaondo, Avenida Leopoldo Lugones, prolongación virtual de Avenida Comodoro Martín Rivadavia, eje de desembocadura del Arroyo Medrano, Río de la Plata.
CGPC: 13
Superficie (en km2):
6,8
Densidad (habitantes/km2): 17.372,1
Población Total: 126.816
Mujeres: 70.731 Varones: 56.085
Fuente: DGESC, en base a datos censales, año 2001.
Aniversario: 23 de noviembre
Para comenzar a pasear por el barrio de Belgrano que mejor que conocer la vida, obra y legado del gran hombre convertido en Prócer y Padre de la Patria, al cual se lo homenajea con su nombre a este rincón de Buenos Aires:
Manuel
Belgrano, militante de la Revolución:
Por Javier Garin.
1) Un prócer ocultado:
Agradezco la invitación que tan gentilmente me ha dirigido la ACB de Lomas de
Zamora, y aprovecho para destacar el trabajo que esta entidad y otras similares
realizan en todo el país para conservar vivo el recuerdo y difundir el
pensamiento y la obra de Manuel Belgrano, sin duda uno de nuestros más grandes
hombres, con frecuencia injustamente desvalorizado, retaceado en su
significación histórica, y en ciertos períodos de la vida nacional completamente
olvidado. Quizás muchos no sepan, por ejemplo, que al momento de su muerte y
durante casi treinta años el nombre de Manuel Belgrano fue borrado, y sólo se
conservó en el recuerdo de unos pocos que habían militado en su ejército y en
las tradiciones de los pueblos del Norte argentino, que siempre, hasta el día de
hoy, veneraron su memoria. La propia ciudad que lo vio nacer, Buenos Aires, la
ciudad que pretendía, en las horas de triunfo, congratularse de este hijo
ilustre que “hacía un ornamento al suelo en que nació”, ni siquiera supo durante
un tiempo que Belgrano había fallecido.
Pero hay una distorsión de la memoria que es tan ingrata como el olvido. Es
cuando a una figura histórica se la vacía de contenido, cuando se reduce y
simplifica su accionar hasta hacerlo incomprensible, cuando se la desvaloriza.
Ya Alberdi señalaba que algunos personajes, como Mitre y Sarmiento, se paraban
sobre Belgrano “para recomendarse ellos”. En lugar de elevarse a las virtudes de
Belgrano –observa Alberdi- rebajaban al héroe a su nivel. haciendo hincapié en
sus defectos, para mostrarse ellos “superiores en saber militar, en política, en
energía de hombres de Estado”. A posteriori se impuso otra distorsión: la de
reducir el papel de Belgrano a una estampa escolar, a la creación de la bandera,
minimizando el resto de su obra y de su prédica, e incluso privando de
significado real al acto de creación de la enseña independiente, como si todo su
mérito hubiera consistido en la brillante idea de hacer coser dos pedazos de
trapo.
Cuando vemos, además, que la bandera de Belgrano es utilizada para defender
ideas diametralmente opuestas a las que él defendió -cuando, por ejemplo, los
ruralistas utilizan la bandera nacional para sus reivindicaciones sectoriales,
ignorando cuánto despreciaba Belgrano a quienes hacen prevalecer sus intereses
particulares por sobre el interés general de la Nación, o bien cuando una radio
capitalina, que se caracteriza por predicar en contra de los derechos humanos
diciendo que estos son para defender a los delincuentes, hace marketing en las
fechas patrias regalando banderitas a los automovilistas, sin mencionar que el
creador de esa bandera fue quien introdujo los derechos humanos en el Río de la
Plata-, se comprende la necesidad de refrescar, entonces en qué ha consistido la
obra y el pensamiento de este gran hombre, de este verdadero Padre de la Patria,
quien, en su modestia, rehusaba ese título que le prodigaban sus admiradores
diciendo: “Me contentaría con ser un buen hijo de ella”.
