R e s e ñ a y f o t o g r a f í a d e l o s b a r r i o s d e B u e n o s A i r e s >Recoleta
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B a r r i o d e
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B a r r i o d e R e c o l e t a
Ubicado hacia el oeste geográfico de la cuidad orientado al sur-este
Esta delimitado por las arterias: Uruguay, Guido, Montevideo, Brig. Gral. Facundo Quiroga, prolongación virtual de Juan Bibiloni bajada Autopista Doctor A. Illia (acceso portuario) hasta intersección con Autopista Doctor Illia, Avenida Pte. Ramón Castillo, Acceso Wilson, Avenida Tomás Edison, borde oeste de la Dársena D, borde norte de la Dársena D, bordes Dársenas E y F, Avenida Costanera R. Obligado, Jerónimo Salguero, deslinde suroeste zona de vías de los ferrocarriles FGBM, FGSM, FGB, Tagle, Las Heras, Avenida Coronel Díaz, Mario Bravo, Avenida Córdoba.
CGPC: CGPC 02
Superficie (en km2): 5,9
Densidad (habitantes/km2):
28.049,8
Población Total: 165.494
Mujeres: 95.391 Varones: 70.103
Fuente: DGESC, en base a datos censales, año 2001.
Aniversario: 12 de octubre
Historia:
El barrio comenzó a cobrar
individualidad hacia fines del siglo XVIII, cuando comenzaron a subdividirse las
quintas del lugar. Su nombre proviene del convento de los Padres Recoletos y su
iglesia de Nuestra Señora del Pilar, inaugurada el 12 de octubre de 1732. El
convento fue luego Hospital Buenos Aires y después de 1858 Asilo de Mendigos,
adoptando posteriormente el nombre de Asilo de Ancianos General Viamonte. Con
fecha 8 de julio de 1822, el gobierno de Martín Rodríguez y su ministro
Bernardino Rivadavia dispusieron la creación del Cementerio del Norte o de la
Recoleta, el cual fue bendecido el 17 de noviembre de ese mismo año. En 1830
Nuestra Señora del Pilar fue erigida en parroquia. Dos importantes plazas se
encuentran dentro de los límites de ese barrio: las plazas Vicente López y
Rodríguez Peña. La primera nació en el que fuera Hueco de las Cabecitas,
teniendo su origen allí la típica calle de Chavango, hoy avenida Las Heras. La
segunda nació de la iniciativa del intendente Torcuato de Alvear en homenaje a
don Nicolás Rodríguez Peña, quien tuvo su quinta ubicada precisamente frente a
esta plaza, avenida Callao de por medio.
Fuente: CEDOM
En esta primera parte de nuestro paseo por el barrio de la Recoleta, elegimos caminar por la zona sur del barrio, por una sencilla razón y es que en verdad son pocos los vecinos de esta ciudad que conocen hasta donde llega este barrio y no imaginan que cuando pasamos por la vereda del Hospital de Clínicas sobre la Avenida Córdoba con los cruces de las calles Junín y Uriburu y que a sus espaldas se encuentra la Plaza Houssay y también la mal llamada facultad de medicina, están caminando por Recoleta, que no es tan coqueto por esta zona, como en su sector norte.
Vamos a conocer una pequeña reseña de este hospital que es un verdadero emblema
de la salud en nuestra ciudad y sin lugar a dudas trascendió las fronteras no
sólo de la ciudad, sino que también de la República.
El Hospital de la Universidad de Buenos Aires tiene como misión el cuidado de la
salud, la docencia y la investigación.
Valores para lo que fue creado:
Tradición, conocimiento, calidad, compromiso, ética, servicio.
Hospital de Clínicas “José de San Martín”
Los orígenes
del actual Hospital de Clínicas se remontan a 1879, cuando comenzó su
construcción. Un año más tarde -y aún sin terminar- fue escenario del conflicto
por la federalización de la ciudad de Buenos Aires al funcionar como cuartel de
rifleros y hospital de concentración de heridos.
Cuando la provincia de Buenos Aires fue vencida por las tropas de la Nación,
entregó el edificio a la Facultad de Medicina. Recién el 4 de junio de 1884 se
oficializó el traspaso bajo el nombre “Hospital de Buenos Aires”. Más tarde, se
lo cambió a “Hospital de Clínicas”.
La atención a la comunidad comenzó poco después del conflicto de 1880,
momento en que Buenos Aires dejaba de ser una “gran aldea” y se desarrollaba
como ciudad capitalina gracias al auge del comercio exterior, el desarrollo
agropecuario, la inmigración y la urbanización.
Una cantidad importante de pacientes provenían del interior, derivados por
médicos egresados de la Facultad de Medicina que guardaban un recuerdo especial
de las aptitudes de sus maestros en la medicina, los profesores titulares.
El profesor titular era el cono de atracción de las cátedras y de la actividad
de las salas del Hospital. Constituía un ejemplo ético a emular por sus
estudiantes, quienes lo apoyaban, compartían sus estudios, a veces su mesa, y
hasta establecían parentescos por casamientos basados en esa relación de
admiración.
Importantes hazañas de la medicina tuvieron lugar en los
pabellones del Hospital de Clínicas: la primera aplicación de insulina, la
descripción de la Enfermedad de Ayerza, el síndrome de Tobías, los síndromes de
Castex, el primer cateterismo cardíaco, las primeras residencias médicas, el
primer Comité de Ética, la cirugía experimental, las primeras punciones de riñón
y las primeras toracotomías, entre otras.
En la actualidad, el Hospital de Clínicas recuerda con orgullo sus tradiciones y
las integra a las responsabilidades de una institución de asistencia de alta
complejidad y de alta calidad académica.
