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Mire Buenos Aires  Mire Buenos Aires  Mire Buenos Aires  Mire Buenos Aires  Mire Buenos Aires

> Envíenos su poesía de autoría propia o simplemente de cualquier poeta y lee agrade y la publicamos en esta sección

   de Mire Buenos Aires.

La luna con gatillo. De Raúl Gonzáles Tuñon.

Che. De Julio Cortázar.

La Uvas del Tiempo. De Andrés Eloy Blanco.

Credo. De Aquiles Nazoa.

Píntame angelitos negros. De Andrés Eloy Blanco.

Eche veinte centavos en la ranura. De Raúl Gonzáles Tuñon.

Dulcería. De Juan Distante.

Rayo verde. De Juan Distante.

Para leer en forma interrogativa. De Julio Cortázar.

Esta ternura. De Julio Cortázar.

Los saurios. De Beatriz Vallazza.

Otoños indecisos. De Toño Morada.

Vacías de universo. De Beatriz Vallazza.

¡Un eterno baraguá! De Teresita Capote Camacho.

 

 

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La luna con gatillo.

De Raúl Gonzáles Tuñon.

Es preciso que nos entendamos.
Yo hablo de algo seguro y de algo posible.
Seguro es que todos coman
y vivan dignamente
y es posible saber algún día
muchas cosas que hoy ignoramos.
Entonces, es necesario que esto cambie.

El carpintero ha hecho esta mesa
verdaderamente perfecta
donde se inclina la niña dorada
y el celeste padre rezonga.
Un ebanista, un albañil,
un herrero, un zapatero,
también saben lo suyo.

El minero baja a la mina,
al fondo de la estrella muerta.
El campesino siembra y siega
la estrella ya resucitada.
Todo sería maravilloso
si cada cual viviera dignamente.

Un poema no es una mesa,
ni un pan,
ni un muro,
ni una silla,
ni una bota.

Con una mesa,
con un pan,
con un muro,
con una silla,
con una bota,
no se puede cambiar el mundo.

Con una carabina,
con un libro,
eso es posible.

¿Comprendéis por qué
el poeta y el soldado
pueden ser una misma cosa?

He marchado detrás de los obreros lúcidos
y no me arrepiento.
Ellos saben lo que quieren
y yo quiero lo que ellos quieren:
la libertad, bien entendida.

El poeta es siempre poeta
pero es bueno que al fin comprenda
de una manera alegre y terrible
cuánto mejor sería para todos
que esto cambiara.

Yo los seguí
y ellos me siguieron.
¡Ahí está la cosa!

Cuando haya que lanzar la pólvora
el hombre lanzará la pólvora.
Cuando haya que lanzar el libro
el hombre lanzará el libro.
De la unión de la pólvora y el libro
puede brotar la rosa más pura.

Digo al pequeño cura
y al ateo de rebotica
y al ensayista,
al neutral,
al solemne
y al frívolo,
al notario y a la corista,
al buen enterrador,
al silencioso vecino del tercero,
a mi amiga que toca el acordeón:
-Mirad la mosca aplastada
bajo la campana de vidrio.

No quiero ser la mosca aplastada.
Tampoco tengo nada que ver con el mono.
No quiero ser abeja.
No quiero ser únicamente cigarra.
Tampoco tengo nada que ver con el mono.
Yo soy un hombre o quiero ser un verdadero hombre
y no quiero ser, jamás,
una mosca aplastada bajo la campana de vidrio.

Ni colmena, ni hormiguero,
no comparéis a los hombres
nada más que con los hombres.

Dadle al hombre todo lo que necesite.
Las pesas para pesar,
las medidas para medir,
el pan ganado altivamente,
la flor del aire,
el dolor auténtico,
la alegría sin una mancha.

Tengo derecho al vino,
al aceite, al Museo,
a la Enciclopedia Británica,
a un lugar en el ómnibus,
a un parque abandonado,
a un muelle,
a una azucena,
a salir,
a quedarme,
a bailar sobre la piel
del Último Hombre Antiguo,
con mi esqueleto nuevo,
cubierto con piel nueva
de hombre flamante.

No puedo cruzarme de brazos
e interrogar ahora al vacío.
Me rodean la indignidad
y el desprecio;
me amenazan la cárcel y el hambre.
¡No me dejaré sobornar!

No. No se puede ser libre enteramente
ni estrictamente digno ahora
cuando el chacal está a la puerta
esperando
que nuestra carne caiga, podrida.

Subiré al cielo,
le pondré gatillo a la luna
y desde arriba fusilaré al mundo,
suavemente,
para que esto cambie de una vez.

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Eche veinte centavos en la ranura.

De Raúl Gonzáles Tuñon.

 

A pesar de la sala sucia y oscura
de gentes y de lámparas luminosas,
si quiere ver la vida color de rosa
eche veinte centavos en la ranura.
¡Y no ponga los ojos en esa hermosa
que frunce de promesas la boca impura!
Eche veinte centavos en la ranura
si quiere ver la vida color de rosa.
El dolor mata amigo, la vida es dura
y ya que usted no tiene ni hogar ni esposa,

si quiere ver la vida color de rosa
eche veinte centavos en la ranura.

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Dulcería.
De Juan Distante.

El frasco que era de arropes
ahora está pleno de sosería,
por su perfil chorrean refunfuños,
presunciones,
rehusos,
hollines.

No podemos ser menos molestos
desde donde estamos
y alguna vez
deberíamos convertirnos en la memoria
del dulzor
de todos los frascos
que ya no.

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Rayo verde.

De Juan Distante.

 

En tanto amanezca
iré pensando en mis modos,
tendré tiempo de meritar tus palabras,
tus reparos,
mi higado,
mi condición de empuñar la lapicera,
el tenedor,
las visceras,
de inclinarme a recoger tu pañuelo,
de revisar mi calado.
Esperaré al paso
el mutar de la crisálida que convocamos
en cada mocedad
y cada caracola de la playa de Villa Gesell
atestará mi dilección por tí
y la albeada espuma nos instará,
me dirá algo más sobre el ataque de pánico.
No esperaré la claridad para que explique los acentos
los símbolos de tus significantes
ni a esta metonimia que me lleva.
Daré una vuelta por la cadencia del verbo
y como dices
me dejaré de engorros
al regreso de los pasos de esta retórica,
de este quimérico peñasco
que me huye,
de cada parte de mi todo
que abandona la tinta capilar
que me irrumpe.

Tal vez, cuando amanezca,
cuando ese primer rayo verde
atraviese el firmamento sobre mi ceño,
cuando tu dejes de enamorarte de Paul Celan
... empezaré de nuevo.

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¡Un eterno baraguá!

Enviado por Teresita Capote Camacho

Embajadora de Cuba en Bulgaria.

 

Era el Primero de Enero

Yo era una muchacha triste

Que sin conocer el ristre

Bordeaba el desfiladero.

 

Sin madre yo había crecido

El hambre me la llevó

Y aunque papá me arropó

Me faltaron sus latidos.

 

Afuera mucha alegría

Las multitudes gritaban

Algunos se preguntaban

Qué era lo que sucedía.

 

El cruel Batista había huido

Con sus bolsillos repletos

Dejando 20 mil muertos

Y un país ensombrecido.

 

No soportó la asonada

De una invasión a Occidente

De un Fidel en el Oriente

De un Che invicto en Santa Clara.

 

Ver a la madrastra arpía

Odiar la Revolución

Fue la mejor convicción

 De que algo noble ocurría.

 

Yo escapé de aquel infierno

Una mañana muy fría

Algo dentro me advertía

Que se acababa el invierno.

 

Vi la luz en el camino

Oí cantar al sonajero

Mi corazón prisionero

Se hizo dueño del Turquino.

 

Fue el canto del colibrí

Era un final de victoria

Una fiesta de la historia

Que comenzara el Mambí.

 

Pero entonces se iniciaba

Un combate interminable

Contra el yanqui abominable

Que rugiente amenazaba.

 

A pesar de las mentiras

De las crueles agresiones

De las viles invasiones

Cuba se mantuvo erguida.

 

Hoy brilla con mil colores

Hoy sirve al mundo de ejemplo

Convertida en ese templo

Donde se curan dolores.

 

Llega un nuevo aniversario

La multitud va orgullosa

 De esa gesta victoriosa

Que no teme al adversario.

 

Que reclama Libertad

Para esos Cinco cubanos

Esos valientes hermanos

Ejemplos de dignidad!!!!

 

Martí, desde su explanada

Observa, se  enorgullece

Fidel, como guía crece

Ante el Autor del Moncada.

 

Obama, nuevos planes gestará

La Clinton podrá recitarlos

Pero tendrá que archivarlos

Porque nunca, nunca habrá

En nuestra historia gloriosa,

En esta hazaña grandiosa

Un bochornoso Zanjón

Porque la Revolución

Ha sido, es y será

¡UN ETERNO BARAGUÁ!

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Che.

De Julio Cortázar. 29 de octubre de 1967.

 

Yo tuve un hermano.

 

No nos vimos nunca
pero no importaba.

 

Yo tuve un hermano
que iba por los montes
mientras yo dormía.
Lo quise a mi modo,
le tomé su voz
libre como el agua,
caminé de a ratos
cerca de su sombra.

No nos vimos nunca
pero no importaba,
mi hermano despierto
mientras yo dormía,
mi hermano mostrándome
detrás de la noche
su estrella elegida.

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Credo.

De Aquiles Nazoa.

>  Enviada por Juan Pedro Torres desde Venezuela.

 

"Creo en Pablo Picasso, Todopoderoso,

Creador del Cielo y de la Tierra;

creo en Charlie Chaplin,

hijo de las violetas y de los ratones,

que fue crucificado, muerto

y sepultado por el tiempo, pero que

cada día resucita en el corazón de los hombres,

creo en el amor y en el arte como vías

hacia el disfrute de la vida perdurable,

creo en el amolador que vive de fabricar

 estrellas de oro con su rueda maravillosa,

creo en la cualidad aérea del ser humano,

configurada en el recuerdo de Isadora Duncan

abatiéndose como una purísima paloma herida

bajo el cielo del mediterráneo;

creo en las monedas de chocolate

que atesoro secretamente

debajo de la almohada de mi niñez;

creo en la fábula de Orfeo,

creo en el sortilegio de la música,

yo que en las horas de mi angustia

ví al conjuro de la Pavana de Fauré,

salir liberada y radiante de la dulce Eurídice

 del infierno de mi alma,

creo en Rainer María Rilke héroe de la lucha

del hombre por la belleza, que sacrificó su vida

por el acto de cortar una rosa para una mujer,

creo en las flores que brotaron del

cadáver adolescente de Ofelia,

creo en el llanto silencioso de Aquiles frente al mar;

creo en un barco esbelto y distantísimo

que salió hace un siglo al encuentro de la aurora;

su capitán Lord Byron,

al cinto la espada de los arcángeles,

junto a sus sienes un resplandor de estrellas,

creo en el perro de Ulises,

en el gato risueño de Alicia

en el país de las maravillas,

en el loro de Robinson Crusoe,

creo en los ratoncitos

que tiraron del coche de la Cenicienta,

el beralfiro, el caballo de Rolando,

y en las abejas que laboran en su colmena

dentro del corazón de Martín Tinajero,

creo en la amistad como el invento

más bello del hombre,

creo en los poderes creadores del pueblo,

creo en la poesía y en fin,

creo en mí mismo,

puesto que sé que alguien me ama..."

volver a poesías.


Píntame angelitos negros.

De Andrés Eloy Blanco.

> Enviada por Juan Pedro Torres desde Venezuela.

 

¡Ah mundo! La Negra Juana,
¡la mano que le pasó!
Se le murió su negrito,
sí señor.

Ay, compadrito del alma,
¡tan sano que estaba el negro!
Yo no le acataba el pliegue,
yo no le acataba el hueso;
como yo me enflaquecía,
lo medía con mi cuerpo,
se me iba poniendo flaco
como yo me iba poniendo.
Se me murió mi negrito;
Dios lo tendría dispuesto;
ya lo tendrá colocao
como angelito del Cielo.

Desengáñese, comadre,
que no hay angelitos negros.
Pintor de santos de alcoba,
pintor sin tierra en el pecho,
que cuando pintas tus santos
no te acuerdas de tu pueblo,
que cuando pintas tus Vírgenes
pintas angelitos bellos,
pero nunca te acordaste
de pintar un ángel negro.

Pintor nacido en mi tierra,
con el pincel extranjero,
pintor que sigues el rumbo
de tantos pintores viejos,
aunque la Virgen sea blanca,
píntame angelitos negros.

No hay pintor que pintara
angelitos de mi pueblo.
Yo quiero angelitos blancos
con angelitos morenos.
Ángel de buena familia
no basta para mi cielo.