2) El verdadero Manuel Belgrano
Frente a la visión distorsionada de Belgrano, la que lo presenta como un hombre
ingenuo, candoroso, bonachón, bienintencionado pero poco eficaz, la visión
“descafeinada” de Belgrano como una suerte de promotor de una secesión
administrativa de España, hay que erigir el recuerdo del verdadero Belgrano, que
no siempre resulta cómodo y digerible para todo el mundo.
Belgrano fue, antes que nada, uno de los principales cuadros revolucionarios de
América. Siendo uno de los hombres más ilustrados de su tiempo (el inglés Samuel
Haigh recuerda la fama que su cultura y talento superior tenían en el ex
virreinato), su compromiso inquebrantable con la causa revolucionaria lo hizo
trascender el papel meramente ideológico para convertirse en un cuadro completo
y versátil, en la triple faz intelectual, política y militar.
Ya antes de la Revolución, en su actuación desde la Secretaría del Consulado,
sus colaboraciones en el Correo de Comercio, el Semanario de Agricultura o el
Telégrafo Mercantil, su intervención en los clubes patrióticos y en las
conspiraciones independentistas, apareció como uno de los principales ideólogos
de la Revolución de Mayo. Producida ésta, debió asumir roles ejecutivos, y sus
dotes de organizador sumamente eficaz y pragmático lo convirtieron en un
elemento indispensable, al que siempre se recurría en situaciones desesperadas,
sin que jamás, en momento alguno, eludiera los sacrificios y peligros que tales
llamados del gobierno revolucionario representaban. El mejor ejemplo de ello fue
su asunción de la Jefatura del abandonado y desahuciado Ejército del Alto Perú
que se relata en mi libro, donde tuvo que aprender en el terreno para “medio
desempeñarse”, según sus propias palabras.
Pero quienes pretenden reducir su actuación al frente de fuerzas militares a
meros episodios bélicos desconocen que, como general revolucionario, sus
funciones tuvieron siempre un marcado carácter político y propagandístico. Fue
Belgrano el encargado de difundir los ideales y principios de la Revolución en
las provincias interiores, y lo hizo con tal eficacia que regiones enteras, como
el Noroeste argentino, quedaron incorporadas al movimiento revolucionario
gracias a su casi solitario accionar. Si otras regiones, como Paraguay y el Alto
Perú, fueron aisladas de la influencia revolucionara a causa de los contrastes
militares, la prédica emancipadora de Belgrano no dejó de dar frutos en esos
países, como se manifestaría en sucesos posteriores. Muchos años después de la
fallida campaña de Belgrano, los indios del Alto Perú todavía recordaban a
Belgrano como uno de sus benefactores.
Belgrano fue un verdadero militante revolucionario. Su modestia y constante
disposición a servir en cualquier frente y con cualquier escalafón, desde
general al mando hasta “simple soldado con el fusil al hombro” como él mismo
solía decir, desde integrante del poder ejecutivo hasta oscuro agente
diplomático, así lo demuestran. Su entrega a la causa revolucionaria fue total.
A ella sacrificó afectos, felicidad, familia, fortuna, sueldos, salud y
finalmente vida. Mucho tiempo antes de su muerte, asistentes, familiares y
amigos se empeñaron en convencerlo de pedir licencia militar, sin lograrlo sino
cuando la enfermedad estaba tan avanzada que no le era posible tenerse en pie.
Ya en su lecho de muerte, sorprendido por sus amigos con una expresión de
melancolía y preguntado en qué pensaba, respondió: “En la eternidad adonde voy y
en la querida tierra que dejo. Tal vez mis buenos paisanos, que todavía los hay,
trabajarán en remediar sus desgracias”. Pues hasta sus últimos pensamientos los
dedicó a la causa de la patria que había abrazado en su juventud.
3)Una revolución política, económica y social.
¿Pero qué significa que Belgrano fuera un militante revolucionario? ¿para qué
tipo de Revolución militaba? Una vez más vemos aquí los efectos de la distorsión
histórica. Parece que la Revolución de Mayo fuera para muchos un simple acto de
secesión administrativa respecto de España, ya que ésta no podía seguir
administrando sus colonias por hallarse invadida por Francia. Y una vez más hay
que dejar bien establecido el carácter de la Revolución que propugnaban hombres
como Belgrano, Moreno, Castelli, San Martín y Monteagudo.