Tiene a su cargo la formación universitaria de
aproximadamente cuatro mil alumnos de las principales cátedras de la Facultad de
Medicina, y la educación de postgrado en residencias, concurrencias, becas,
carreras de especialistas, fellowships, visitancias y pasantías.
La historia completa de este hospital y de la razón de los hospitales públicos la encontrara en:
http://www.fmv-uba.org.ar/Portada/Historiadelclinicas/01.asp
De sus autores Federico Pérgola y Federico Sanguinetti
Inmediatamente de tras hacia el norte del barrio
encontramos una plaza llamada Houssay, ubicada en la intersección de las calles
Córdoba, Junín, Uriburu, Paraguay. El espacio verde lleva su nombre en homenaje
al Premio Nobel de Medicina 1947, Bernardo Houssay y tiene dos partes muy
definidas: una hacia Paraguay, donde se mantienen las gradas y la fuente en el
sector de la Parroquia San Lucas.
Nos tenemos que detener en quien fue el hombre al cual se le dedico el nombre de esta plaza:
El nombre de la plaza se debe a el destacado personaje de la medicina argentina:
Bernardo
Alberto Houssay fue el primer científico latinoamericano distinguido con el
Premio Nobel. La Academia Nacional de Ciencias de Suecia lo galardonó en
Fisiología y Medicina, por su descubrimiento acerca del rol de la hipófisis
(glándula endocrina situada en el cerebro) en el metabolismo de los
carbohidratos, y su relación con la diabetes.
Graduado de médico con Diploma de Honor en la Universidad de Buenos Aires, fue
uno de los impulsores de la creación del Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Técnicas (CONICET), que presidió hasta su muerte. Además, creó el
Instituto Experimental de Biología y Medicina, y cofundó la Asociación Argentina
para el Progreso de las Ciencias.
Es autor de más de 500 papers (documentos científicos), y varios libros -entre
ellos Fisiología Humana, traducida a múltiples idiomas-. La casa donde vivió
durante más de 45 años fue donada por sus hijos a la Fundación para el Estudio
de la Ciencia y la Cultura, y en ella funciona el Museo Houssay.
Nació el 10 de abril de 1887 (en su honor, el 10 de abril es el Día del
Investigador Científico en la Argentina) y murió el 21 de septiembre de 1971.
Junto con Carl y Gerty Cori fue galardonado en 1947 con el Premio Nobel de Fisiología y Medicina, convirtiéndose en el primer premio Nobel sudamericano.
La plaza Houssay se creó en los terrenos del antiguo Hospital de Clínicas. En el predio se conservó la tradicional capilla del viejo hospital, dedicada a San Lucas, donde se ha fundado la primera Parroquia Universitaria, y se ha construido una playa de estacionamiento subterránea.
Allí se conserva el monumento de Ignacio Pirovano y una réplica del busto del Dr. Houssay.
Una imponente escultura, no por su tamaño sino por su originalidad es, en esta
plaza, la escultura en forma de tríptico en
bronce que la Facultad de Medicina dedicó a los fundadores de la misma, y la
encontramos sobre la calle
Junín, representado por los doctores Cosme Agerich, Miguel O' Gorman y Agustín
E. Fabre.
El otro sector de la plaza es más baja, diseñada como un
gran espacio libre hacia Av. Córdoba, destinado a los feriantes y libreros.
Teniendo en cuenta la tarea que desarrollan, se generó un lugar prolijo y
seguro, acorde a estas actividades.
Sobre la calle Paraguay encontramos otro homenaje,
en este caso en forma de pintada callejera, realizado por los actuales alumnos
de la vecina faculta de medicina, a los desaparecido y/o acecinados por la
genocida dictadura militar entre los años 1976 y 1983.
También vemos un
busto en homenaje al profesor y doctor Raúl Matera. Aún en vida creó la
Fundación Matera que fue instituida el 10 de mayo de 1972. Sin fines de lucro,
desde sus inicios desarrolló actividades en el campo de la cultura y el arte en
sus diversas manifestaciones, incentivando particularmente toda expresión joven
del talento creativo.
Esta placa recordatoria en el mismo espacio verde, nos señala que en el lugar donde esta
emplazada, se creo en el año 1892 la primer cátedra de odontología en Argentina,
por iniciativa del doctor Mauricio Gonzáles Batan, la cual fundo un año antes el
doctor Ignacio Etchepareborda.
Cruzamos la calle Paraguay y nos encontramos con la Facultad de Ciencias Medicas.
Desde la plaza y mirando al sur,
tenemos la vista de este imponente edificio, que pertenece a la Universidad de
Buenos Aires, y es específicamente La Facultad de Ciencias Medicas, llamado por
el común de la gente Facultad de Medicina.
Entre otros alumnos que pasaron por esta facultad,
y una vez recibidos de médicos, se encuentra el nombre que quien resonó en el mundo
por su lucha en contra de los imperios y de la desigualdad social en nuestra
América Latina. Él era Ernesto Guevara De La Serna. Nuestro admirado Che.
En el frente de la entrada del
edificio encontramos esta seis esculturas en homenaje a celebres constructores
de la medicina.
Historia de la Universidad de Buenos Aires:
Años 1780 - 1789
Primeros antecedentes: el Protomedicato de Buenos Aires
Las cuestiones vinculadas al ejercicio de la Medicina y a la defensa de la
sanidad pública en Buenos Aires dependieron del Protomedicato de Lima, que tenía
una delegación en Buenos Aires a cargo de un Teniente de Protomédico. El
Protomedicato era una vieja institución española cuyos orígenes se remontan al
Medioevo.