Si queda un pintor de santos,
si queda un pintor de cielos,
que haga el cielo de mi tierra,
con los tonos de mi pueblo,
con su ángel de perla fina,
con su ángel de medio pelo,
con sus ángeles catires,
con sus ángeles morenos,
con sus angelitos blancos,
con sus angelitos indios,
con sus angelitos negros,
que vayan comiendo mango
por las barriadas del cielo.

Si al cielo voy algún día,
tengo que hallarte en el cielo,
angelitico del diablo,
serafín cucurusero.

Si sabes pintar tu tierra,
así has de pintar tu cielo,
con su sol que tuesta blancos,
con su sol que suda negros,
porque para eso lo tienes
calientito y de los buenos.
Aunque la Virgen sea blanca,
píntame angelitos negros.

No hay una iglesia de rumbo,
no hay una iglesia de pueblo,
donde hayan dejado entrar
al cuadro angelitos negros.
Y entonces, ¿adónde van,
angelitos de mi pueblo,
zamuritos de Guaribe,
torditos de Barlovento?

Pintor que pintas tu tierra,
si quieres pintar tu cielo,
cuando pintas angelitos
acuérdate de tu pueblo
y al lado del ángel rubio
y junto al ángel trigueño,
aunque la Virgen sea blanca,
píntame angelitos negros.

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Para leer en forma interrogativa.

De Julio Cortázar.

Has visto
verdaderamente has visto
la nieve los astros los pasos afelpados de la brisa
Has tocado
de verdad has tocado
el plato el pan la cara de esa mujer que tanto amas
Has vivido
como un golpe en la frente
el instante el jadeo la caída la fuga
Has sabido
con cada poro de la piel sabido
que tus ojos tus manos tu sexo tu blando corazón
había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.

volver a poesías.


Esta ternura.

De Julio Cortázar.

Esta ternura y estas manos libres,
¿a quién darlas bajo el viento ? Tanto arroz
para la zorra, y en medio del llamado
la ansiedad de esa puerta abierta para nadie. 
Hicimos pan tan blanco
para bocas ya muertas que aceptaban
solamente una luna de colmillo, el té
frío de la vela la alba.
Tocamos instrumentos para la ciega cólera
de sombras y sombreros olvidados. Nos quedamos
con los presentes ordenados en una mesa inútil,
y fue preciso beber la sidra caliente
en la vergüenza de la medianoche.
Entonces, ¿nadie quiere esto,nadie?

volver a poesías.


Vacías de universo.
De Beatriz Vallazza.


El crepúsculo avanza
la muerte galopa
y el aire es olor húmedo de crisantemos secos.
La muerte
sobre ríos de brea
cegó puertas, ventanas
y la búsqueda desdibujada en la tiniebla
es el grito del silencio.
Otoño deshojado,
plomo y ausencia,
antorchas clausuradas:
las cunas del horror
se mecen...
vacías

volver a poesías.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Uvas del Tiempo.

Andrés Eloy Blanco.

> Enviada por Juan Pedro Torres desde Venezuela.

 

Madre: esta noche se nos muere un año.
En esta ciudad grande, todos están de fiesta;
zambombas, serenatas, gritos, ¡ah, cómo gritan!;
claro, como todos tienen su madre cerca...
¡Yo estoy tan solo, madre,
tan solo!; pero miento, que ojalá lo estuviera;
estoy con tu recuerdo, y el recuerdo es un año
pasado que se queda.
Si vieras, si escucharas este alboroto: hay hombres
vestidos de locura, con cacerolas viejas,
tambores y sartenes,
cencerros y cornetas;
el hálito canalla
de las mujeres ebrias;
el diablo, con diez latas prendidas en el rabo,
anda por esas calles inventando piruetas,
y por esta balumba en que da brincos
la gran ciudad histérica,
mi soledad y tu recuerdo, madre,
marchan como dos penas.

Esta es la noche en que todos se ponen
en los ojos la venda,
para olvidar que hay alguien cerrando un libro,
para no ver la periódica liquidación de cuentas,
donde van las partidas al Haber de la Muerte,
por lo que viene y por lo que se queda,
porque no lo sufrimos se ha perdido
y lo gozado ayer es una perdida.

Aquí es de la tradición que en esta noche,
cuando el reloj anuncia que el Año Nuevo llega,
todos los hombres coman, al compás de las horas,
las doce uvas de la Noche Vieja.
Pero aquí no se abrazan ni gritan: ¡FELIZ AÑO!,
como en los pueblos de mi tierra;
en este gozo hay menos caridad; la alegría
de cada cual va sola, y la tristeza
del que está al margen del tumulto acusa
lo inevitable de la casa ajena.

¡Oh nuestras plazas, donde van las gentes,
sin conocerse, con la buena nueva!
Las manos que se buscan con la efusión unánime
de ser hormigas de la misma cueva;
y al hombre que está solo, bajo un árbol,
le dicen cosas de honda fortaleza:
«¡Venid compadre, que las horas pasan;
pero aprendamos a pasar con ellas!»
Y el cañonazo en la Planicie,
y el himno nacional desde la iglesia,
y el amigo que viene a saludarnos:
«feliz año, señores», y los criados que llegan
a recibir en nuestros brazos
el amor de la casa buena.

Y el beso familiar a medianoche:
«La bendición, mi madre»
«Que el Señor la proteja...»
Y después, en el claro comedor, la familia
congregada para la cena,
con dos amigos íntimos, y tú, madre, a mi lado,
y mi padre, algo triste, presidiendo la mesa.
¡Madre, cómo son ácidas
las uvas de la ausencia!

¡Mi casona oriental! Aquella casa
con claustros coloniales, portón y enredaderas,
el molino de viento y los granados,
los grandes libros de la biblioteca
-mis libros preferidos: tres tomos con imágenes
que hablaban de los reinos de la Naturaleza-.
Al lado, el gran corral, donde parece
que hay dinero enterrado desde la Independencia;
el corral con guayabos y almendros,
el corral con peonías y cerezas
y el gran parral que daba todo el año
uvas más dulces que la miel de las abejas.

Bajo el parral hay un estanque;
un baño en ese estanque sabe a Grecia;
del verde artesonado, las uvas en racimos,
tan bajas, que del agua se podría cogerlas,
y mientras en los labios se desangra la uva,
los pies hacen saltar el agua fresca.

Cuando llegaba la sazón tenía
cada racimo un capuchón de tela,
para salvarlo de la gula
de las avispas negras,
y tenían entonces
una gracia invernal las uvas nuestras,
arrebujadas en sus talas blancas,
sordas a la canción de las abejas...

Y ahora, madre, que tan sólo tengo
las doce uvas de la Noche Vieja,
hoy que exprimo las uvas de los meses
sobre el recuerdo de la viña seca,
siento que toda la acidez del mundo
se está metiendo en ella,
porque tienen el ácido de lo que fue dulzura
las uvas de la ausencia.

Y ahora me pregunto:
¿Por qué razón estoy yo aquí? ¿Qué fuerza pudo
más que tu amor, que me llevaba
a la dulce anonimia de tu puerta?
¡Oh miserable vara que nos mides!
¡El Renombre, la Gloria..., pobre cosa pequeña!
¡Cuando dejé mi casa para buscar la Gloria,
cómo olvidé la Gloria que me dejaba en ella!

Y esta es la lucha ante los hombres malos
y ante las almas buenas;
yo soy un hombre a solas en busca de un camino.
¿Dónde hallaré camino mejor que la vereda
que a ti me lleva, madre; la verdad que corta
por los campos frutales, pintada de hojas secas,
siempre recién llovida,
con pájaros del trópico, con muchachas de la aldea,
hombres que dicen: «Buenos días, niño»,
y el queso que me guardas siempre para merienda?
Esa es la Gloria, madre, para un hombre
que se llamó fray Luis y era poeta.

¡Oh mi casa sin críticos, mi casa donde puede
mi poesía andar como una reina!
¿Qué sabes tú de formas y doctrinas,
de metros y de escuela?
Tú eres mi madre, que me dices siempre
que son hermosos todos mis poemas;
para ti, soy grande; cuando dices mis versos,
yo no sé si los dices o los rezas...
¡Y mientras exprimimos en las uvas del Tiempo
toda una vida absurda, la promesa
de vernos otra vez se va alargando,
y el momento de irnos está cerca,
y no pensamos que se pierde todo!
¡Por eso en esta noche, mientras pasa la fiesta
y en la última uva libo la última gota
del año que se aleja,
pienso en que tienes todavía, madre,
retazos de carbón en la cabeza,
y ojos tan bellos que por mí regaron
su clara pleamar en tus ojeras,
y manos pulcras, y esbeltez de talle,
donde hay la gracia de la espiga nueva;
que eres hermosa, madre, todavía,
y yo estoy loco por estar de vuelta,
porque tú eres la Gloria de mis años
y no quiero volver cuando estés vieja!...

Uvas del Tiempo que mi ser escancia
en el recuerdo de la viña seca,
¡cómo me pierdo, madre, en los caminos
hacia la devoción de tu vereda!
Y en esta algarabía de la ciudad borracha,
donde va mi emoción sin compañera,
mientras los hombres comen las uvas de los meses,
yo me acojo al recuerdo como un niño a una puerta.
Mi labio está bebiendo de tu seno,
que es el racimo de la parra buena,
el buen racimo que exprimí en el día
sin hora y sin reloj de mi inconsciencia.

Madre, esta noche se nos muere un año;
todos estos señores tienen su madre cerca,
y al lado mío mi tristeza muda
tiene el dolor de una muchacha muerta...
Y vino toda la acidez del mundo
a destilar sus doce gotas trémulas,
cuando cayeron sobre mi silencio
las doce uvas de la Noche Vieja.

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Los saurios.

De Beatriz Vallazza.

Caía la última línea del horizonte.
Reinaron
los saurios, gigantescos, erguidos
fijas sus pupilas en las presas inmóviles.

Y fue la oscuridad.

Sus botas marcharon
y en nuestra geografía
la muerte tuvo su aliento.
Las victimas,
sólo el hilo del sollozo magónico.

Reptiles legendarios,
voraces
desde siempre.

Aún existen
aún planean cacerías.

volver a poesías.


 Otoños indecisos.

 De Toño Morada.


Hay otoños que nacen indecisos.

Alboradas abrazadas a los ausentes, detrás de ocres que se ignoran.

Remolinos de hojas heridos por el leve susurro del paso del viento.


Entre la vida de la tierra, apenas quedan días que se echen a volar; solo pájaros desteñidos en armoniosas fugas.

Lleno de tibieza, el corazón duele entre árboles desnudos rodeado de noviembre…

y tú no estás; nunca estás habitando los grises del alma.

La soledad no duele; es el silencio de tus labios el que deja lágrimas sobre el paso del tiempo.

Entonces ocurre que dejamos de existir…
nos mimetizamos en el sueño de la melancolía, entre galernas sin mar,
y nos convertimos en náufragos sin otoño al que aferrarse.

Llenos de vacío…somos forma del frío de las cosas.

Llega la hora pagana, la hora rojiza de las palabras tristes.

Llueve sobre el corazón gotas de ingenuidad, plomo para hombros desnudos,
humanidad que solo reparte egoísmo y hastío.

Y así transcurre un tiempo no habitado sentados en la amistad de la hierba.

El duende de los bosques libados, vive en los sueños de las calles vacías,
entre las venas de la conciencia.

A la hora de la poesía, cualquier otoño indeciso… es bueno para la revolución.

Pero…tú no estás, nunca estás habitando los grises del alma.

Aprendimos a no decir nada con la más bonita de las frases, el silencio de la mirada.

Los nogales se han quedado desnudos, brillando entre las palabras;
mientras el breve, pálido otoño, muere sin una sola queja, abrazado así mismo.

PD: Diciembre se lleva el otoño, pero no su melancolía.

volver a poesías.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

           
           

 

 

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Prosas y cuentos.

> Envíenos artículos y/o prosas con o sin humor, de autoría propia o simplemente de cualquier escritor que le agrada y la

  publicamos en esta sección de Mire Buenos Aires.

 

Entre la humildad de las velas. De Toño Morala.

Me encanta el verano. De Edgardo Colombo Semino.

Eu não falo português. De Daniel Samper. Escritor y periodista colombiano.

Reportage al pene. De Daniel Samper. Escritor y periodista colombiano.

Soliloquio del solterón. De Roberto Arlt. Publicado en  Aguafuertes porteñas. Periodista y escritor argentino.

¿Quiere ser diputado? De Roberto Arlt. Publicado en Aguafuertes porteñas. Periodista y escritor argentino.

 La abeja haragana. Cuento. De Horacio Quiroga. Publicado en Cuentos de la selva. Narrador uruguayo, considerado uno de los mayores de América Latina.

 

Complicaciones idiomáticas. De Edgardo Colombo Semino.

 

La tragedia de un hombre honrado. De Roberto Arlt. Publicado en  Aguafuertes porteñas. Periodista y escritor argentino.

 

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Entre la humildad de las velas.