El programa revolucionario de Mayo implicaba una transformación profunda en el
terreno político, económico y social. No era solamente reemplazar a un virrey
por una junta de notables. Era un levantamiento contra el absolutismo en nombre
de los ideales consagrados por la Revolución francesa. Era proclamación de
derechos, abolición de todas las formas de despotismo, autogobierno del pueblo,
emancipación americana de toda dominación extranjera, eliminación de la
esclavitud y la servidumbre, indigenismo, educación popular, destierro de todas
de las rémoras coloniales y feudales, liberación del hombre de las tinieblas de
la ignorancia y de la explotación. Y Belgrano fue uno de los principales
ideólogos de este programa, no sólo por su prédica pública sino también por su
elaboración secreta, al punto de atribuírsele una importante participación en el
célebre Plan de Operaciones escrito por Moreno.
Lejos de la imagen de bonachón al uso, Belgrano era un hombre de un gran valor
personal y una profunda fuerza de convicción. Cuando las circunstancias lo
requerían, no conocía vacilaciones ni contemplaciones. Así, no tuvo empacho en
disponer mano militari el éxodo forzoso de la población jujeña para privar de
recursos al invasor colonial. Porque es preciso recordar, frente a la distorsión
histórica, que tal éxodo no fue una decisión voluntaria de los jujeños –que en
su mayoría no eran todavía patriotas- sino una imposición revolucionaria de
Belgrano, quien amenazó con el fusilamiento a quienes no lo cumplieran. Esta
medida “draconiana” fue muy criticada en su tiempo, no sólo por el enemigo que
lo tildaba de “barbaro” sino también por los propios patriotas, entre ellos
Rivadavia, que se alarmó ante este modo de “violentar” a los vecinos. Pero
Belgrano no lo hizo por autoritarismo sino por una impostergable necesidad
revolucionaria. El mismo coraje y decisión los manifestó al rebelarse contra la
orden del gobierno revolucionario de abandonar a su suerte a los pueblos del
Norte, cuando decide hacer frente al enemigo en San Miguel del Tucumán. Hubo
cuatro oficios reiterándole esa orden bajo amenaza de someterlo a los más graves
cargos por desobediencia militar, y Belgrano se mantuvo firme de manera heroica
frente a todas las presiones y se jugó la cabeza en un momento crucial, salvando
a la Revolución con su victoria. Incurrió en gruesos errores militares que lo
llevaron a la derrota, como en Ayohuma, cuando contra la opinión de todos sus
subalternos se empeñó en librar batalla, pero estos errores siempre fueron por
exceso, por el deseo de combatir a favor de la libertad, nunca por defecto,
nunca por pusilanimidad o cautela. Recuerda Paz que sus opiniones militares
siempre se inclinaban “en el sentido de avanzar sobre el enemigo, de
perseguirlo, o, si era él el que avanzaba, de hacer alto y rechazarlo.”
Aunque odiaba el derramamiento de sangre, no escatimó los fusilamientos de
traidores y desertores cuando ello era indispensable para la disciplina
revolucionaria. Pero su proverbial severidad siempre estaba atenuada por un
profundo y melancólico humanitarismo. Era compasivo con los vencidos, rendía
honores a los muertos de ambos bandos y se burlaba con su amigo Chiclana de las
críticas recibidas después de la victoria de Salta por haber liberado a los
prisioneros realistas y “no haberlos hecho degollar a todos”.
El verdadero Manuel Belgrano no era sólo el que defendía la libertad de comercio
frente a la aberración monopolista de Cádiz y Lima sino también quien repartía
tierras a los indígenas esclavizados en el Alto Perú, quien denunciaba que la
política de España en América había consistido en “reducir a los hombres a la
condición de bestias” y quien se mostraba inflexible frente a las oligarquías
locales proclamando: “que no se diga más que los ricos devoran a los pobres y
que la Justicia existe solamente para aquellos”.