El Tribunal del Protomedicato de Buenos Aires, cuerpo colegiado como su nombre
lo indica, fue creado por el virrey Juan José de Vértiz en 1779 e inaugurado el
17 de agosto de 1780 en una audiencia en la cual el primer Protomédico, doctor
Miguel Gorman, dio una alocución en latín. Funcionó precariamente hasta que fue
autorizado por un Real Decreto del año 1798.
Sus atribuciones eran amplias en cuanto a la dirección de la política sanitaria
y el control del ejercicio profesional, y por ello se dividía en secciones tales
como: el Protomedicato propiamente dicho, el Protocirujanato, el
Protofarmaceuticato (o Protoboticariato), el Protoalbeitarato (que se ocupaba
del control de los veterinarios) y el Protobarberato (control de los barberos y
practicones).
Varios años después de su creación, el Protomedicato de Buenos Aires incorporó a
sus funciones la tarea de formar médicos y cirujanos. Surgió así en 1799 la
Escuela de Medicina del Tribunal del Protomedicato de Buenos Aires, que inauguró
sus cursos hacia 1801 (algunas fuentes hablan también de 1800 y de 1802).
Años 1779-1813
La enseñanza de la medicina en el Virreinato del Río de la Plata y en los
albores de la nacionalidad
Veinte años antes del inicio de los estudios universitarios, la ciudad de Buenos
Aires contó con escuela médica, al iniciarse los cursos de la Escuela de
Medicina del Protomedicato. Ésta tuvo su figura inspiradora en el ya nombrado
Dr. Miguel Gorman, médico irlandés humanista que otorgó a la enseñanza un
acentuado rasgo ecuménico, integrando influencias no sólo hispánicas, sino
también británicas y francesas. Ello mucho antes de los intentos -rivadavianos
primero y sarmientinos después- de incorporar maestros, profesores y científicos
provenientes de Francia, Alemania, Italia, Bélgica, Holanda, Suiza, de otros
países europeos y hasta de los E.E.U.U., a nuestras instituciones de enseñanza
(primarias, secundarias, terciarias y universitarias) y de investigación.
Ecumenismo anticipado, también, al pronunciado fenómeno inmigratorio, posterior
a 1876, que transformaría la identidad de nuestro territorio y la composición de
nuestra población.
Junto a Gorman, otros prestigiosos médicos y cirujanos contribuyeron a los
primeros pasos de la enseñanza de la medicina y la cirugía en nuestro
territorio, tales como el licenciado Agustín Eusebio Fabre (catedrático de
cirugía) y el Dr. Cosme Mariano Argerich (segundo en la “dinastía familiar” de
médicos con ese apellido, nacido en Buenos Aires y graduado en España, sucesor
de Gorman como profesor de medicina).
Al producirse la primera invasión inglesa, los alumnos de la Escuela de Medicina
prestaron valioso aporte a los “hospitales de sangre”. Con el transcurso de los
años, el alumnado de esta primera escuela fue disminuyendo, con actividad
prácticamente nula hacia la época de la Revolución de Mayo. Luego de producida
ésta, el Primer Triunvirato, en 1812, suspenderá los sueldos a los catedráticos
de medicina y cirugía “hasta que se hagan útiles y oportunas tales erogaciones”.
Años 1813 - 1821
El Instituto Médico Militar
Luego de un frustrado intento para la creación de una “Facultad
Médico-Quirúrgica”, el Dr. Cosme Mariano Argerich presenta a la Asamblea de 1813
el plan de estudios que dio origen al Instituto Médico Militar, cuya función
primordial era proveer más y mejores médicos y cirujanos para los ejércitos
independentistas. Profesores y alumnos fueron considerados parte del Cuerpo de
Medicina Militar. Inició sus cursos en 1815, y cumplió su tarea con cierta
eficacia. En 1820 fallece su primer director -el Dr. Argerich-, asumiendo el
cargo el Dr. Cristóbal Martín de Montúfar. Tuvo entre sus profesores, además de
los nombrados, a Francisco Cosme Argerich, Francisco de Paula Rivero, Juan José
Montes de Oca, y realizó su formación el futuro catedrático Francisco Javier
Muñiz.
Pese a su breve existencia como tal (fue suprimido en 1821), el Instituto dejó
sentadas las bases para la organización de la enseñanza médica universitaria en
nuestro naciente país.
Años 1821-1852
Creación de la Universidad de Buenos Aires
Fue sin duda uno de los hechos más importantes y positivos del período de
anarquía y desunión nacional que se extiende entre los años 1820 y 1835. El
decreto del gobernador Martín Rodríguez fue impulsado por su ministro Bernardino
Rivadavia, entusiasta representante de la corriente ilustrada y liberal en
nuestro país, promotor también de la creación de la Academia de Medicina de
Buenos Aires, en 1822. La flamante Universidad constituyó un intento integrador
de la educación pública porteña en todos sus niveles. Uno de sus seis
departamentos fue el de Medicina, cuyo “prefecto” fue el Dr. Montúfar. Se inició
con tres cátedras: Instituciones Médicas (Juan Antonio Fernández); Instituciones
Quirúrgicas (Francisco Cosme Argerich) y Clínica Médica y Quirúrgica (Francisco
de Paula Rivero). El material de enseñanza y los textos usados en los primeros
años fueron casi exclusivamente de origen francés e italiano, debido a la
influencia de dos reconocidos investigadores de esas nacionalidades: Aimé
Bonpland y Pedro Carta Molino, respectivamente. Luego de dos años de iniciada la
carrera se contó con sala de disecciones, y el gobierno decretó un presupuesto
para costear en Europa el perfeccionamiento de los estudiantes sin recursos. El
alumno podía doctorarse en medicina o cirugía, para lo cual debía presentar una
tesis. La primera camada de médicos se graduó en 1827.