Dedicado a los hombres y mujeres de mala voluntad, y al silencio del que manda cortar las luces de la cultura.(Laboratorio Social de León)

Entre la humildad de las velas.

De Toño Morala.

Siempre he pensado que los cortes de luz eran cosas de dioses, hasta que la realidad jodía siempre a los mismos, o sea , a los pobres silenciados...obreros y obreras en paro, gentes de mal vivir, bohemios, músicos transgresores, literatos locos, artistas , rojos daltónicos, putas y putos...en fin...ya sabéis.

Uno, en su inacabado romanticismo, nunca pensó que a la luz de unas velas de llamas retorcidas, la magia y el duende se personaran como notarios de la emoción y la amistad.

A lo máximo que uno ha llegado, es a mirar la cara oculta de la luna entre mocos y algún cigarrillo hecho con espadañas.

Entre las uvas de luz, escuché el lamento de los Poetas humildes, los Músicos  para el alma, las sonrisas cómplices de la gente viva, la que se entrega por los otros a cambio de nada.

Y en esa razón de palabras bellas y música para oídos clandestinos, me llegaban garabatos de otro tiempo luchado, recuerdos de juventud de la lucha  por la libertad...

Ya no  caben excusas para regalar cavas de ortigas a algunos mandatarios, pero eso sí, llenos de avispas de aguijones como...pero para que no les piquen, sino para que nos llamen "chicos malos".

Casi estamos escondidos y clandestinos en nuestra propia casa; hay que medir las palabras, medir las miradas, medir las lágrimas, no sea que salpiques a alguien  y te corten la luz.

Buscando cerezas en diciembre en el árbol de las miradas limpias, encontré el escaparate perfecto para compartirlas.

Deciros que siento un especial orgullo de haberos conocido, de teneros como amigos y amigas, de teneros una inmensa admiración y respeto; pero, y lo que más admiro, es vuestra dignidad y compromiso; es la dignidad de los hombres y mujeres llenos de corazón para compartir y  repartir.

En el mío, lúgubre y cansado, tenéis un sitio para siempre.

Algún día la luna morirá, y solo los poetas silenciados irán a su entierro.

Abrazos de canela y miel.

volver a prosas y cuentos.


 

Me encanta el verano.

 

De Edgardo Colombo Semino.

 

Dedicado a Juan Pedro Torres a Carolina Parada Patiño y a la esposa de Jorge de  la estación de servicio (bomba) de Jónte y Lavallol.

 

Viene la mejor época del año en Buenos Aires, el verano, los días más largos, las plantas y árboles llenas de hojas para darnos su hermosa sombra, muchas flores y las libélulas salen a mostrarnos su bello vuelo. Las chicas se ponen poca ropa y muy sexy. Los días son calurosamente abrazadores, las noches llenas de estrellas en el cielo, y el sol, que maravilla, me broncea la piel y hasta la luna parece darme su baño con más energía. Las comidas frescas, los tomates y las verduras me reconfortan el paladar, agua fría, cerveza helada de la heladera (nevera), me refrescan.

 

Un momento del año donde me parece que nunca llega la noche, porque oscurece como a las nueve P M, y estoy deseando que baje el sol porque ya la temperatura se torna un poquito pesada, a partir de las siete de la mañana. A las doce del medio día ya mis ropas están un poco pegadas en la espalda y cuando pasa un rato más, a eso de las tres de la tarde, ni las hojas de las plantas y árboles me salvan del horno. Y si tengo que salir a media tarde termino con cuarenta y dos grados de fiebre y con antibióticos por la insolación.

 

Con las libélulas, también salen asquerosas cucarachas que se quieren tragar mi comida, y no discriminan sector de la casa para estar, entonces las puedo encontrar sobre la cama, en la mesa de noche o dentro de un vaso. Los mosquitos (zancudos) me pican y rajan; dejándome cada ronchas que me arranco hasta la piel para tratar de calmar la picazón. Y las moscas, que joden y joden.

 

Por otra parte mis testículos se comienzan a asemejar a un sapo fumando a punto de reventar, y se me arma semejante paspadura entre las piernas que los ya nombrados, terminan con la misma apariencia que la de la centadera de un mono. (Y digo sentadera para no ser grosero). Ustedes imaginen a que me refiero.

 

A las flores no le puedo descifrar ni sus colores, porque los ojos se ponen rojos y no veo ni tres montados en un burro por la irritación. Y de bajo de la sombra de un árbol hace más calor que en el mismo desierto del Sahara.

 

Las chicas se ponen sexy pero no me dan ni la hora, porque buscan hombres con un buen auto alemán con aire acondicionado. Y tengo que armarme de paciencia porque las viejas chismosas del barrio, más brutas que un arado de palo, comienzan a decir que “la calor” esta inaguantable. Agregado a esto aparece un amigo venezolano, me manda amablemente saludos caribeños resaltando lo rico que es el calor. Por su parte y mi propia esposa pone todo su énfasis en explicarme que le gusta mucho el verano. Todos hablan de “la calor”-mal dicho - o del calor y cuanto más escucho esa maldita palabra más insoportable se torna, más lo sufro y menos puedo levantar los brazos, porque duermo al que tengo a mi lado. Y ni hablar del olor a patas, me saco las zapatillas y parece una fabrica de quesos.

 

Los días son tan calurosamente abrasadores que me siento como marrano arriba de una parrilla y que dentro de un par de horas me van a comer. Por la noche es tan alta la temperatura, que tengo que salir corriendo de mi dormitorio porque la almohada y el colchón están tan calientes que se parecen a una tostadora encendida. Entonces me voy a la terraza para poder pegar un ojo, pero como los treinta grados no aflojan ni a las tres de la madrugada, me pongo a contar estrellas, y una vez aburrido de contar tantas estrellas como un idiota, ya se de memoria donde están ubicadas en el cielo, todavía con mis ojos como el dos de oro de los naipes españoles, cansado de no poder dormir, todo pegoteado de transpiración, cuando me vence el cansancio y parece que al fin se me van a cerrar los ojos, amanece. Porque en verano a las cinco de la mañana ya es de día. Y menos mal que estoy solo en la azotea, porque el olor a chivo muerto que tengo encima no se lo aguanta ni Satanás. Entonces bajo al baño para darme una buena ducha refrescante, pero resulta que del duchador sale un hilito de agua y encima caliente, porque las cañerías estuvieron todo el día anterior al sol, de repente se corta la luz, y ya ni un mísero ventilador puedo prender. Por la radio a pilas me dicen graciosamente: “hay demasiado consumo de agua y energía eléctrica por el verano”.

 

Y allí viene el sol otra vez que después de unos días, más que broncearme me deja unas ampollas que tengo que terminar en el medico para que me de una pomada para las quemaduras, y cuando me la pongo se mezcla con la transpiración y se hace una terrible pastenaca en los brazos y las piernas, que no me la saco con nada y arde como el diablo.

 

La luna cuando esta monda y serena -como por aquí se dice- está anticipando que mañana va a hacer más calor, entonces deseo que se tape con nubes bien negras y se ponga a llover, con un tornado incluido, para que enfríe un poco todo el maldito cemento y el fatídico asfalto, así puedo respirar.

 

Las comidas ni las quiero ver porque el estomago lleno, mezclado con el calor me dan ganas de vomitar. Entonces lo reviento tomando tanta agua y tanta cerveza que transpiro como caballo, al rato me paso una hora frente al inodoro para expulsar todo el líquido que tomé de más, para desesperadamente apocar la sed. Y la sed viene de nuevo y otra vez la burra al trigo.

 

Ni hablar de hacer el amor, porque termino en un lago artificial y deshidratado.

 

Por eso me encanta el verano, para pasarlo en la Antártida.

 

Dejame de joder.

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Eu não falo português.

 

 

Eu não falo português.

 

De Daniel Samper. Escritor y periodista colombiano.

 

A diferencia de la mayoría de las personas – que entienden idiomas pero no los hablan –, a mí me sucede con el portugués que lo hablo pero no lo entiendo. Es decir, aprendí la música pero me falta la letra. Y como saben que adoro a Brasil, aunque nos hayan secuestrado a Amparito Grisales, mis amigos me aconsejaban que tomara unas clases para aprenderlo como Deus manda. Yo pensé que era una tontería, pues español y portugués se parecen tanto que no era necesario tomar clases. Sin embargo, para salir de dudas, resolví preguntárselo a Norma Ramos, una buena amiga brasileña con la que me encontré cierto día en que ambos almorzábamos en una churrasquería.

– Norma: dime la verdad. Siendo el portugués un dialecto derivado del español: ¿tú crees que necesito tomar clases de portugués? – le pregunté en el mejor portugués de que fui capaz.

– Al fondo a la derecha. – me contestó Norma, y siguió comiendo.

Fue una experiencia terrible. Allí mismo decidí que no solo iba a tomar clases de portugués, sino que Norma tendría que ser mi profesora. Ella – que es puro corazón y mechas rubias – aceptó con resignación misericordiosa. Y como yo le insistiera que me hablase en portugués todo el tiempo, me dijo que desde el lunes nos sentaríamos a estudiar dentro de su escritorio. Me pareció bastante estrecho el lugar, pero llegué el lunes decidido a todo.

Yo creía que el portugués era el idioma más fácil del mundo. Pero la primera lección que saqué es que resulta peligrosísimo justamente por lo que uno cree que se trata tan solo de español deshuesado. Escritorio no quiere decir escritorio, sino oficina; en cambio, oficina quiere decir taller y talher significa cubiertos de mesa. No me atrevía a preguntar a Norma cómo se dice escritorio (nuestro tradicional escritorio de cajones y vade, en el caso de gerentes de medio pelo); pero ella, que es tan inteligente, lo adivinó en mis ojos aterrados. “Escritorio se dice escrivaninha”, observó Norma. “¿Escriba niña?”, comenté desconcertado: “Así le decimos a las secretarias”. Norma sonrió con benevolencia.

Le pedí que decretáramos un rato de descanso. “Un rato en portugués es un ratón”, respondió inflexible. “Fíjate lo que me pasa por hablar como un loro”, traté de disculparme. “Un louro en portugués es un rubio”, dijo ella. “Y rubio seguramente se dirá ‘papagayo’”, comenté yo tratando de hacer un chiste. Glacial, Norma aclaró:

– Ruivo es pelirrojo, y papagaio es loro.

– Perdóname, Norma, pero es que yo hablo mucha basura.

– Vassoura, no. Lixo. Vassoura quiere decir escoba.

– Y escoba, ¿significa…?

– Escova significa cepillo.

Era suficiente para el primer día. A la siguiente lección regresé dispuesto a cometer la menor cantidad posible de errores. Le rogué a Norma que me regalara un tinto[1], a fin de empezar con la cabeza despejada. Me lo trajo de café brasileño, a pesar de lo cual quise ser amable y dije que lo encontraba exquisito.

– No veo porque te desagrada – me contestó ella.

– Al contrario: lo encuentro exquisito – insistí yo, sin saber que ya había cometido el primer error del día.

“Esquisito quiere decir, en portugués, desagradable, extraño”, suspiró Norma. Confundido, le eché la culpa a la olla. “La panela”, corrigió Norma. “No lo noté endulzado”, comenté yo. “La panela, en portugués, es la olla”, dijo Norma. “¿Y olla no quiere decir nada?”, pregunté yo. “Olha, quiere decir mira”, contestó ella. “Supongo que tendrán alguna palabra para panela”, me atreví a decir. “Panela se dice rapadura”, sentenció Norma. No quise preguntar cómo llamaban a la raspadura. Simplemente le dije que salía un segundo al baño y solo volví una semana más tarde.

Norma estaba allí, en su escritório (¿en su panela?, ¿en su lixo?), esperándome con infinita paciencia. Siempre en portugués, le pedí perdón y le dije que me tenía tan abrumado el portugués, que ya no me acordaba de mi apellido. “De su sobrenome, dirá”, comentó ella: “apelido quiere decir apodo”. Intenté sonreír: “Trataré de no ser tan torpe”. Dijo Norma: “no exageres: torpe es infame; inábil sí es torpe”. Con este nuevo desliz se me subió la temperatura. Quise tomar un vaso de agua (“vaso es florero ­– corrigió ella –; copo es vaso y floco es copo”) y me justifiqué diciendo que el viaje hasta su escritório había sido largo, porque venía de una finca. “Comprido, no largo; fazenda, no finca”, dijo Norma. “Largo quiere decir ancho, así como salsa significa perejil y molho significa salsa”.

Me di por vencido. Acepté que el portugués era un idioma difícil y entonces sí se iluminaron los ojos a Norma. La cuestión era de orgullo. De ahí en adelante no me regañó sino que me mostró todas las diferencias que existen entre palabras homófonas de los dos idiomas. Caro se dice custoso, porque costoso quiere decir difícil; morado se dice roxo, porque rojo se dice vermelho; escenario se dice palco, porque palco se dice camarote, cadeira no es cadera, sino asiento, bilhete no es billete, sino nota; pero en cambio nota sí quiere decir billete; maluco es loco y caprichosa es limpia; distinto es distinguido y presunto es jamón.