4)”Libertad” era para Belgrano democracia y derechos
humanos
Cuando el 27 de febrero de 1812 Belgrano enarbola por primera vez la Bandera
Nacional lo hace con la finalidad de forzar, mediante el hecho consumado, la
adopción de una política claramente independentista, ya que no estaba de acuerdo
con la actitud pusilánime del Primer Triunvirato que seguía fingiendo actuar en
nombre de Fernando VII, y lo exhortó mediante oficio a retirar el estandarte
real del Fuerte de Buenos Aires. En dicha oportunidad inaugura dos baterías de
defensa sobre el Paraná y las bautiza con los nombres simbólicos de “Libertad” e
“Independencia”. Estas dos palabras se repetirán una y otra vez en su vida, y
serán de alguna manera los objetivos a que consagrará sus esfuerzos.
Ahora bien: qué significaban estas dos palabras para Belgrano. Estos nos ayudará
a comprender mejor su legado y la actualidad de su pensamiento.
Libertad, en el lenguaje de la época, era la antítesis de despotismo. Hablar de
“Libertad” equivalía a hablar de derechos civiles y políticos, poderes limitados
por una Constitución, soberanía del pueblo, John Locke y Juan Jacobo Rousseau,
educación y ciudadanía. Libertad era, pues, democracia y derechos humanos.
No por casualidad Belgrano y Moreno fueron los introductores de los derechos
humanos en el Río de la Plata. Moreno es el traductor y editor del Contrato
Social de Rousseau, en cuyo prefacio sienta la famosa máxima “si los pueblos no
se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos...”. San Martín, Alvear y
Monteagudo dirigen desde la Logia Lautaro el rumbo político de la Asamblea del
Año XIII, cuyos miembros tenían la memoria puesta en los debates de la Asamblea
y la Convención francesas, logrando que se decrete la libertad de vientres, la
abolición de la Inquisición, la quema de los instrumentos de tortura. Belgrano,
que había sido el precursor de esta corriente, dedicó su juventud a promover la
vigencia de los derechos, pues, como recuerda en sus memorias, el espectáculo de
la Revolución Francesa lo había impresionado de tal modo que “veía tiranos
dondequiera que los hombres no gozaran de unos derechos que Dios y la Naturaleza
les habían concedido”, y hasta el final de sus días conservó una gran admiración
por Jorge Washington, el padre de la Independencia norteamericana, cuya
Declaración de 1776 había proclamado que los hombres “nacen libres e iguales”,
que tienen derechos preexistentes a los gobiernos, y que cuando los gobiernos no
los respetan los pueblos pueden destituirlos y gobernarse como mejor les plazca.
Era tal su admiración por Washington que tradujo su famosa Despedida entre
batalla y batalla y la mandó publicar por la Imprenta de los Niños Expósitos
como una forma de contribuir a ilustrar a sus compatriotas.
Belgrano, lo mismo que los otros jefes revolucionarios, era un defensor acérrimo
de los derechos del hombre, un heredero de la tradición revolucionaria del siglo
XVIII, y precursor de la educación popular, de la ilustración de las mujeres y
de los derechos de los indios. Para las escuelas fundadas por él prescribió que
se debía enseñar a los alumnos “los primeros rudimentos de los derechos y
obligaciones de los hombres en sociedad”.
He aquí una manifestación de la actualidad del pensamiento de Belgrano. Sería
bueno recordar a quienes hoy predican en contra de los derechos humanos,
sosteniendo que los mismos son “para defender a los delincuentes”, que esa
concepción represiva y autoritaria está en contra de los Padres de la Patria: en
contra de Belgrano, de San Martín, de Moreno, de Castelli.
Belgrano comprendía que la libertad (es decir, los derechos del hombre) era la
piedra de toque de la Revolución, ya que no se trataba de reemplazar un
despotismo por otro, sino de liberar y dignificar a los pueblos americanos.