Las labores fueron desarrolladas en momentos difíciles, que se acentuaron
durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas, al suprimirse los fondos
presupuestarios en 1838, cuando su gobierno fue hostigado por la crisis
económica que acompañó al bloqueo anglo-francés. Se agregarán, además, las
fuertes tensiones políticas, causa del exilio de los profesores que discrepaban
con la hegemonía del régimen rosista.
Años 1852 - 1874
La Facultad de Medicina
Luego de la caída de Rosas, la Escuela de Medicina fue separada de la
Universidad (hasta tanto ésta fuera reorganizada), pasando a depender
directamente del gobierno de la Provincia de Buenos Aires. Un decreto de octubre
de 1852 creó el Consejo de Higiene Pública, restableció la antigua Academia de
Medicina -que había funcionado sólo durante dos años- y dispuso, para los
estudios médicos, la jerarquía de Facultad. Fue designado su primer presidente
(decano) el doctor Juan Antonio Fernández (reemplazado en 1855 por el doctor
Francisco Javier Muñiz). La enseñanza de la medicina era efectuada en el
edificio del Hospital de Hombres, situado al lado de la iglesia de San Pedro
Telmo, en las actuales calles Humberto Primo entre Defensa y Balcarce. Los años
posteriores serán testigos del desarrollo de un sostenido proceso de
reorganización, caracterizado por logros fundamentales. Entre los progresos
visibles debe citarse la inauguración, en 1858, del nuevo edificio de la
Facultad (primer solar propio, frente a la iglesia citada); la creación, en
1863, de la Biblioteca de la misma (por Juan José Montes de Oca, el tercer
“presidente”), así como la creación de varias nuevas cátedras, que en general
seguían el modelo de la Facultad de Medicina de París. En estos años se dieron,
asimismo, los primeros pasos organizados de estudios universitarios
odontológicos, obstétricos (para la formación de parteras) y farmacéuticos.
Año 1874 - 1906
La Facultad vuelve a la Universidad
En 1874 un nuevo decreto determinó que la Facultad de Medicina volviera a
integrar la Universidad de Buenos Aires, y que la Academia de Medicina se
hiciera cargo del gobierno de aquélla. A partir de la nueva organización, se
sucedieron en el decanato los doctores Manuel Porcel de Peralta, Pedro Antonio
Pardo, Cleto Aguirre, Mauricio González Catán, Leopoldo Montes de Oca y Enrique
del Arca.
En 1880 se inaugura el nuevo Hospital de Buenos Aires en la calle Córdoba (donde
actualmente se encuentra la Plaza Houssay) que es entregado a la Facultad de
Medicina en 1883, luego de la “federalización” de la ciudad, denominándose a
partir de entonces Hospital de Clínicas. En 1895 fue inaugurado un nuevo
edificio para la Facultad -frente al antiguo hospital-, que se convirtió en sede
de los estudios médicos, en la denominada Escuela Práctica de Medicina y Morgue.
(Esta construcción fue demolida posteriormente, y el lugar es en la actualidad
una playa de estacionamiento en la avenida Córdoba, esquina de la calle
Uriburu).
En esta década final del siglo surgirá el primer Instituto: el de Anatomía
Patológica.
Años 1908 - 1944
La Facultad en el Siglo XX
Sobre la base de un proyecto del Dr. Eliseo Cantón del año 1895, se expropió
media manzana contigua a la Facultad (“la media manzana de terreno comprendida
entre las calles Córdoba, Viamonte y Junín”) para erigir “el Instituto de
Medicina Legal con su respectiva casa mortuoria o ´morgue’, calculada para
servir a una población de un millón de habitantes”, así como “el Instituto de
Anatomía Patológica y Parasitología y las instalaciones que (la Facultad)
considere necesarias para la más perfecta enseñanza de las ciencias médicas”.
El edificio fue inaugurado el 5 de julio de 1908 (actualmente es sede de la
Facultad de Ciencias Económicas, conservando sobre la calle Junín un “resto
filogenético”: la Morgue Judicial). Se abre en este nuevo período, con el inicio
del siglo XX, la etapa que anunciaba el proyecto edilicio: la de la sucesiva
creación de los Institutos Universitarios de nuestra Facultad, algunos
albergados en la nueva sede y otros por fuera del mismo. Así, cumplirán
funciones que conjugaron docencia e investigación el Instituto de Anatomía
Normal y Medicina Operatoria, dirigido por Juvencio Z. Arce; el Instituto de
Fisiología, organizado y dirigido por Bernardo A. Houssay; el Instituto Modelo
de Clínica Médica, a cargo de Luis Agote; el Instituto de Psiquiatría, fundado
por iniciativa de Domingo Cabred; el Instituto de Medicina Experimental,
dirigido por Ángel H. Roffo.
Años 1944 - 2003
El actual edificio de la Facultad
La construcción del actual edificio de la Facultad de Medicina de Buenos Aires,
ubicado en la calle Paraguay, entre Junín y Uriburu, fue iniciada en el año 1937
(por ley del año 1926) y concluyó en 1944.