“Pero – remató Norma – sobre todo, nunca vas a decir buseta en Brasil, porque boceta en realidad es cuca y cuca quiere decir cabeza, de manera que esta última, aunque no la puedas decir en Cuba, sí puedes mencionarla en Brasil”.

Era demasiado. Pedí permiso para no volver nunca a las clases de portugués, el idioma más difícil del mundo. Norma me preguntó por qué.

– La verdad, Norminha, estoy “mamao”…

– Mamão, no – corrigió Norma antes de que yo huyera para siempre – esgotado. Mamão quire decir papaya. Pero no vas a decirlo nunca en Cuba.

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Reportage al pene.

Reportage al pene.

De Daniel Samper Pizano. Escritor y periodista colombiano.

Cuando acudí a la cita con el pene para la primera entrevista exclusiva que concede en mucho tiempo, muy amable, como casi siempre, se paró y salió a recibirme. Durante las siguientes dos horas se mantuvo atento y dispuesto, algo poco habitual en él. He aquí mis preguntas y sus respuestas.

Portada en SoHo y Donjuán, informe especial en Carrusel, notas en numerosas revistas e incluso un documental de televisión sobre usted. ¿No lo fatiga tanta exposición pública?

Mi personalidad es más bien recatada y tímida. Procuro no hacer mucho ruido ni mucho bulto, y solo en la intimidad despliego mi personalidad sin remilgos. Por eso puedo asegurarle que me fatiga asomarme a la fama, y creo que esa fatiga a veces se nota.

Durante muchos años usted fue un tema tabú. ¿Está contento de no serlo más? En absoluto. Como tabú era más misterioso y atractivo, suscitaba más intriga y curiosidad. Ahora estoy a punto de convertirme, y perdóneme la comparación, en un trozo de carne más, como el hígado o el bazo.

¿Considera inmerecida tanta fama? En ningún caso. No vaya a pensar que estoy crecido, pero considero que mi papel es fundamental en el organismo humano. Soy lo que se denominaría un pluriempleado: tengo a mi cargo deberes de micción, de reproducción, de satisfacción sexual y de simbolismo de género.

No creo que ninguno de mis colegas, ni siquiera el corazón o la cabeza, lleven a cuestas tantas responsabilidades.

Sin embargo, dicen que la cabeza es la principal zona erógena. Mentira. Si fuera así, las peluquerías estarían prohibidas por la Iglesia. Las mujeres acuden con costosos peinados a recepciones y no pasa nada. En cambio, atrévase a exhibirme a mí en una fiesta y verá el revuelo que se arma.

Uno de los problemas que surgen con su popularidad es la manera de denominarlo. ¿Le gusta el nombre de pene? Preferiría un poco más de respeto. Don Pene, por ejemplo. Pero le confieso que odio ese nombrecito, pues no corresponde a mi personalidad cambiante y fogosa. Me gustaría haberme llamado Retruécano o Don Samaritano. Digo, por la fuerza del sonido y la longitud de la palabra. Incluso, me habría transado por que me llamaran Don Sama en estado de flacidez y el Gran Samaritano en estado de entusiasmo.

¿Le gusta el nombre de falo? Otra idiotez bisílaba. Y le ruego que no pasemos al capítulo de los nombres femeninos, algo que rechazo indignado, pues un símbolo de la virilidad no puede llevar nombre de mujer. Tampoco los apodos infantiles: pipí, por ejemplo. ¿A usted le gustaría llamarse pipí? No. Bueno, pues a mí tampoco.

Se siente bien representado por el Tino Asprilla? Le ruego que no descendamos al terreno de lo particular y lo casuístico. Yo soy un modelo, una referencia general, un arquetipo. No me queda bien, por mi posición, andar diciendo si esta o aquella representación me gustan o no.

Pero dígame al menos si considera que el tamaño es importante.¡Pero cómo no va a ser importante! El tamaño impresiona, emociona, incluso puede atemorizar. Lo que pasa es que no es lo más importante. Mire: mi talla no es lo que más me interesa, porque yo no soy un basquetbolista sino un pipí. Hay otros atributos que merecerían mayor atención.

Por ejemplo... Como en cualquier otro ser, los atributos espirituales: el cariño, la bondad, la delicadeza, la solidaridad. Y, mucha atención, la caballerosidad.

¿Por qué la caballerosidad? Pues porque un individuo educado se incorporará siempre en presencia de una dama y porque el caballero repite.

¿Qué opina de la circuncisión? La apruebo, aunque pueda resultar algo doloroso. Yo siempre he sido muy frentero, voy por la vida a pecho descubierto y rechazo toda suerte de embozos y disfraces. Mi personalidad no tiene pliegues.

¿Considera al Viagra un amigo? Como dijo el filósofo: "Agradece toda mano que ayude a levantarte".

¿Cree que el mundo está obsesionado con el sexo? Sí. A mí me gustaría que valoraran un poco más mis funciones excretoras, por ejemplo. Solo los que han sufrido cistitis, cálculos de uretra o irritaciones urinarias saben que, al lado de ellas, la disfunción eréctil es un juego de niños.

¿Algún consejo a los penes que lean esta revista? En caso de dificultades, queridos colegas, "fe y dignidad". Como en los viejos tiempos.

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Soliloquio del solterón.

Soliloquio del solterón.

De Roberto Arlt. Publicado en  Aguafuertes porteñas. Periodista y escritor argentino.

Me miro el dedo gordo del pie, y gozo. Gozo porque nadie me molesta. Igual que una tortuga, a la mañana, saco la cabeza debajo la caparazón de mis colchas y me digo, sabrosamente, moviendo el dedo gordo del pie:
–Nadie me molesta. Vivo solo, tranquilo y gordo como un archipreste glotón.
Mi camita es honesta, de una plaza y gracias. Podría usarla sin reparo ninguno el Papa o el arzobispo. A las ocho de la mañana entra a mi cuarto la patrona de la pensión, una señora gorda, sosegada y maternal. Me da dos palmaditas en la espalda y me pone junto al velador la taza de café con leche y pan con manteca. Mi patrona me respeta y considera. Mi patrona tiene un loro que dice: "¡Ajuá! ¿Te fuiste? Que te vaya bien", y el loro y la patrona me consuelan de que la vida sea ingrata para otros, que tienen mujer y, además de mujer, una caterva de hijos.
Soy dulcemente egoísta y no me parece mal. Trabajo lo indispensable para vivir, sin tener que gorrear a nadie, y soy pacífico, tímido y solitario. No creo en los hombres, y menos en las mujeres, mas esta convicción no me impide buscar a veces el trato de ellas, porque la experiencia se afina en su roce, y además no hay mujer, por mala que sea, que no nos haga indirectamente algún bien.
Me gustan las muchachitas que se ganan la vida. Son las únicas mujeres que provocan en mí un respeto extraordinario, a pesar de que no siempre son un encanto. Pero me gustan porque afirman un sentimiento de independencia, que es el sentido interior que rige mi vida.
Más me gustan todavía las mujeres que no se pintan. Las que se lavan la cara, y con el cabello húmedo, salen a la calle, causando una sensación de limpieza interior y exterior que haría que uno, sin escrúpulos de ninguna clase, les besara encantado los pies.
No me gustan los chicos, sino excepcionalmente. En todo chiquillo, casi siempre se descubren fisonómicamente los rastros de las pillerías de los padres, de manera que sólo me agradan a la distancia y cuando pienso artificialmente con el pensamiento de los demás que coinciden en decir: "¡Qué chicos, son un encanto!", aunque es mentira.
Me baño todos los días en invierno y verano. Tener el cuerpo limpio me parece que es el comienzo de la higiene mental. Personas que me conocen poco dicen que soy un cínico; en verdad, soy un hombre tímido y tranquilo, que en vez de atenerse a las apariencias busca la verdad, porque la verdad puede ser la única guía del vivir honrado.
Mucha gente ha tratado de convencerme de que formara un hogar; al final descubrí que ellos serían muy felices si pudieran no tener hogar. Como todos los seres humanos he localizado muchas mezquindades en mí y más me agradaría no tener ninguna, mas al final me he convencido que un hombre sin defectos sería inaguantable, porque jamás le daría motivo a sus prójimos para hablar mal de él, y lo único que nunca se le perdona a un hombre, es su perfección.
No tengo parientes, y como respeto la belleza y detesto la descomposición, me he inscripto en la sociedad de cremaciones para que el día que yo muera el fuego me consuma y quede de mí, como único rastro de mi limpio paso sobre la tierra, unas puras cenizas.

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¿Quiere ser diputado?

¿Quiere ser diputado?

De Roberto Arlt. Publicado en  Aguafuertes porteñas. Periodista y escritor argentino.

Si usted quiere ser diputado, no hable en favor de las remolachas, del petróleo, del trigo, del impuesto a la renta; no hable de fidelidad a la Constitución, al país; no hable de defensa del obrero, del empleado y del niño. No; si usted quiere ser diputado, exclame por todas partes:
–Soy un ladrón, he robado... he robado todo lo que he podido y siempre.


Discurso que tendría éxito: He aquí el texto del discurso:

 

"Señores:

 

"Aspiro a ser diputado, porque aspiro a robar en grande y a `acomodarme' mejor.
"Mi finalidad no es salvar al país de la ruina en la que lo han hundido las anteriores administraciones de compinches sinvergüenzas; no, señores, no es ese mi elemental propósito, sino que, íntima y ardorosamente, deseo contribuir al trabajo de saqueo con que se vacían las arcas del Estado, aspiración noble que ustedes tienen que comprender es la más intensa y efectiva que guarda el corazón de todo hombre que se presenta a candidato a diputado.

 

"Robar no es fácil, señores. Para robar se necesitan determinadas condiciones que creo no tienen mis rivales. Ante todo, se necesita ser un cínico perfecto, y yo lo soy, no lo duden, señores. En segundo término, se necesita ser un traidor, y yo también lo soy, señores. Saber venderse oportunamente, no desvergonzadamente, sino "evolutivamente". Me permito el lujo de inventar el término que será un sustitutivo de traición, sobre todo necesario en estos tiempos en que vender el país al mejor postor es un trabajo arduo e ímprobo, porque tengo entendido, caballeros, que nuestra posición, es decir, la posición del país no encuentra postor ni por un plato de lentejas en el actual momento histórico y trascendental. Y créanme, señores, yo seré un ladrón, pero antes de vender el país por un plato de lentejas, créanlo..., prefiero ser honrado. Abarquen la magnitud de mi sacrificio y se darán cuenta de que soy un perfecto candidato a diputado.

 

"Cierto es que quiero robar, pero ¿quién no quiere robar? Díganme ustedes quién es el desfachatado que en estos momentos de confusión no quiere robar. Si ese hombre honrado existe, yo me dejo crucificar. Mis camaradas también quieren robar, es cierto, pero no saben robar.

 Venderán al país por una bicoca, y eso es injusto. Yo venderé a mi patria, pero bien vendida. Ustedes saben que las arcas del Estado están enjutas, es decir, que no tienen un mal cobre para satisfacer la deuda externa; pues bien, yo remataré al país en cien mensualidades, de Ushuaia hasta el Chaco boliviano, y no sólo traficaré el Estado, sino que me acomodaré con comerciantes, con falsificadores de alimentos, con concesionarios; adquiriré armas inofensivas para el Estado, lo cual es un medio más eficaz de evitar la guerra que teniendo armas de ofensiva efectiva, pondré impuestos a las moscas y a los perros, ladrillos y adoquines... ¡Lo que no robaré yo, señores! ¿Qué es lo que no robaré?, díganme ustedes. Y si ustedes son capaces de enumerarme una sola materia en la cual yo no sea capaz de robar, renuncio "ipso facto" a mi candidatura...”

 

Con este discurso, lo matan o lo eligen presidente de la República.

 

FIN

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La abeja haragana.

 

La abeja haragana. Cuento.

De Horacio Quiroga. Narrador uruguayo, considerado uno de los mayores cuentistas latinoamericanos.