Como jefe militar, su humanitarismo y respeto a la vida fueron también
ejemplares. Su ejército, como el de San Martín, era de liberación de pueblos y
no de conquista. Por ello es que fue especialmente cuidadoso y severo en
reprimir todo tipo de abusos y delitos de las tropas a su mando contra los
pueblos que liberaba, prohibiendo las requisiciones y tropelías. Erradicó la
barbarie, proscribió el duelo, el degüello, el saqueo, y respetó la dignidad de
los prisioneros y de los muertos de ambos bandos, en contraste con la salvaje
conducta de los ejércitos coloniales. Nunca hubo tropas de comportamiento tan
correcto como las de Belgrano, y así fueron recordadas por décadas cuando
sobrevinieron los furores de la guerra civil.
Pese a ser la mayor autoridad existente en vastos territorios, jamás interfirió
con las preferencias del pueblo al elegir sus candidatos para las asambleas y
congresos. “Me importa lo mismo Juan que Pedro”, solía decir, y hasta se
abstenía de estar presente en las elecciones para que no se dijera que intentaba
influirlas aún con gestos: a tal punto llegaba su respeto a las decisiones
populares.
5) “Independencia” era para Belgrano emancipación del coloniaje y unión
continental:
La otra palabra, Independencia, significaba para él emancipación del coloniaje,
es decir, autogobierno de los pueblos americanos, libres de toda opresión
extranjera. Cuando el brigadier general Crauwford, prisionero en Buenos Aires,
intentó sondear su ánimo contra España sugiriendo el apoyo de Su Majestad
británica al movimiento independentista él replicó: “Queremos al amo viejo o a
ninguno”. Expresión irónica con la que le dio entender que, aún cuando
estuvieran en desacuerdo con el Rey de España no por eso los patriotas se iban a
vender a Inglaterra. Independencia no era independencia de Buenos Aires.
En esto se distinguía claramente de otros cuadros dirigentes de la burguesía
comercial porteña. Su visión era americanista: quería la independencia de toda
la América hispana y cuando se refería a la Patria, aludía a toda la América y
no sólo a Buenos Aires, ni siquiera al ex Virreinato del Río de la Plata. Su
campaña del Alto Perú no tenía como objetivo solamente rechazar al invasor
colonial sino llegar hasta Lima, centro del poder contrarrevolucionario. Como
Monteagudo, como San Martín, como Bolívar, soñaba con una Hispanoamérica
independiente y unida.
Se enfrentó a los dirigentes de Buenos Aires del estilo de Rivadavia, cuando
éstos intentaban defender la Revolución solamente en la capital y abandonar a
las provincias. También se enfrentó a la inteligencia porteña al erigirse en
campeón de los alto peruanos, despectivamente denominados los “cuicos”.
En el Congreso del Tucumán abogó con su prestigio frente a los diputados para
forzar una Declaración de Independencia que los más cobardes se resistían a
suscribir. En esto, como en tantas cosas, su pensamiento concordaba totalmente
con el de San Martín.
Su idea de la “monarquía incaica”, monarquía constitucional con un Inca a la
cabeza, tenía varios objetivos: por un lado, adaptarse a la corriente
legitimista de Europa que utilizaba su odio al republicanismo como excusa para
auxiliar a España en la reconquista de América; por otro, conquistar la adhesión
de los indígenas del Perú y el Alto Perú, que seguían siendo devotos del
recuerdo del Inca. Pero en Buenos Aires la mentalidad racista lo ridiculizó
señalando que pretendía poner en el trono a un “indio de patas sucias”.
Esta reivindicación del Inca se vincula con su constante defensa de lo americano
autóctono y de los aborígenes. En las Misiones ya había dictado un reglamento
reconociendo los derechos de los indios. En el Alto Perú mantuvo la política
iniciada por Castelli, quien había proclamado la emancipación de las razas
indígenas junto al lago Titicaca honrando el recuerdo de Tupac Amarú, y la
profundizó incorporándolos a sus fuerzas y dictando medidas para garantizar a
los indios la propiedad de sus tierras ancestrales.