Nuevos edificios, en la misma manzana, permitirán luego la “independencia” de
los cursos de odontología, farmacia y bioquímica, al crearse las respectivas
facultades. A lo largo del siglo XX, la expansión de las llamadas “ciencias
médicas” no será solamente edilicia (Pabellón Costa Boero, Instituto Telémaco
Susini, Instituto de Semiología, Escuela de Salud Pública, Maternidad, Instituto
de Investigaciones Cardiológicas (actualmente Instituto Taquini, en cuya
adyacencia –hoy playa de estacionamiento sobre la calle Azcuénaga- se encontraba
el Instituto de Historia de la Medicina), sino que, a la par de la creación de
los nuevos espacios, se desarrollarán los primeros cursos de postgrado, así como
las llamadas carreras “conexas”: Kinesiología, Fonoaudiología, Nutrición,
Obstetricia, Enfermería, o cursos de la misma índole: Podología, Técnico en
Hemoterapia e Inmunohematología, Técnico Perfusionista en Cirugía Cardíaca y
Técnico Radiólogo.
Dentro del ámbito institucional de la Facultad se integran hospitales donde
desarrollan su tarea Institutos (Hospital Roffo, Instituto Lanari, Instituto
Vaccarezza). Algunos institutos, a su vez, serán albergados en hospitales de la
órbita de la Municipalidad de Buenos Aires, tales como el Rawson, Durand, etc.
Por último debe mencionarse, en el lapso de la segunda mitad del siglo XX, la
creación de institutos mixtos con el Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Técnicas (CONICET), como el Instituto de Biología y Medicina
Experimental (IBYME), el Centro de Investigaciones Bioenergéticas (CIBIERG) y
otros.
Trabajo elaborado conjuntamente por el Instituto de Historia de la Medicina (Departamento de Humanidades Médicas), la Biblioteca Central "Juan José Montes de Oca" y la Dirección General de Organización y Sistemas. http://www.fmed.uba.ar/historia/main.htm
Cabe destacar que dentro del último período de esta historia que acabamos de
leer la Universidad de Buenos Aires (U.B.A.) sufrió una herida de muerte
producida por la llamada
Noche de los bastones largos,
donde por orden del dictador genocida de
turno de nombre Ongania, las fuerzas armadas ingresaron a distintas facultades
perteneciente a la U.B.A. a
punta de ametralladoras, bastonazos y reprimiendo en forma genocida desalojaron
a todo el personal, desde las máximas autoridades, hasta todo el alumnado. Esa noche
la del 29 de julio de 1966 en la U.B.A., fue el principio del constante deterioro
y declive que
sufre la institución que lamentablemente perdura hasta la fecha. Se dice que dicha
universidad
sería la caja de caudales para el financiamiento de la Unión Cívica Radical, un
deteriorado, conservador-neoliberal y caduco partido político argentino, también responsable de
La semana Trágica
y La Patagonia Trágica.
Seguimos paseando por el barrio de Recoleta.
Y nos vamos hacia la zona coqueta y antigua del barrio. Para el lugar donde los monjes
Recoletos a principios de siglo XVIII se instalaron y pocos años después crearon
la iglesia, hoy llamada Nuestra Señora del Pilar. Y con el correr de los años se transformó en
uno de los refugios de la fiebre amarilla para las clases altas de Buenos Aires
y hoy es uno de esos lugares que no parecen pertenecer a una ciudad con tantas
falencias sociales.
Por esta zona del Barrio de Recoleta encontramos
que todo es distinto. Por ejemplo este comercio "yick" que les ofrece a los
vecinos y turistas productos que están de moda en Inglaterra. No teniendo en
cuenta que ese colonialista y despreciable imperio Británico esta usurpando a todos los
argentinos una buena porción de nuestro país, Nuestra Islas Malvinas, desde hace más de un siglo. La
gente "yick" compra igual.
Ellos para darse más importancia, a una parte geográficamente indefinida de este barrio la llaman "barrio norte", porque vivir en el norte cuenta con mucha más categoría que en el sur, en el oeste o donde fuere. Queremos contarles a nuestras lectoras/es que barrio norte no existe en el catastro de la ciudad de Buenos Aires, es sólo imaginación de la burguesía porteña, (que cabe aclarar) vienen siendo la gente "Yick". Y tampoco se si "yick" se escribe así, en verdad no se si se escribe. O como el barrio norte, sólo esta en la imaginación superficial de ellos. Pero así son los pitucos (= yick = burgueses), una mezcla de Yuyeta y de Mimi, como dice el tango.
Le decíamos que aquí todo es diferente,
encontramos sobre la avenida Quintana un Boulevard desplazado. ¿que es esto
usted se preguntará? Un Boulevard en esta ciudad por lo general es una calle
ciertamente ancha, con una plazoleta en el centro que divide ambas direcciones
del tránsito o si es de una dirección sola, la divide en dos carriles. Pero acá
no. La plazoleta esta desplazada sobre una de las veredas, como muestra la
imagen.
Veredas con sus baldosas sanas y completas, nada
de hacerlas de cemento como en el resto de los barrios.
Mucha vegetación en los espacios pertenecientes al
área municipal, y aún no llegamos a las plazas y parques, que posee el barrio,
las cuales ya visitaremos.
En el centro del barrio justamente en la
puerta de café "La Biela" encontramos esta magnifica casita donde un amable
señor de nombre Sergio, representante del Gobierno de La Ciudad de Buenos Aires
explica a propios y extraños los pasos que debe seguir un turista a la hora de
visitar este coqueto barrio.
Seguimos encontrando cosas diferentes que en el resto de la ciudad, obsérvese en la próxima imagen, que en el frente del Café La Biela, encontramos dos casetas telefónicas públicas de color rojo, que no son ni parecidas a las del resto de Buenos Aires.
Y aquí el café "La Biela" lo más.