Había una vez en una colmena una abeja que no quería trabajar, es decir, recorría los árboles uno por uno para tomar el jugo de las flores; pero en vez de conservarlo para convertirlo en miel, se lo tomaba del todo.
Era, pues, una abeja haragana. Todas las mañanas, apenas el sol calentaba el aire, la abejita se asomaba a la puerta de la colmena, veía que hacía buen tiempo, se peinaba con las patas, como hacen las moscas, y echaba entonces a volar, muy contenta del lindo día. Zumbaba muerta de gusto de flor en flor, entraba en la colmena, volvía a salir, y así se lo pasaba todo el día mientras las otras abejas se mataban trabajando para llenar la colmena de miel, porque la miel es el alimento de las abejas recién nacidas.
Como las abejas son muy serias, comenzaron a disgustarse con el proceder de la hermana haragana. En la puerta de las colmenas hay siempre unas cuantas abejas que están de guardia para cuidar que no entren bichos en la colmena. Estas abejas suelen ser muy viejas, con gran experiencia de la vida y tienen el lomo pelado porque han perdido todos los pelos de rozar contra la puerta de la colmena.
Un día, pues, detuvieron a la abeja haragana cuando iba a entrar, diciéndole:
-Compañera: es necesario que trabajes, porque todas las abejas debemos trabajar.
La abejita contestó:
-Yo ando todo el día volando, y me canso mucho
-No es cuestión de que te canses mucho -respondieron-, sino de que trabajes un poco. Es la primera advertencia que te hacemos.
Y diciendo así la dejaron pasar.
Pero la abeja haragana no se corregía. De modo que a la tarde siguiente las abejas que estaban de guardia le dijeron:
-Hay que trabajar, hermana.
Y ella respondió en seguida:
-¡Uno de estos días lo voy a hacer!
-No es cuestión de que lo hagas uno de estos días le respondieron- sino mañana mismo. Acuérdate de esto.
Y la dejaron pasar.
Al anochecer siguiente se repitió la misma cosa. Antes de que le dijeran nada, la abejita exclamó:
-¡Sí, sí hermanas! ¡Ya me acuerdo de lo que he prometido!
-No es cuestión de que te acuerdes de lo prometido -le respondieron-, sino de que trabajes. Hoy es 19 de abril. Pues bien: trata de que mañana, 20, hayas traído una gota siquiera de miel. Y ahora, pasa.
Y diciendo esto, se apartaron para dejarla entrar.
Pero el 20 de abril pasó en vano como todos los demás. Con la diferencia de que al caer el sol el tiempo se descompuso y comenzó a soplar un viento frío.
La abejita haragana voló apresurada hacia su colmena, pensando en lo calentito que estaría allá dentro. Pero cuando quiso entrar, las abejas que estaban de guardia se lo impidieron.
-¡No se entra!-le dijeron fríamente.
-¡Yo quiero entrar!-clamó la abejita-. Esta es mi colmena.
-Esta es la colmena de unas pobres abejas trabajadoras -le contestaron las otras-. No hay entrada para las haraganas.
-¡Mañana sin falta voy a trabajar!-insistió la abejita.
-No hay mañana para las que no trabajan - respondieron las abejas, que saben mucha filosofía.
Y esto diciendo la empujaron afuera.
La abejita, sin saber qué hacer, voló un rato aún; pero ya la noche caía y se veía apenas. Quiso cogerse de una hoja, y cayó al suelo. Tenía el cuerpo entumecido por el aire frío, y no podía volar más.
Arrastrándose entonces por el suelo, trepando y bajando de los palitos y piedritas, que le parecían montañas, llegó a la puerta de la colmena, a tiempo que comenzaban a caer frías gotas de lluvia.
-¡Ay, mi Dios!-clamó la desamparada-. Va a llover, y me voy a morir de frío.
Y tentó entrar en la colmena.
Pero de nuevo le cerraron el paso.
-¡Perdón!-gimió la abeja-. ¡Déjenme entrar!
-Ya es tarde-le respondieron.
-¡Por favor, hermanas! ¡Tengo sueño!
-Es más tarde aún.
-¡Compañeras, por piedad! ¡Tengo frío!
-Imposible.
-¡Por última vez! ¡Me voy a morir! Entonces le dijeron:
-No, no morirás. Aprenderás en una sola noche lo que es el descanso ganado con el trabajo. Vete.
Y la echaron.
Entonces, temblando de frío, con las alas mojadas y tropezando, la abeja se arrastró, se arrastró hasta que de pronto rodó por un agujero; cayó rodando, mejor dicho, al fondo de una caverna.
Creyó que no iba a concluir nunca de bajar. Al fin llegó al fondo, y se halló bruscamente ante una víbora, una culebra verde de lomo color ladrillo, que la miraba enroscada y presta a lanzarse sobre ella.
En verdad, aquella caverna era el hueco de un árbol que habían trasplantado hacía tiempo, y que la culebra había elegido de guarida.
Las culebras comen abejas, que les gustan mucho. Por esto la abejita, al encontrarse ante su enemiga, murmuró cerrando los ojos:
-¡Adiós mi vida! Esta es la última hora que yo veo la luz.
Pero con gran sorpresa suya, la culebra no solamente no la devoró sino que le dijo:
-¿Qué tal, abejita? No has de ser muy trabajadora para estar aquí a estas horas.
Es cierto -murmuró la abejita-. No trabajo, y yo tengo la culpa.
-Siendo así-agregó la culebra, burlona-, voy a quitar del mundo a un mal bicho como tú. Te voy a comer, abeja.
La abeja, temblando, exclamó entonces:
-¡No es justo eso, no es justo! No es justo que usted me coma porque es más fuerte que yo. Los hombres saben lo que es justicia.
-¡Ah, ah!-exclamó la culebra, enroscándose ligero-. ¿Tú conoces bien a los hombres? ¿Tú crees que los hombres que les quitan la miel a ustedes, son más justos, grandísima tonta?
-No, no es por eso que nos quitan la miel -respondió la abeja.
-¿Y por qué, entonces?
-Porque son más inteligentes.
Así dijo la abejita. Pero la culebra se echo a reír, exclamando:
-¡Bueno! Con justicia o sin ella, te voy a comer; apróntate.
Y se echo atrás, para lanzarse sobre la abeja. Pero ésta exclamó:
-Usted hace eso porque es menos inteligente que yo.
-¿Yo menos inteligente que tú, mocosa?- se rió la culebra.
-Así es- afirmó la abeja.
-Pues bien- dijo la culebra-, vamos a verlo. Vamos a hacer dos pruebas. La que haga la prueba más rara, ésa gana. Si gano yo, te como.
-¿Y si gano yo?- preguntó la abejita.
-Si ganas tú -repuso su enemiga-, tienes el derecho de pasar la noche aquí, hasta que sea de día. ¿Te conviene?
-Aceptado- contestó la abeja.
La culebra se echó a reír de nuevo, porque se le había ocurrido una cosa que jamás podría hacer una abeja. Y he aquí lo que hizo:
Salió un instante afuera, tan velozmente que la abeja no tuvo tiempo de nada. Y volvió trayendo una cápsula de semillas de eucalipto, de un eucalipto que estaba al lado de la colmena y que le daba sombra.
Los muchachos hacen bailar como trompas esas cápsulas, y les llaman trompitos de eucalipto.
-Esto es lo que voy a hacer- dijo la culebra-. ¡Fíjate bien, atención!
Y arrollando vivamente la cola alrededor del trompito como un piolín la desenvolvió a toda velocidad, con tanta rapidez que el trompito quedó bailando y zumbando como un loco.
La culebra reía, y con mucha razón, porque jamás una abeja ha hecho ni podrá hacer bailar a un trompito. Pero cuando el trompito, que se había quedado dormido zumbando, como les pasa a los trompos de naranjo, cayó por fin al suelo, la abeja dijo:
-Esa prueba es muy linda, y yo nunca podré hacer eso.
-Entonces, te como -exclamó la culebra.
-¡Un momento! Yo no puedo hacer eso; pero hago una cosa que nadie hace.
-¿Qué es eso?
-Desaparecer.
-¿Cómo? -exclamó la culebra, dando un salto de sorpresa-. ¿Desaparecer sin salir de aquí?
-Sin salir de aquí.
-¿Y sin esconderte en la tierra?
-Sin esconderme en la tierra.
-Pues bien, ¡hazlo! Y si no lo haces, te como en seguida -dijo la culebra.
El caso es que mientras el trompito bailaba, la abeja había tenido tiempo de examinar la caverna y había visto una plantita que crecía allí. Era un arbustillo, casi un yuyito, con grandes hojas del tamaño de una moneda de dos centavos.
La abeja se arrimó a la plantita, teniendo cuidado de no tocarla, y dijo así:
-Ahora me toca a mí, señora Culebra. Me va a hacer el favor de darse vuelta, y contar hasta tres. Cuando diga "tres" búsqueme por todas partes, ¡ya no estaré más!
Y así pasó, en efecto. La culebra dijo rápidamente: "uno..., dos..., tres", y se volvió y abrió la boca cuan grande era, de sorpresa: allí no había nadie. Miró arriba, abajo, a todos lados, recorrió los rincones, la plantita, tanteó todo con la lengua. Inútil: la abeja había desaparecido.
La culebra comprendió entonces que si su prueba del trompito era muy buena, la prueba de la abeja era simplemente extraordinaria. ¿Qué se había hecho? ¿Dónde estaba?
Una voz que apenas se oía -la voz de la abejita- salió del medio de la cueva.
-¿No me vas a hacer nada? -dijo la voz-. ¿Puedo contar con tu juramento?
-Sí -respondió la culebra-. Te lo juro. ¿Dónde estás?
-Aquí -respondió la abejita, apareciendo súbitamente de entre una hoja cerrada de la plantita.
¿Qué había pasado? Una cosa muy sencilla: la plantita en cuestión era una sensitiva, muy común también en Buenos Aires, y que tiene la particularidad de que sus hojas se cierran al menor contacto. Solamente que esta aventura pasaba en Misiones, donde la vegetación es muy rica, y por lo tanto muy grandes las hojas de las sensitivas. De aquí que al contacto de la abeja, las hojas se cerraron, ocultando completamente al insecto.
La inteligencia de la culebra no había alcanzado nunca a darse cuenta de este fenómeno; pero la abeja lo había observado, y se aprovechaba de él para salvar su vida.
La culebra no dijo nada, pero quedó muy irritada con su derrota, tanto que la abeja pasó toda la noche recordando a su enemiga la promesa que había hecho de respetarla.
Fue una noche larga, interminable, que las dos pasaron arrimadas contra la pared mas alta de la caverna, porque la tormenta se había desencadenado, y el agua entraba como un río adentro.
Hacía mucho frío, además, y adentro reinaba la oscuridad más completa. De cuando en cuando la culebra sentía impulsos de lanzarse sobre la abeja, y ésta creía entonces llegado el término de su vida.
Nunca jamás, creyó la abejita que una noche podría ser tan fría, tan larga, tan horrible. Recordaba su vida anterior, durmiendo noche tras noche en la colmena, bien calentita, y lloraba entonces en silencio.
Cuando llegó el día, y salió el sol, porque el tiempo se había compuesto, la abejita voló y lloró otra vez en silencio ante la puerta de la colmena hecha por el esfuerzo de la familia. Las abejas de guardia la dejaron pasar sin decirle nada, porque comprendieron que la que volvía no era la paseandera haragana, sino una abeja que había hecho en sólo una noche un duro aprendizaje de la vida.
Así fue, en efecto. En adelante, ninguna como ella recogió tanto polen ni fabricó tanta miel. Y cuando el otoño llegó, y llegó también el término de sus días, tuvo aún tiempo de dar una última lección antes de morir a las jóvenes abejas que la rodeaban:
-No es nuestra inteligencia, sino nuestro trabajo quien nos hace tan fuertes. Yo usé una sola vez mi inteligencia, y fue para salvar mi vida. No habría necesitado de ese esfuerzo, si hubiera trabajado como todas. Me he cansado tanto volando de aquí para allá, como trabajando. Lo que me faltaba era la noción del deber, que adquirí aquella noche.
Trabajen, compañeras, pensando que el fin a que tienden nuestros esfuerzos -la felicidad de todos- es muy superior a la fatiga de cada uno. A esto los hombres llaman ideal, y tienen razón. No hay otra filosofía en la vida de un hombre y de una abeja.

volver a prosas y cuentos.


Complicaciones idiomáticas.

 

 

Complicaciones idiomáticas.

 

De Edgardo Colombo Semino.

 

La empresa donde trabaja mi colombiana esposa, realizó un intercambio con una homóloga brasilera. Por ende también hay intercambio de trabajadores (valga la redundancia), a cuatro de los seis brasileros que trabajan donde mi esposa, los invitamos a cenar en estos días. Poco tiempo hace que están en Buenos Aires, y todos ellos hablan un castellano considerablemente precario, mi portuñol es muy malo y el de mi señora inexistente. Así y todo conseguimos de alguna manera comunicarnos y pasarla muy bien esa noche.

 

En plena cena, por un momento la esforzada conversación se dividió, yo estaba hablando con dos de nuestros nuevos amigos brasileiros, Willian y  Marco, por su parte mi señora con Juliano y Luis. Me entero tiempo después, el porque la cosa se complicó en ese momento. A sabiendas, Juliano le pregunta a mi señora:

 

-¿Como se dice ómnibus en Colombia?

 

La colombiana le responde:

 

-los pequeños, Colectivos

 

-El pícaro Juliano, insiste:

 

-No, no, otro.

 

Mi señora:

 

-Ómnibus, los grandes.

 

-Por tercera vez Juliano le dice ¡no, otro! Buscando el colapso que encontró fácilmente gracias a la inocencia de la colombiana.