Su defensa de los aborígenes formaba parte, por un lado, de su doctrina de los
derechos humanos y por otro lado de su reivindicación de lo “americano”.
En las escuelas por él fundadas, sostenía que debía enseñarse a los alumnos “un
espíritu nacional” que les haga preferir “el bien público al privado y estimar
en más la calidad de Americano que la de Extranjero”. Como se advierte, no
hablaba de argentino, porteño o rioplatense: hablaba de americano.
Aquí vemos otras nuevas manifestaciones de la actualidad de su pensamiento. El
problema de la explotación, discriminación y sometimiento de los aborígenes es
una deuda de las naciones americanas. El pueblo de Bolivia lucha hoy
encarnizadamente para sostener el primer gobernante indígena después de
quinientos años de dominación, agredido por la alianza de los blancos ricos de
Santa Cruz de la Sierra y la embajada de Estados Unidos. ¿Cabe alguna duda de
qué lado estaría Belgrano en esa confrontación?
En la disputa de modelos entre aquellos que sostienen la necesidad de integrar a
los pueblos latinoamericanos en un espacio común en defensa de sus intereses,
llámese MERCOSUR, Unión Sudamericana o el nombre que se desee, y aquellos que
pretende la atomización de esos mismos pueblos para someterlos a nuevas formas
de coloniaje, a las “relaciones carnales” y a la explotación por los países del
Primer Mundo, y sobre todo a la obediencia hacia la gran potencia hemisférica
que nos mira como su “patio trasero”, tampoco puede caber duda de cuál habría
sido la posición de Belgrano, defensor acérrimo de la identidad americana y la
unión y hermandad de nuestros pueblos.
6) La defensa de lo nacional era para Belgrano defensa del
interés general por encima de los intereses sectoriales:
Como defensor del desarrollo económico que fue, muchos presentan falazmente a
Belgrano como un campeón de la libre empresa. Lo cierto es que para Belgrano la
actividad económica debía estar subordinada al bien común, y al servicio de
éste.
No se trataba de que algunos se enriqueciera, sino de que todo el país
prosperara: hacia eso tienden sus escritos del Consulado y sus colaboraciones
periodísticas.
Belgrano despreciaba y censuraba a quienes anteponían su interés particular o
sectorial al interés general. A pesar de que su padre se había enriquecido
gracias al sistema del monopolio, se opuso a este sistema que beneficiaba a unos
pocos en perjuicio del resto de la sociedad. Despotricó contra los miembros del
Consulado, “comerciantes españoles que sólo saben comprar por cuatro para vender
por ocho con toda seguridad”. Sacó corriendo a los comerciantes de Jujuy cuando
le fueron con el argumento de que el éxodo afectaba a sus negocios, y amenazó
con fusilar a los que no acataran la orden de retirada. En cartas privadas se
queja de que los americanos no hubiéramos adquirido aún “ese vuelo” que nos
predispone a sacrificar en aras de la libertad a las efímeras comodidades de una
vida “por lo demás muy llena de vicios”. En esto también coincide con San Martín
y su famosa máxima: “seamos libres que lo demás no importa nada”.
Son muchas las frases en que esta idea se manifiesta. En las previsiones para
sus escuelas prescribe que los alumnos aprendan a preferir “el bien público al
privado”. En diversas cartas y oficios refiere cómo debió posponer su interés
particular al bien superior de la Patria. Y su conducta así lo demostró
De la misma manera, sostuvo que los intereses locales debían subordinarse al
interés general. No apoyó a Buenos Aires, de donde provenía, en su actitud
desdeñosa y despótica respecto de los pueblos del interior. Y tampoco simpatizó
jamás con los caudillos y oligarquías lugareños, que anteponían sus quejas y
disconformidad a la lucha común por la emancipación. Su desprecio y
animadversión hacia Artigas, a quien tachaba de “agente pagado al servicio de
España”, pueden resultar injustos, pero demuestran hasta qué punto creía él que
primero debía trabajarse por derrotar al enemigo colonial de América y sólo
después discutir sobre las formas organizativas internas.