Atrás quedó aquel barcito
de la esquina de Quintana y Roberto Ortiz al que su propietario español bautizó
La Veredita hace más de 150 años. También se lo conoció como Aero Bar
y La Pulpería del Vasco Michelena. Sin embargo, fueron los amantes de
los autos quienes bautizaron definitivamente a este bar, primero como La Biela
Fundida y luego simplemente La Biela.
Este tradicional café con muchos años de historia
fue inaugurado en el año 1850. Adopta el actual nombre en el año 1942 cuando se
convierte en el punto de reunión preferido de los aficionados al automovilismo.
Su éxito impulsó la instalación de negocios gastronómicos frente al Cementerio
de la Recoleta.
Sus paredes están decoradas con motivos relativos al automovilismo. Desde radiadores hasta antiguos faroles y fotografías de los más grandes de este deporte, como Juan Manuel Fangio. En esas sillas supieron sentarse Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Ernesto Sábato, Silvina Ocampo, Froilán González, Adolfo Bioy Casares etc.
Un lugar símbolo de toda una generación de intelectuales y protagonistas del arte pop de los años 60 y 70. Más allá de su gran salón, posee una gran terraza que data de principios de siglo XIX y espacio en la vereda con varias mesas.
Ficus macrophylla, de hojas pequeñas, con pecíolos
largos y algo pubescentes en el envés, con pelos de color rojizo. En criollo el
gomero, y este espectacular ejemplar lo encontramos a metros de la puerta de La
Biela.
Plantado entre los años 1800 y 1850 según
diferentes versiones que recogimos, en el barrio.
Esta placa realizada en una feta del mismo gomero
nos cuenta que fue en el año 1800, y el caballero del puesto de información
turística nos dijo 1850 y una tercera versión habla de 1823.
Añitos más añitos menos, en lo personal me parece
una de las joyas más bonitas de la Recoleta. En esta fotografía la sacamos
de uno cincuenta metros de dicha planta, para poder tomar completa a la hermosa copa que posee
esta, nos hace ver la magnitud de sus setenta metros de diámetro y unos quince
metros de alto.
Sus inmensas ramas deben estar sostenidas en forma artificial por esta columnas
de madera que denotan la imagen.
Antes de la remodelación de este sector y alrededor de este hermoso gomero, hasta hace unos cuarenta años se encontraba una rotonda y varias paradas de colectivos.
El viejo y gran gomero no esta sólo, lo acompañan
estos otros dos ejemplares, a unos doscientos metros, de menor porte, al parecer
un poco más jóvenes.
Retrocediendo en el tiempo y llegando a los primeros pasos de este barrio, a sus terrenos o lotes se lo denominaba "suertes" y uno de los primeros dueños de algunas de estas "suertes" fue el propio Juan de Garay. El primer vecino fundador y alcalde de este lugar fue el Dr. Rodrigo Ortíz de Zárate y según algunos datos históricos.
A principios de los años 1700, llegaron los monjes Recoletos a estos desolados
parajes costeros. (tengamos en cuenta que estamos a unos mil metros de las
costas del Río de la Plata). Y al poco tiempo se iniciaron los trámites para la
construcción de un convento para dichos monjes. Entonces un comerciante aragonés
llamado Narbona, se interesó por la construcción del mismo y además por hacer
también una iglesia. Primero, logró que le donarán los terrenos luego edificó
una gran casa. El señor Narbona hizo que la iglesia fuera dedicada a la virgen
del Pilar (como su actual nombre lo indica). En el frente del edificio como
vemos esta estampada la fecha de su fundación.
Por esas mismas épocas y debido a la instalación de un saladero y un matadero de ovejas la zona, que era de grandes quintas, se fue poblando de ranchos todo a lo largo del Río de la Plata y a veces en las crecidas de este, venían camalotes con animales como yaguaretés. En una oportunidad uno de ellos atacó a un caballo para comérselo, luego apareció frente a una pulpería llamada "Pobre Diablo" donde lo mataron a tiros. Se cuenta que el pulpero guardó la piel del felino y la mostraba a los vecinos para que se acordarán de su hazaña.
En esta imagen actual de dicha iglesia y delante de ella el paseo llamado
Chabuca Granda, inserto en la plaza que lleva el nombre de Intendente Alvear.
Por otra parte, un personaje funesto como Domingo Caballo contrato los servicios
de ésta iglesia para el casamiento de su hija, ambos debieron salir de la
ceremonia por la puerta de atrás y bajo una lluvia de piedras y huevos podridos.
El Cementerio nació junto con el
templo como campo santo. Durante el gobierno de Rivadavia el cementerio fue
expropiado y se transformó en el cementerio del Norte, y se lo comenzó a conocer
como Recoleta. Durante la epidemia de fiebre amarilla en 1871 se prohibió el
entierro de las víctimas en estos predios aunque sus familiares poseyeran
tierras reservadas en el mismo. Cuando Torcuato de Alvear fue intendente se
remodeló el cementerio, y se construyó la entrada que hoy posee.
Apropósito de esa epidemia y otra más en pocos años, muchas de las familias de la alta sociedad emigraron huyendo de ella, del hoy, casco histórico de la ciudad. En aquel momento el centro de Buenos Aires se reducía a actual San Telmo y San Nicolás (ver barrios). Entonces sus fortunas les permitieron construir grandes mansiones en derredor del cementerio y de la iglesia. Por lo cual se fue convirtiendo en el barrio de la retrograda oligarquía porteña. Y aún hoy lo sigue siendo, pero con otras competencias más modernas, como Puerto Madero, por ejemplo.