 

Mi señora responde:

 

-Buseta.

 

Para que… Juliano y Luis de pronto estallaron en una gigante carcajada.

 

La colombiana le pregunta que quiere decir buseta a ellos dos y no podían ni querían contestar, el buen pretexto era que estaban descostillándose de risa.

 

Entonces mi colombiana señora hace galas de si inocencia e interrumpiendo nuestro otro dialogo, y le pregunta a Willian:

 

-¿Que quiere decir buseta?

 

Cuando por segunda vez mi señora dijo buseta, a las risas se sumo Marcos; y Willian tuvo que esforzarse para no estallar en carcajada y poder contestar; entonces le dice -cruzándose su dedo índice en forma vertical sobre su boca:

 

-Eso no se dice…

 

Intervine, y le dije a mi señora:

 

-No se que quiere decir, pero ¡callate!

 

Todo quedó hay por un rato y eso era lo que hubiera querido que suceda Juliano para siempre, pero más tarde dijo que tenía un amigo colombiano, entonces, sólo pisó el palito.

 

Más tarde y después de varias copas de champaña y una buena comida, los acompañé a tomar el colectivo. Le pregunté a Juliano:

 

¿Decime que quiere decir buseta?

 

-Ñada, ñada.

 

Me contestó, seguramente porque tenía temor a las represarías que mi puño derecho estaba por tomar contra su nariz, pero así y todo, se seguía riendo el muy desgraciado. Entonces Willian me dice al oído:

 

-Vagina.

 

Fue a mí, al que me agarro un ataque de risa.

 

Tomaron el colectivo, no la buseta, y se fueron felices y contentos nuestros nuevos cuatro amigos brasileiros. Quedamos que nos van a invitar a comer uma feijada, “feyoada” para nosotros los porteños. Espero cumplan.

 

Esa noche antes de conciliar mi necesitado y placentero sueño, me puse a pensar:

 

Nosotros en Argentina llamamos a la vagina, concha, cachucha o cajeta, en Brasil la llaman buseta; en Colombia cuca. En argentina una cuca es el diminutivo de cucaracha, en Colombia cachucha es una gorra; o un teatro que en la ciudad de Bucaramanga se llama “La concha acústica”. Una concha también es la caparazón de distintos bichos de mar en diferentes países, y por último en Venezuela cajeta es un dulce.

 

Lejos de conciliar mi deseado sueño comencé a “sacar cuentas” ¿que es la vagina?

 

Un vehículo con seis ruedas y asientos donde se transporta toda la gente, de toda edad y sexo. Un teatro con gran acústica donde entra mucho público. Un insecto blanco y asqueroso que vive en las alcantarillas o cloacas que transmite enfermedades y cambia de color cuando sale a la superficie poniéndose casi negro. Una gorra que la tenemos siempre en la cabeza, un dulce que nos agrada saborear, o un bicho de mar siempre salado.

 

La confusión fue tal que me dormí esa noche pensando en la champaña que habíamos tomado con los brasileros. Mejor ni les cuento lo que soñé.     

volver a prosas y cuentos.


La tragedia de un hombre honrado.

 

La tragedia de un hombre honrado. (Prosa).

De Roberto Arlt (en Aguafuertes porteñas.)

Todos los días asisto a la tragedia de un hombre honrado. Este hombre honrado tiene un café que bien puede estar evaluado en treinta mil pesos o algo más. Bueno: este hombre honrado tiene una esposa honrada.
A esta esposa honrada la ha colocado a cuidar la victrola. Dicho procedimiento le ahorra los ochenta pesos mensuales que tendría que pagarle a una victrolista. Mediante este sistema, mi hombre honrado economiza, al fin del año, la respetable suma de novecientos sesenta pesos sin contar los intereses capitalizados. Al cabo de diez años tendrá ahorrados...
Pero mi hombre honrado es celoso. ¡Vaya si he comprendido que es celoso! Levantando la guardia tras la caja, vigila, no sólo la consumición que hacen sus parroquianos, sino también las miradas de éstos para su mujer. Y sufre. Sufre honradamente. A veces se pone pálido, a veces le fulguran los ojos. ¿Por qué? Porque alguno se embota más de lo debido con las regordetas pantorrillas de su cónyuge. En estas circunstancias, el hombre honrado mira para arriba, para cerciorarse si su mujer corresponde a las inflamadas ojeadas del cliente, o si se entretiene en leer una revista. Sufre. Yo veo que sufre, que sufre honradamente; que sufre olvidando en ese instante que su mujer le aporta una economía diaria de dos pesos sesenta y cinco centavos; que su legitima esposa aporta a la caja de ahorros novecientos sesenta pesos anuales. Sí, sufre. Su honrado corazón de hombre prudente en lo que atañe al dinero, se conturba y olvida de los intereses cuando algún carnicero, o cuidador de ómnibus, estudia la anatomía topográfica de su también honrada cónyuge. Pero más sufre aún cuando, el que se deleita contemplando los encantos de su esposa, es algún mozalbete robusto, con bigotitos insolentes y espaldas lo suficientemente poderosas como para poder soportar cualquier trabajo extraordinario. Entonces mi hombre honrado mira desesperadamente para arriba. Los celos que los divinos griegos inmortalizaron, le desencuadernan la economía, le tiran abajo la quietud, le socavan la alegría de ahorrarse dos pesos sesenta y cinco centavos por día; y desesperado hace rechinar los dientes y mira a su cliente como si quisiera darle tremendos mordiscones en los riñones.
Yo comprendo, sin haber hablado una sola palabra con este hombre, el problema que está encarando su alma honrada. Lo comprendo, lo interpreto, lo "manyo". Este hombre se encuentra ante un dilema hamletiano, ante el problema de la burra Balaam, ante... ¡ante el horrible problema de ahorrarse ochenta mangos mensuales! Son ochenta pesos. ¿Saben ustedes los bultos, las canastas, las jornadas de dieciocho horas que éste trabajó para ganar ochenta pesos mensuales? No; nadie se lo imagina.
De allí que lo comprendo. Al mismo tiempo quiere a su mujer. ¡Cómo no la va a querer! Pero no puede menos de hacerla trabajar, como el famoso tacaño de Anatole France no pudo menos de cortarle unas rebarbas a las monedas de oro qué le ofrecía a la Virgen: seguía fiel a su costumbre.
Y ochenta pesos son ocho billetes de a diez pesos, dieciséis de a cinco y... dieciséis billetes de a cinco pesos, son plata... son plata...
Y la prueba de que nuestro hombre es honrado, es que sufre en cuanto empiezan a mirarle a la cónyuge. Sufre visiblemente. ¿Qué hacer? ¿Renunciar a los ochenta pesos, o resignarse a una posible desilusión conyugal?
Si este hombre no fuera honrado, no le importaría que le cortejaran a su propia esposa. Más aún, se dedicaría como el célebre señor Bergeret, a soportar estoicamente su desgracia.
No; mi cafetero no tiene pasta de marido extremadamente complaciente. En él todavía late el Cid, don Juan, Calderón de la Barca y toda la honra de la raza, mezclada a la terribilísima avaricia de la gente del terruño.
Son ochenta pesos mensuales. ¡Ochenta! Nadie renuncia a ochenta pesos mensuales porque sí. El ama a su mujer; pero su amor no es incompatible con los ochenta pesos.
También ama su frente limpia de todo adorno, y también ama su comercio, la economía bien organizada, la boleta de depósito en el banco, la libreta de cheques. ¡Cómo ama el dinero este hombre honradísimo, malditamente honrado!
A veces voy a su café y me quedo una hora, dos, tres. El cree que cuando le miro a la mujer estoy pensando en ella, y está equivocado. En quien pienso es en Lenin... en Stalin... en Trotzky... Pienso con una alegría profunda y endemoniada en la cara que este hombre pondría si mañana un régimen revolucionario le dijera:
-Todo su dinero es papel mojado.

 

volver a prosas y cuentos.

 

 

 

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ariel delgado

Nuestro humilde homenaje a gran Ariel Delgado.

Tenemos mucha tristeza. El día 16 de octubre de 2009 a sus apenas 78 años su corazón le jugo una mala pasada y falleció Ariel Delgado. Ese gran periodista y locutor que contaba con la admiración de nuestra producción y que indudablemente marcó un hito en la radiofonía Argentina y Uruguaya. Aquí nuestro humilde homenaje. Encontramos tres videos que explican su forma de trabajar e informar.

 

Este es el audio de la fue la emisión de el

 programa que dirigía el  camarada Ariel Delgado

 desde Uruguay en Radio Colonia y en oportunidad

 en que en el año 1980 Adolfo Pérez Esquivel recibió el Premio Nóbel de

 la Paz por sus esfuerzos en defensa de los Derechos

 Humanos y en particular por denunciar los crímenes del terrorismo de

 Estado.>>

 

La de Ariel Delgado fue una de las voces más reconocidas de la radio y la televisión la frase que lo hizo único decía: "eh aquí más información para este boletín",

El canal Crónica televisión de Buenos Aires fue el encargado de darnos la triste noticia, donde se realizó trabajos los últimos años.

Como profesional, integró el plantel de radio del Estado (predecesora de Radio nacional) hasta 1958 cuando decidió ir a Colonia Uruguay y trabajar en esa ciudad uruguaya. Por entonces una de las emisoras más escuchadas en ese país.

 

Entre las anécdotas que más tarde contaba Ariel en un reportaje

 

Yo era "informativista" (conductor de noticieros). "Hacíamos todo, la radio era muy chica: tres habitaciones y trabajábamos muy pocos. En el informativo, por ejemplo, éramos cuatro".
 

"Fuimos subiendo la audiencia, no por mérito de uno sino porque informaba , cada vez que en la Argentina había lío las radios ponían la marchita militar y bueno, había que escuchar Colonia", explicaría Delgado para justificar el éxito de la emisora.

 

Su voz, y forma de expresarse eran fácilmente identificables. En estos videos verán cuando informó sobre el derrocamiento del presidente Arturo Frondizi en 1958 y en 1976 en el inicio de una de las épocas mas negras de Argentina.

 

Su modo de pensar políticamente hablando lo obligó al exilio en Europa durante la dictadura de genocida Videla.

 

Ya a su regreso a Argentina, trabajó en diversas radios: Belgrano, América, Splendid y Argentina; escribió para el Diario de las Madres de Plaza de Mayo y entre 1993 y 1995 se desempeño como secretario de redacción del diario Crónica. En el mismo año, fue el locutor de la señal de noticias Crónica TV.

Valla nuestro reconocimiento y recuerdo para este gran trabajador y profesional de la radio en épocas tremendamente difíciles para un ser inteligente.

 

> Siempre habrá informaciones para tu boletín... querido

 

    compañero Ariel Delgado.

 

La producción de Mire Buenos Aires.

 

 

 

 

 

 

 
 

 

 

 

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Fontanarrosa

El negro Fontanarrosa es parte de mi vida desde que tengo uso de razón. Sus dibujos y chistes son parte de libros en mi biblioteca personal o del los periódicos que leí a lo largo de casi cuarenta años. Y resulta que hoy no esta más. Ya se que todos nos vamos a morir, pero puta madre, siempre se van los que sirven, primero. Hace un tiempo el querido "Loco  Castelo", hoy Fontanarrosa, y hay muchos impresentables que tienen una montaña de años y allí están aun respirando y lo peor haciendo daño a la humanidad. Sería justo el de premiar con vida más larga a los que aportan el bien y no a los dinosaurios, ¿verdad?.

l Caricaturas l Fuente Página 12 l

Estoy verdaderamente triste pero al negro no lo voy a homenajear con ese sentimiento. Si no con el humor que me regalo durante toda mi vida. Y así lo recordare por siempre.

-Resulta que me llego la hora y me morí, cague fuego como decimos los porteños en Buenos Aires.

Después del aburrido y mal oliente velatorio. Porque entre el olor a flores encerradas y lo que yo largaba...un asco. Miraba a los visitantes y pensaba:

 Lo que se tienen que aguantar pa´venir a darme el último adiós. A cuantos difuntos fui a ver y la baranda todavía la tengo metida en mis narices.

Más tarde mis cenizas fueron a dar (por expreso pedido mío) a la cancha de boca, pero antes me escape y me di una vuelta por el cielo para visitar a Fontanarrosa.

Cuando llegue estaba por alguna nube dibujando la silueta de una angelita que estaba muy buena.

-Che negro (lo interrumpí) Se dio vuelta y con su sonrisa picara me dijo:

-A vos también te toco...

-Si negro nadie es eterno

-Ahora vas a estar más tranquilo grandote. (me contesto)

-Negro pasaba a saludarte y a agradecerte por tantas sonrisas que me hiciste hacer en mi vida.

- De nada, de nada.....

-Sigo viaje ni se donde voy.

-Ah negro te traigo una buena noticia....

- ¿Que paso?

- Menem, ¿te acordas? el innombrable, lo mandaron pa´l infierno.