Una vez más, en esta particular coyuntura en que las pujas sectoriales por la
distribución de las riquezas llevan a postergar el bien común a las
conveniencias de los bolsillos de unos pocos, y éstos se arrogan el derecho de
tomar de rehén al resto de la población mediante el desabastecimiento y la
inutilización de alimentos, no cabe duda de cuál habría sido la posición de
Belgrano.
7) Pragmatismo revolucionario:
Para ciertos sectores ideológicos, sólo se saca chapa de “revolucionario” cuando
se es sanguinario, carnicero, dogmático o intolerante. Andrés Rivera,
intelectual comunista, autor de una muy buena novela, “La revolución es un sueño
eterno”, ha exaltado la figura de Castelli como el gran revolucionario
argentino, a despecho del mal que hizo Castelli a la Revolución con su actitud
intolerante, con la quema de iglesias y la irreligiosidad en pueblos que
abrazaban fervorosamente el catolicismo. Belgrano, por el contrario, fue un
revolucionario práctico. Comprendió que tales actos sólo servían para espantar a
los crédulos y que el enemigo pudiera tachar a los revolucionarios de herejes.
De allí que desde un comienzo de su campaña en el Norte tomó como política el
respeto a la religión y las creencias populares, nombró a la Virgen del Rosario
capitana del Ejército, prohibió los actos de irreligiosidad y recomendó a San
Martín no ofender a las gentes piadosas e imitar al gran Julio Cesar que
invocaba en sus rogativas a los dioses inmortales.
Su pragmatismo revolucionario implicaba la búsqueda de un camino americano, y en
esto también se diferenciaba de la inteligencia porteña que vivía mirando a
Europa y pretendía, como Rivadavia, aplicar a rajatabla las “fórmulas”
elaboradas por Bentham por cualquier otro gurú extranjero. Y en esto cabe evocar
una reflexión de José Martí, para quien la disyuntiva americana no era entre
civilización y barbarie sino “entre falsa erudición y naturaleza”: “el libre
importado fue vencido en América por el hombre natural”
Belgrano, con acierto o sin él, siempre buscó caminos políticos adecuados a la
idiosincrasia de los pueblos, sin pretender implantar modelos dogmáticos.
Heredero de la tradición revolucionaria del siglo XVIII, comprendió que la
misma, al trasladarse a la América hispana, debía tomar en cuanta las
tradiciones y el carácter de sus habitantes.
8) Fe revolucionaria
Hacia el final de su vida estaba desengañado respecto de las posibilidades
reales de alcanzar las metas buscadas, no sólo por las dificultades exteriores
sino también por falta de suficiente espíritu cívico. “¡Educación, educación!
–clamaba- sin ella nunca seremos nada” A Samuel Haigh le comentó con tristeza, a
comienzos de una guerra civil que se expandía: “¿Qué se puede esperar de
nosotros? Somos hijos de españoles, y no mejores que éstos”. Son varios los
testimonios de este desaliento postrero del gran revolucionario, que veía
desmoronarse sus ilusiones en la tormenta de la guerra civil, y ser reemplazada
su bandera por estandartes localistas levantados por mandones y tiranuelos de
provincia. Cuando entró en agonía, el país estaba al borde de la disolución, y
el día de su muerte hubo tres gobernadores en Buenos Aires. Y sin embargo,
incluso en esas horas aciagas, y a pesar de ese creciente desengaño, hasta
último momento mantuvo la fe revolucionaria en la suerte de la Patria: “Tal vez
mis buenos paisanos trabajarán en remediar sus desgracias”.
A evocar hoy la figura de Belgrano, este héroe tan puro y tan injustamente
despreciado, deberíamos quizás hacer un examen de conciencia, ¿Seremos nosotros
esos “buenos paisanos” en los que Belgrano depositaba sus útimas esperanzas?
¿Estaremos a la altura del legado belgraniano?
Vamos a caminar por el barrio de Belgrano.