Hoy paseando por el cementerio que se convirtió en un atractivo turístico, encontramos en sus tumbas los apellidos más despreciables de nuestra historia, la mayoría de ellos responsables de la ruina y entrega de nuestra Patria. Salvo las siguiente las excepciones que le vamos a mostrar:
Manuel Dorrego Esta figura
dramática vio la luz en Buenos Aires el 11 de junio de 1787, siendo sus padres
el portugués José Antonio Dorrego y María de la Asunción Salas, porteña. Manuel
Dorrego hizo sus primeros estudios en el Colegio de San Carlos, siguiendo luego
la carrera de jurisprudencia. Llego a ser Gobernador de Buenos Aires y en el año
1828 ejerciendo ese cargo con gran honestidad y sentido patriótico fue víctima
un golpe de estado y posterior asesinato en nuestra naciente Argentina.
El fusilamiento de Dorrego.
La tropas del general Lavalle, vende patria y precursor de los conservadores lo persiguieron después de derrocarlo hasta el pueblo de Navarro y allí lo apresaron. Ya encarcelado recibió la visita del comandante Juan Elías, portador de esta orden tremenda de Lavalle: "Vaya usted e intímelo que dentro de una hora será fusilado". Dorrego se dio un golpe en la cabeza y exclamó con dolor: "¡Santo Dios!". No era el grito de quien se ve frente a la muerte, sino la voz acongojada de la patria próxima a hundirse en la guerra civil. Si lo desea puede ver su biografía completa de uno de los pocos hombres a los que se los puede llamar Patriotas, en el siguiente link: http://www.educar-argentina.com.ar/HISTORIA/BIO/d4.htm
También en este
cementerio, descansa Remedios Escalada de San martín, esposa de nuestro
Libertador, traicionado por uno de los creadores de este cementerio: Bernardino
Rivadavia.
En el mismo mausoleo y a su lado encontramos los restos de sus suegros, los
padres del Libertador General José de San Martín.
Y una replica de la
bandera que identifico el Ejercito de Los Andes y la gesta independentista de
parte América Latina.
Juan bautista Alberdi. Otro
gran hombre de nuestra historia descansa en el cementerio de la Recoleta.
Es el más alto pensador de
una generación que es, a su vez, la más reflexiva
quizá de la historia argentina hasta tiempos muy recientes. Su meditación no
sólo se vuelca en la nutrida colección de sus escritos,
se advierte en la Constitución que nos rige desde 1853, salvo el período en el
que se interrumpió la continuidad de las instituciones democráticas de la
República.
Nació el 29 de agosto de 1810. Hijo de un comerciante vizcaíno, don Salvador
Alberdi. Fervoroso admirador de
Rousseau y amante de la música, a quien el Congreso de Tucumán otorgó
la ciudadanía
argentina. El general Belgrano frecuentaba su amistad y acarició y sentó sobre
sus rodillas en
algunas ocasiones al niño. La madre. doña Josefa Aráoz,
perteneció a una conocida familia tucumana; sus
mujeres eran famosas en la
provincia por su belleza. La temprana muerte de la madre, y la del padre,
cuando Juan Bautista
contaba apenas diez años, al dejar en la soledad su infancia, envolvieron su
vida en un halo
de melancolía.
El 19 de
junio de 1884, en una sórdida casa de sanidad de Neuilly, expiró este gran
patriota, con el que desapareció uno de los más grandes escritores de América y
un pensador político de los más eminentes de su época.
Si lo desea puede leer su biografía completa de otro de los pocos hombres a los
que se los puede llamar Patriotas, en el el siguiente link:
http://www.educar-argentina.com.ar/HISTORIA/BIO/a3.htm
En la bóveda de la Familia Duarte encontramos una
placa dedicada a Eva Duarte de Perón, la famosa Evita. Esta tumba es visitada
por cientos de turistas de todo el mundo a diario. Pero le tenemos que contar un
secreto que ya es a voces, el cuerpo de Evita no se encuentra en ese lugar,
según nos mencionó una persona de la zona que nos solicitó resguardemos su
identidad.
Encontramos varias tumbas y/o bóvedas en un estado total
de abandono. Cosa que llama la atención en un cementerio que pertenece casi en
su totalidad a la oligarquía nacional. Al parecer tienen dinero para sus
ostentaciones en vida, pero no para homenajear a sus muertos.
El que no recuerda a sus muertos no ama a sus vivos. Parece ser que los pitucos sólo aman el dinero.
Lejos de las austeridad que encontramos en las tumbas de Dorrego y la familia
del general San Martin, tenemos aquí monumentos gigantes y esculturas carísimas,
las cuales pertenecen a despiadados personajes de nuestra historia, que omito
mencionar por respeto a nuestra salud visual y mental. Todos ellos de ideologías
conservadoras y por su puesto unos completos vende patria.
Salimos ya del cementerio y a unos cincuenta metros
encontramos el Centro Cultural Recoleta, el cual cumplimos con sacarle una foto
para que ustedes sepan que allí se encuentra. Si bien en su frente dice cultura,
esta es la cultura privatizada, y nosotros somos parte de la cultura popular en
este sitio, entonces no entramos. Si usted lo desea visitar esta dentro de su
libre albedrío.
En la parte de atrás de la iglesia encontramos la
foto que usted verá en todas las publicidades del barrio de la Recoleta, también
la retratamos y con poca originalidad se la mostramos.
Pero también le hacemos ver este
cartel que representa la lucha de gente humilde que trabaja en la feria
artesanal de esta plaza. A los cuales los quieren sacar de sus puestos de
trabajo desde el gobierno de la ciudad. Agosto de 2009.
Estamos a metros del cementerio y encontramos tres plazas con diferentes
nombres, está lleva el nombre de Juan XXIII y posee un monumento a Falcón.