- Por lo menos por estas nubes se hace justicia... gracias por la buena nueva grandote.

- Chau negro querido y otra vez ¡¡¡ gracias por todo!!!.

Edgardo Colombo


                                                                                                 La triste noticia desde la fuente informativa
E

19 de Julio de 2007 18:01 - EL DIA QUE EL HUMOR DEJO DE REÍR

l Fuente Télam l

Murió Fontanarrosa

El dibujante rosarino murió hoy a los 62 años. A través de innumerables personajes, como Inodoro Pereyra y su inseparable amigo Mendieta, divirtió a generaciones. Padecía de esclerosis múltiple.

  El humorista y escritor Roberto Fontanarrosa murió hoy en Rosario, la ciudad en que vivía.

Aquejado por una grave enfermedad que en los últimos meses lo había obligado a dejar de dibujar, el artista murió a los 62 años, confirmaron fuentes de su entorno familiar.

Según fuentes del Sanatorio Centro de Rosario, Fontanarrosa ingresó poco antes de las 14 de hoy con un cuadro de insuficiencia respiratoria severa, por lo que se iniciaron maniobras de soporte habituales, tras lo cual falleció cerca de las 15, informa en su versión web el diario La Capital, de esa ciudad.

Hace 4 años los médicos le habían diagnosticado esclerosis lateral amiotrófica, enfermedad neurológica que lo llevó a movilizarse en silla de ruedas desde mediados de 2005.

En enero de este año, mediante una carta en la revista Viva del diario Clarín, anunció que dejaba de dibujar sus historietas ante la imposibilidad de controlar su mano derecha a causa de la enfermedad. También aclaró que seguiría escribiendo los guiones de sus personajes.

Sus restos serán velados en la Cochería Bassi, ubicada en Salta 3070, de Rosario. Según algunas fuentes, la intendencia de esa ciudad santafesina habría ofrecido realizar el velatorio en el Palacio Municipal, pero la familia resolvió que sea en esa cochería.


 

 

 

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20 de Setiembre día del jubilado en Argentina: Nuestro humilde homenaje:

" A  n u e s t r o s   v i e j o s   q u e r i d o s "

Día de jubilado argentino

El 20 de setiembre es el Día del Jubilado Argentino, porque en 1904, se sancionó la ley 4349, primera ley argentina de jubilación, correspondiente a los trabajadores estatales.

Han transcurrido más de cien años de este reconocimiento al derecho a la jubilación a un sector de los trabajadores argentinos, que significó un importante avance en nuestra legislación social y protección a la vejez y las distintas contingencias de la vida laboral, pero la inequidad y discriminación no cesan.

 

Homenaje de Mire Buenos Aires

" A  n u e s t r o s   v i e j o s   q u e r i d o s "

 

                                                         Nosotros: nacimos en la década del 40 o antes del siglo XX

                                                                                                   " Somos  Los sobrevivientes"

Consideren los cambios que hemos vivido:

                                                                      Nosotros nacimos antes de la televisión, antes que la penicilina, antes que la vacuna anti-polio, las comidas congeladas, los aviones yet, las copiadoras Xerox, los plasticos y las lentes de contacto, al fax, los cierres velcro y las píldoras anti-conceptivas.

                                                                      Somos anteriores al radar, las tarjetas de crédito, las computadoras, internet, la fusión y fisión de átomo o bombas atómicas, los rayos láser, y el bolígrafo.

                                                                      Somos anteriores a la medibacha, los lavarropas, las microondas, los secarropas y las frazadas eléctricas, los acondicionadores de aire, la ropa Lavi-listo, y la caminata del hombre a la luna. Nosotros primero nos casábamos y después íbamos a vivir juntos. En nuestro tiempo los muebles eran muebles y no hoteles de rotación rápida. Las conejas eran animalitos y no chicas de Playboy. Los blue Jean eran azules y eran ropa de trabajo, no envases de glúteos de todos los colores. Tener relaciones era llevarse bien con los parientes, la dieta era algo para enfermos y el ayuno parte de semana santa.

                                                                     Somos anteriores a los maridos "amas de casa", a los derechos y casamientos de los homosexuales, las parejas elegidas por computadora, cereras universitarias dobles, trabajos de doce horas, consultoras, medicinas prepagas, hogares de ancianos y/o geriátricos y terapias de grupo.

                                                                     Jamás oímos hablar de medios, F M, pasacasetes, C D, M P 3, Play Station o D V D, procesadores de palabras, corazones artificiales, bebes de probeta, yogurt con frutas, varones con aritos, modas fashion.

                                                                     Para nosotros tiempo compartido era estar con la novia o novio juntitos, trucha era un pescado, un programa era una mina y la palabra software no existía. Copar era un termino militar y made in Japan era una basura. Mc Donals y café instantáneo, tampoco existían, pero teníamos el boliche de la vuelta, el bife vuelta y vuelta y el corrado (almacén) del gallego  de la esquina.

                                                                     Nosotros llegamos a la sociedad cuando se podía comprar algo por 5 o 10 centavos y se comía flor de helado, sin sabores artificiales, sin colorantes ni sabores artificiales. Se andaba largos trechos en tranvía, se compraba una Bilz y se mandaba una carta o dos postales. Se compraba un auto nuevo por 3500 pesos y la nafta costaba 20 gitas el litro.

                                                                    En nuestro días fumar estaba de moda para los hombres. la hierba era pasto y los ravioles la comida de los domingos. La coca una cosa nueva que quería competir con la Bidu y la música era algo que se podía silbar bajito. Un bailable era algo lento para "chapar" y SIDA era un tipo resfriado pidiendo sidra.

                                                                      Pero tenemos que enfrentarnos al presente. Somos la última generación que creyó que hacia falta un marido para tener hijo. Como para no estar confundidos y hablar de la brecha generacional. "Maleducado" era lo peor que se le podía decir a alguien, hoy hemos aprendido que boludo es un nombre genérico.

Pero sobrevivimos, así que celebrémoslo.

Anónimo                                                  


Feliz 20 se setiembre y todos los días son vuestros días "viejos queridos".

Vamos a tratarlos con más amor y a comprenderlos más..... gracias.

Edgardo Colombo.

Che viejos son los trapos.............

 

 

 

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 11 de diciembre día del tango: Su historia y origen:

 

 Once de diciembre día del tango: Su historia y origen:

El señor Ben Molar impulsó la instauración del 'Día Nacional del Tango', que se festeja en todo el mundo cada 11 de diciembre, en conmemoración a las fechas de nacimiento de los creadores de dos vertientes del tango: "La Voz" (Carlos Gardel, el zorzal criollo, ídolo y figura representativa del tango, nacido el 11 de diciembre de 1890) y "La Música" (Julio De Caro, gran director de orquesta y renovador del género, nacido el 11 de diciembre de 1899).

Esta fecha nació de un modo más que especial. Era una noche de 1965. Ben Molar estaba parado en la esquina del tango, esquina que, según sus palabras, "es la que mis amigos Francisco Pacránico y Celedonio Flores hicieron que se llamara Corrientes y Esmeralda...". Iba camino de la casa de Julio De Caro para festejar su cumpleaños cuando le surgió la gran idea: asoció la fecha de nacimiento de De Caro con la de Carlos Gardel. Cayó en la cuenta de que, además de ser las dos grandes vertientes, eran los dos grandes creadores nacionales.

Presentó entonces la propuesta al Secretario de Cultura de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, Ricardo T. Freixá, quien le pidió la conformidad de las entidades artísticas. Ben Molar consiguió así la conformidad de Sadaic, Argentores, Sade, Casa del Teatro, Sindicato Argentino de Músicos, Unión Argentina de Artistas de Variedades, Academia Porteña del Lunfardo, Radio Rivadavia, Fundación Banco Mercantil, La Gardeliana, Asociación Argentina de Actores y Asociación Amigos de la Calle Corrientes.

Once años más tarde, después de mucho recorrer y de observar cómo sus pedidos quedaban en cajones oficiales, amenazó cordialmente al Secretario de Cultura de la Municipalidad de Buenos Aires, Ricardo Freixa, con hacer una gran movilización radial, televisiva y gráfica anunciando la organización de un festival monstruo en el Luna Park en apoyo del 'Día del Tango'. Así, junto con una delegación de la Asociación Amigos de la Calle Corrientes, le pidió a Tito Lectoure el Luna Park para el 11 de diciembre.

A las dos horas del ultimátum se produjo el milagro: la promulgación del decreto anhelado durante tantos años. Así, el 29 de noviembre de 1977 Ben Molar recibió la noticia de que había sido firmado el Decreto Nº 5830/77 de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires.

El 11 de diciembre el festival se realizó con la presencia enfervorizada de espectadores que celebraron el anuncio de ese merecido 'Día del Tango' y vivaron de pie a sus máximos ídolos. Estuvieron presentes los más grandes músicos, orquestas, cantantes, animadores, locutores, periodistas y personalidades vinculadas con el tango. Esa noche, Julio De Caro recibió muy emocionado en el escenario el aplauso de unas 15 mil personas que cantaron su cumpleaños.

Sin embargo, para Ben Molar esto no fue suficiente: se propuso llevar las cosas a nivel nacional. El 23 de diciembre de ese año, a pedido del Secretario de Estado de Cultura de la Nación, Doctor Raúl Alberto Casal, organizó una despedida tanguera de ese año 1977 en el Teatro Nacional Cervantes. Pero, a cambio, Ben Molar le pidió la aprobación del decreto a nivel nacional. En el Cervantes actuaron entonces grandes intérpretes, orquestas, cantantes y animadores y, además, se dio lectura al Decreto Nº 3781/77 del 19 de diciembre de 1977, en el que quedó establecido el 'Día Nacional del Tango' para todos los 11 de diciembre.

Pequeña reseña de su Biografía:

  Este luchador infatigable de la música popular, nacido en 1915, vive en Montevideo y Corrientes, una zona hasta hace no tanto tiempo de cafés y encuentros tangueros. Fue el creador del 'Día Nacional del Tango'. Su interés y pasión por este género lo llevaron a convertirse en Académico de la Academia Nacional del Tango, Académico de la Academia Porteña del Lunfardo, Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires, Miembro de la Comisión Directiva de las Escuelas Tecnológicas ORT, Miembro de la Comisión Directiva del Instituto Cultural Argentino-Israelita, Presidente Honorario de la Asociación Gardeliana Argentina y Miembro de la Comisión Directiva de la Asociación Amigos de la Calle Corrientes.

Por su iniciativa, se colocaron en 40 esquinas de la calle Corrientes placas de bronce con el nombre de reconocidas figuras del tango, como Libertad Lamarque, Mariano Mores, Enrique Cadícamo, Horacio Salgán, Tania, Tita Merello y Raúl Lavié.

Una de sus obras más importantes fue la muestra y el disco que creó y produjo: el histórico "14 con el Tango". Allí incluyó a 42 personajes del más alto nivel de la literatura, de la música y de la pintura, entre ellos: Jorge Luis Borges, Ernesto Sabato, Florencio Escardó, Aníbal Troilo, Juan D'Arienzo, Astor Piazzolla, Raúl Soldi, Raquel Forner y Carlos Cañás.

Es además autor de canciones populares, como "Final", grabada por famosos cantantes; de canciones de comedias musicales, como "Paren el mundo... quiero bajar", "Mame", "Dos Virginias para un Pablo" y "Te casarás Gaspar"; de versiones en español de canciones de Los Beatles, Paul Anka, Elvis Presley, Bill Halley, Chubby Cheker; de "Noche de paz, noche de amor" y "Replican las campanas" y, también, autor de canciones incluidas en películas.

"Ben Molar es un personaje casi mitológico del Buenos Aires porteño. Si bien fue famoso desde joven por la repercusión de sus boleros, fue el tango la herramienta que le permitió ser uno de los animadores más activos de la historia del mundo de la música ciudadana. Cultor por sobre todo de las grandes conversaciones y de las amistades que cultivó con nombres de resonancia como Julio De Caro, Aníbal Troilo, Enrique Cadícamo, Tita Merello y otros. Creador de la muestra '14 con el tango' que fue la primera expresión interdisciplinaria que congregó a escritores de la talla de Jorge Luis Borges, músicos como Pichuco y pintores de la altura de Raúl Soldi."
(El Tangauta, año 2, número 23, Entrevista: "El tango es una necesidad, Ben Molar")

Fuente: www.me.gov.ar/efeme/diatango/molar.html

 

 

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L e t r a s   d e   t a n g o

Mire Buenos Aires  Mire Buenos Aires  Mire Buenos Aires  Mire Buenos Aires  Mire Buenos Aires

A lo largo de los años, el Tango dio lugar a centenares de bellas melodías con letras memorables, pero así también a que los poetas se inspiraran en la inmensa diversidad de temas para crear obras, focalizando la esencia del Tango en su composición en vez de su música.
Debemos destacar, que muchas de estas poesías son verdaderas obras de arte que, si tuvieran una buena música, se convertirían en clásicos del género. Pero lo bueno es saber que el Tango no sólo es música y danza, sino un arte completo.
 