Fue diseñado por Carlos Thays, el arquitecto francés ya nombrado en nuestra pagina web. Belgrano es un barrio cultural, tradición e historia sus rincones están plagados de monumentos, museos, bibliotecas.
La Calera, un establecimiento dedicado a la
extracción de cal, fueron los orígenes de las tierras que hoy se dan en llamar
Barrio de Belgrano, así bautizado en honor y hacedor de un legado
inigualable, que aún no fue llevado adelante por ningún gobierno desde su
fallecimiento hasta la fecha, y creador de la Bandera de la República Argentina,
General Manuel Belgrano,
ver sus pensamientos. En 1880, y por espacio de
unos meses, el gobierno nacional eligió al pueblo de Belgrano como capital
provisoria de la República. En 1883, debido a su pujante crecimiento económico,
social, edilicio y técnico, fue declarado ciudad.
Es uno de los barrios más residenciales de la ciudad. Las viejas y suntuosas casonas que caracterizaban al barrio están en una suerte de extinción.
Aun hoy existen algunas de estas hermosas casonas
a pesar de el incesante crecimiento
modernista del lugar.
Una impresionante joya de la arquitectura "la
iglesia redonda"
Digna de conocer la encontramos en la calle Juramento y Obligado
a metros de Av. Cabildo y el cruce con la calle Juramento punto neurálgico y
extremadamente comercial de la ciudad.
A su lado encontramos una antiquísima recova, mantenida en su vieja estructura y
convertida en lujosos restaurantes
Como contrapunto, en este barrio se han construido modernos, edificios de departamentos.
Sumado a una vista plagada de inmensos
rascacielos.
Visitamos y le mostramos el mercado "Modelo" del barrio de Belgrano.
El viejo mercado de Belgrano esta ubicado en la calle Juramento a solo cien metros de la Av. Cabildo principal arteria del centro comercial del barrio. Estuvimos caminando por su interior y conversando con la gente que trabaja a diario en el mercado.
Hoy llamada Feria Modelo Belgrano, nos ofrece como
antiguamente todos los productos frescos para las mesas de los porteños.
Indudablemente, parecería que quedo
fuera de moda esta feria, al lado de los grandes hipermercados, presentes
en el barrio y en toda la ciudad. Pero esta cooperativa mantiene su
espíritu comercial y la magia de aquel Buenos Aires que casi ya no esta.
Cuando digo magia me refiero a la forma de atender de los puesteros, que más alla de ofrecernos sus productos, también nos brindan su calidez y si a esto le sumamos la confianza que nos produce a los usuarios, de verlos todos los días atendiendo su pequeño comercio, con énfasis de cuidar y no tratar en forma fría a sus clientes, como sucede en los modernos hipermercados, convengamos que es una opción mucho más agradable a la hora de comprar nuestro alimentos.
En la entrada principal de la feria
encontramos este hermoso puesto que ofrece una gran variedad de mates y
algunas otras cosas. Cuando comenzamos a filmar la señora Laura, (oriunda
de la Provincia de Mendoza, República Argentina), dueña de la "materia"
nos demostró el tema de la amabilidad a que anteriormente les hacia referencia. Véanlo
en el video.
La "Feria Modelo de Belgrano" en Mire Buenos Aires. Video de tres segmentos.
En el video hago el comentario que en esta verdulería se ven productos que no se consiguen en todas partes de la ciudad. Y que lo iba a explicar al costado de la imagen. Pues bien hay productos que no son de consumo masivo ya que no forman parte de la cocina tradicional de los porteños, como los papines, endibias, algunos tipos de hongos, entre otras cosas que muestra la imagen. En ciertos lugares de la ciudad encontramos estos productos, que están siendo introducidos como nuevas alternativas para la gastronomía casera de Buenos Aires. En la sección gastronomica de Mire Buenos Aires llamada
Conocimos un rincón más, del barrio de Belgrano, de la historia de nuestro Prócer y de la Reina del Plata....espero le halla agradado.
Seguiremos como siempre renovando visitas e información del barrio, visítenos.
Para publicar en nuestro sitio haga clic aquí
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