La Plaza Francia con su majestuoso monumento donado a la
República Argentina por la colonia de ese país residente en Buenos Aires.
Y desde aquí vemos el original puente peatonal
ahora vamos a cruzar.
Ya llegamos y desde su punto más
alto estamos mirando al sur sobre la Avenida Alcorta. Y somos testigos del cruce
de miles de estudiantes que pueblan día a día las aulas de la Facultad que
tenemos en frente...
Y ahora al norte de la ciudad desde el puente.
Este imponente edificio es la
facultad de derecho, de donde salen fresquitos los abogados que defenderán
nuestros derechos ante la justicia. Mi abuelo decía: "No te metas con los
cuervos, porque te comen los ojos".
El museo Nacional de Bellas Artes lo
encontramos a metros de puente y frente a Plaza Francia. No pudimos sacar fotos
dentro de él, así que en verdad vale la pena que lo visite cuando antes...
El Museo Nacional de Bellas Artes
(MNBA) de Argentina está ubicado en la Avenida del Libertador 1473 de la Ciudad
de Buenos Aires. Ocupa actualmente la antigua Casa de Bombas, edificio
perteneciente a los establecimientos Recoleta de Obras Sanitarias de la Nación
(1870).
La primera sede del MNBA se estableció en las galerías del Bon Marché, de la
calle Florida, un edificio construido para albergar la tienda de origen francés
y donde actualmente se sitúan las Galerías Pacífico.
Eduardo Schiaffino, pintor y crítico de arte, fue su primer director. El MNBA
fue acrecentando su acervo gracias a donaciones y compras. Pronto su espacio en
el Bon Marché resultó insuficiente.
En 1909, la situación se hizo crítica. El patrimonio inicial se había
multiplicado por veinte. El Museo se trasladó entonces al Pabellón Argentino, un
edificio típico de la arquitectura de hierro y cristal construido para
representar a la Argentina en la Exposición Universal de París de 1889, erigido
en la Plaza San Martín. Las obras permanecieron allí durante dos décadas, antes
de ser instaladas en su sede definitiva de la Avenida del Libertador.
El edificio fue reformado por el arquitecto Alejandro Bustillo, quien lo adaptó
a las necesidades de un museo. Bustillo conservó el frente original y proyectó
un nuevo pórtico. En el interior la remodelación se realizó de acuerdo con un
modelo de exhibición moderno, de salas espaciosas, correctamente iluminadas y
paredes lisas con el propósito de contribuir a una lectura directa de las obras
expuestas. En su transformación, el arquitecto concibió para el MNBA un
itinerario espacial ordenado, para que el visitante disfrute de una
contemplación atractiva e instructiva.
La actual sede se inauguró el 23 de mayo de 1933, con la presencia del
Presidente de la Nación, Agustín P. Justo. La Asociación de Amigos había sido
creada el 22 de octubre de 1931.
Desde su inauguración en la sede actual, el museo fue sometido a varias
reformas. En 1961 se le adicionó un Pabellón para exhibir las muestras
temporarias.
En 1980 se inauguró en el primer piso una sala de 96 metros de largo por 16 de
ancho, que actualmente alberga la colección permanente de arte argentino del
siglo XX. Con la reciente inauguración de la Sala de Arte Precolombino Andino,
concluyó la reforma de la planta dedicada al arte argentino y del continente. En
esta planta funciona, además, el Auditorio en el que se realizan numerosas
actividades artísticas, de extensión cultural y educativa.
En 1984 finalizó la ampliación del segundo piso. Allí se encuentran la
dirección, los departamentos técnicos y administrativos y dos terrazas de
esculturas al aire libre. También en este piso se destinó, en febrero del 2004,
una sala permanente para exhibiciones fotográficas, tanto del patrimonio como
temporarias.
La Planta Baja, de 2.000 m2, está dedicada principalmente a mostrar las
colecciones de arte internacional desde la Edad Media hasta el siglo XX. Una
importante biblioteca especializada en arte, cuyo patrimonio actual es de más de
150.000 piezas, completa la planta que se proyecta sobre los parques linderos.
En la recepción, una librería artística propone a los visitantes bibliografía
actualizada mientras que la boutique de la Asociación Amigos ofrece los
catálogos de las exposiciones, reproducciones de obras y souvenirs de diseño.
Recientemente se ha incorporado el alquiler de audioguías en castellano e
inglés. A través de cómodas unidades de audio digital que los orienta y
acompaña, los visitantes pueden recorrer la muestra permanente del museo
siguiendo un orden cronológico y estético.
Salimos del imponente museo, y para ir terminando este paseo que nos dejó exhaustos:
Les mostramos esta última imagen, que encontramos
a unos doscientos metros del puente peatonal. Y es el Centro Municipal de
Exposiciones, en el cual se realizan diversas muestras y eventos culturales.
Hasta hace poco tiempo se realizaba la Feria Internacional del Libro de Buenos
Aires, en este lugar, pero quedo pequeño y sus organizadores buscaron otro
lugar.
Para terminar con este paseo tenemos que contarle que es muy particular y en verdad de poco respeto que en derredor de un cementerio se haya formado un centro de entretenimiento tan grande como sucedió en Recoleta, ya que en frente de los paredones de dicho lugar de descanso eterno, encontramos una serie de discotecas y restaurantes que son sólo para la diversión...pero como dije antes...Los Pitucos son así.
Nada más por ahora tenemos para contarle de este barrio...un saludo a nuestras lectoras/os y sigan honrándonos con sus visitas a Mire Buenos Aires.
Pta: Si algún pituco se enoja...tenga en cuenta...que es de onda.
* 2 (DOS)
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