Vale aclarar que las en letras de tango se utilizan muchas palabras que pertenecen al dialecto "Lunfardo" nacido en la ciudad de Buenos Aires a principio del Siglo XX. Entonces algunos de estos vocablos no pertenecen al castellano y otros escritos en la misma forma de su pronunciación, parecerán como con faltas de ortografía pero no lo son.
 
Ver en este sitio > inicio > Idiosincrasia-música-cultura > Lunfardo.

  Tangos dedicados a Buenos Aires                Tangos varios

 

 

 

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Tangos dedicados a Buenos Aires 

Mire Buenos Aires  Mire Buenos Aires  Mire Buenos Aires  Mire Buenos Aires  Mire Buenos Aires

 

 Mi Buenos Aires Querido - Buenos Aires

  

Buenos Aires 3000 - Buenos Aires conoce

Buenos Aires, vos y yo - Buenos Aires es una papa

 

Gracias Buenos Aires -  Balada para un loco

Barrio pobre -  El corazón al sur

 

A mi ? dejame mi barrio -  Aquella cantina de la rivera

Almagro - Aquella Reina del Plata  

 

Bailando en Buenos Aires - Barrio de Tango

Barrio del Abasto - Aquí estoy de vuelta Buenos aires

 

La canción de Buenos aires - Lejana tierra mía

volver a letras de tango

 

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Mi Buenos Aires Querido

Mi Buenos Aires querido,
cuando yo te vuelva a ver
no habrá más penas ni olvidos.

El farolito de la calle en que nací
fue centinela de mis promesas de amor;
bajo su quieta lucecita yo la vi 
a mi pebeta luminosa como un sol.
Hoy, que la suerte quiere que te vuelva a ver,
ciudad porteña de mi único querer,
y oigo la queja de un bandoneón, 
dentro del pecho pide rienda el corazón.

Mi Buenos Aires,
tierra querida.
donde mi vida terminaré.
bajo tu amparo
no hay desengaños,
vuelan los años,
se olvida el dolor...
En caravana
los recuerdos pasan
con una estela
dulce emoción.
Quiero que sepas
que al evocarte
se van las penas
del corazón.

La ventanita de mi calle de arrabal,
donde sonríe una muchachita en flor,
quiero de nuevo yo volver a contemplar
aquellos ojos que acarician al mirar.

En la cortada más maleva una canción
dice su ruego de coraje y de pasión.
Una promesa y un suspirar
borró una lágrima de pena aquel cantar.

Mi Buenos Aires querido,
cuando yo te vuelva a ver
no habrá más penas ni olvido.

 Letra: Alfredo Lepera 
 
Música: Carlos Gardel 1934

Buenos Aires

Buenos Aires, la Reina del Plata,
Buenos Aires, mi tierra querida,
escuchá mi canción
que con ella va mi vida.

En mis horas de fiebre y orgía,
harto ya de placer y locura,
en ti pienso patria mía
para calmar mi amargura.

Noches porteñas, bajo tu manto
dichas y llanto muy juntos van.
Risas y besos, farra corrida,
todo se olvida con el champán.

Y a la salida de la milonga
se oye una nena pidiendo pan,
por algo es que en el gotán
siempre solloza una pena.

Y al compás rezongón de los fuelles
una bacán a su mina la embrolla.
Y el llorar del violín va
pintando el alma criolla.

Buenos Aires, cual a una querida,
si estás lejos mejor hay que amarte.

Y decir toda la vida : 
antes morir que olvidarte.

Y decir toda la vida : 
antes morir que olvidarte

 

 Letra: Manuel Romero
 
Música : Manuel Jovés  1923

 

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Buenos Aires 3000

Si yo tuviera la bola de cristal, si fuera Fu Manchu o brujo medieval,

tal vez pudiera pensar en la ilusión
de verte palpitar con otro corazón.
 
De rascacielos un bosque te pobló
y en la galaxia tu nombre resonó.
Te quiero imaginar de frente y de perfil,
mi Buenos Aires del año 3000.
 
Baires 3000, que será de los dos?
Yo, solo ayer. Vos, un grito hacia el sol.
Tendrás alguna cita en la Luna,
y un colectivo a Marte llegará
Baires 3000, si has perdido el color;
Baires 3000, si olvidaste el amor,
surgirá del fango el profundo tango
que hasta en las estrellas tu nombre dirá.
 
Tal vez te quieran dictar un porvenir
de frío y de cristal, mecánico y febril.
Tal vez entonces no puedas conjugar,
a puro corazón, los verbos ser y amar.
No pierdas nunca tu rostro ni la fe,
ni la ternura del íntimo café.
No dejes apagar el sol de la amistad,
mi muy querida, futura ciudad.

 Letra: León Benarós
 Música: Sebastian Piana

Buenos Aires conoce

Buenos Aires conoce mi aturdida ginebra.
El silbido más mío, mi gastado camino...
Buenos Aires recuerda mi ventana despierta.
Mis bolsillos vacíos, mi esperanza de a pie.
Buenos Aires conoce mi mujer y mi noche.
Mi café y mi cigarrillo, mi comida y mi diario.
Buenos Aires me tiene apretado a su nombre.
Atrapado en sus calles, ambulando su piel

Refugio de mis largas madrugadas.
Abrigo de mis versos y de mi sino
Su cielo de gorrión, su luna triste
Son cosas que también viven conmigo
Esquina de las cuadras de mi vida
Guarida de mis sueños más absurdos
Embarcadero gris de mi ambición de luz
Secreta latitud de mi canción.

Inventos del misterio, bandoneón gigantesco
Buenos Aires escucha mi silencio y mi lucha 
Él recuerda conmigo las monedas azules
y me presta el olvido de su ir y venir
Sus gorriones sin techo, su cintura de rió
Son también algo mío, yo también los respiro 
Buenos Aires es un duende, una copa de vino 
Ese amigo sin nombre que se encuentra al azar

 Letra y música: Rubén Garello 1977

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Buenos Aires, vos y yo

Aunque me de la espalda el cemento,
me mire transcurrir indiferente,
es ésta mi ciudad... ¡Esta es mi gente!
Y es el lugar donde morir me siento.

¡Buenos Aires!...
Para el alma mía no habrá geografía
mejor que el paisaje...
de tus calles,
donde día a día me gasto los miedos,
las suelas y el traje...

No podría vivir con orgullo,
mirando otro cielo que no fuera el tuyo,
porque aquí me duele un tango
y el calor de alguna mano.
¡Y me cuesta tanto el mango que me gano!
Porque soy como vos,
que se niega o se da:
¡Te proclamo, Buenos Aires, mi ciudad!...

Aunque me des la espalda de cemento,
me mires transcurrir indiferente:
Te quiero... Buenos Aires y a tu gente.
Y entre tu gente moriré contento, contento,
porque soy como vos,
que se niega o se da:
¡Te proclamo, Buenos Aires, mi ciudad!...

 Letra y música: Eladia Blázquez 1967

 Buenos Aires es una papa

Cuando me embarqué hacia la Argentina 
yo era, para mis padres, la pequeña Titine.
Ahora, vea usted, es gracioso, no entiendo nada:
todo el mundo aquí me llama La Porotá.
Para decir hablar, ahora digo Chamigo.
en lugar de decir un franco, digo un grillo
A mi novio lo llamo un gran bacán.
¡Oh, Buenos Aires, señores, es asombroso!

Es asombroso
cómo cambiamos.
Aquí el amor
es el metejón.
Es asombroso
y sin embargo 
en Argentina
se dice así.

Aprendí esta lengua en apenas una semana
y ellos sin embargo, me cambiaron, es triste.
Para decir la cama, digo la catrera,
para decir salir, hay que decir espiantá.
Al pan sobre la mesa lo llamo marroco;
cuando tengo dolor de cabeza, me duele el coco.
Digo la guita en lugar de dinero...
¡Oh, Buenos Aires, señores, es asombroso!.

 Letra: Camilo Darthés
 Música: Enrique Delfino 1928

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Gracias Buenos Aires

Gracias Buenos Aires
muchas gracias hija de la aristocracia
tiene un taita de arrabal
mezcla del percal y de la seda
y de gente que se
riega con moscato y con champán.
Gracias por los tiempos Buenos Aires
cuando Newbery a un compadre
lo hizo bolsa por K.O.
Junto al Cachafaz haciendo un ocho
mientras cantaba allá en Mau Mau.

Gracias por Florida y Santa Fe.
Gracias por el Maipo y el Colón.
Gracias por Corrientes y Esmeralda
y el pucherito de falda
que me morfé en El Tropezón.
Gracias Buenos Aires por Sandrini,
el genial Parravicini, Pepe Arias y Kaplán.
Gracias por Rosita, por la Tita por la Copa,
por la Roca y por La Negra Bozán.
Gracias por la barra de la Biela,
el Aguilucho, Quinquela,
y la hinchada de Gavión.

Gracias por mostrarme en la cortada
a gorrotes y a trompadas,
a Gatica con Monzón.
Gracias por los versos de gorriego,
por los cuentos de Gallegos,
Costanera y choripán.
Gracias por Rivero y por Piazzolla,
el Polaco, Juego a Piola y el Pulpo solo nomás.
Gracias por Menotti y por la copa
por River, por Boca por un tonito de sol.
Gracias la tribuna se emocióna
porque juega Maradona y Muñoz le canta el gol.

Gracias por Pérez, los García
por todos lo de la guía
que quisiera recordar.
Pinky, Yo, la viuda y el guerrero
y el montón de garroneros
que almuerzan con la Legrand.
Gracias Buenos Aires muchas gracias
yo soy parte de tu pueblo
yo te debo lo que soy.
Gracias por dejarme ser dueño
de los 100 barrios porteños
que Castillo te cantó.

Gracias por Leloir y por Gardel,
Gracias por Discépolo y Houssay
Gracias por esa mesa de truco
donde Borges y Pichuco se jugaron un ayer.


 Letra: Hugo Casares
 Música: Raúl Lavié  1980

Balada para un loco

(Recitado)
Las tardecitas de Buenos Aires tiene ese "que sé yo", ¿viste?.
Salís de tu casa, por Arenales; lo de siempre, en la calle y en vos...
Cuando de repente, de atrás de un árbol, me aparezco yo... 
Mezcla rara de penúltimo linyera y de primer polizón en el viaje a venus: 
medio melón en la cabeza, las rayas de la camisa pintadas en la piel 
y una banderita de taxi libre levantada en cada mano. 
¡Té reís...! Pero sólo vos me ves, porque los maniquíes me guiñan, 
los semáforos me dan tres luces celestes 
y las naranjas del frutero de esquina me tiran azahares... 
¡Vení...!
 Que así, medio bailando y medio volando, me saco el melón para saludarte, 
te regalo una banderita y te digo:

Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao..
¿No ves que va la luna rodando por Callao,
que un coro de astronautas y niños, con un vals,
me bailan alrededor? ¡Bailá, vení! ¡Volá!
Yo sé que estoy piantao, piantao, piantao...
Yo miro a Buenos Aires del nido de un gorrión,
y a vos te vi tan triste...¡Vení, volá! ¡Sentí!
¡Loco, loco, loco...!
Cuando anochezca en tu porteña soledad,
por la ribera de tu sábana vendré
con un poema y un trombón
a desvelarte el corazón.
¡Loco, loco, loco..!
Como un acróbata demente saltaré
sobre el abismo de tu escote, hasta sentir
que enloquecí tu corazón de libertad.
¡Ya vas a ver!

(Recitado)
Salgamos a volar, querida mía;
subite a mi ilusión supersport
y vamos a correr por las cornisas
con una golondrina en el motor,
De Vieytes nos aplauden: ¡viva, viva!
los locos que inventaron el amor,
y un ángel y un soldado y una niña 
nos dan un valsecito bailador...
Nos sale a saludar la gente linda;
y un loco, pero tuyo, ¡qué sé yo!,
provoco campanarios con la risa
y al fin te miro y canto a media voz:

Quereme así piantao, piantao, piantao...
Abrite los amores, que vamos a intentar
la mágica locura total de revivir...
¡Vení, volá! ¡Vení! ¡Tralalalarará....!
¡Viva, viva, viva...!
¡Loca ella y loco yo..!
¡Locos, locos, locos...!

 Letra: Horacio Ferrer
 Música: Astor Piazzolla  1968

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Barrio pobre

 

En este barrio que es reliquia del pasado,
en esta calle tan humilde tuve ayer,
detrás de aquella ventanita que han cerrado,
la clavelina perfumada de un querer...
Aquellas fiestas que en sus patios celebraban
algún suceso venturoso del lugar,
con la guitarra entre la rueda me contaban
y en versos tiernos entonaba mi cantar...
Barrio... de mis sueños más ardientes.
Pobre... cual las ropas de tus gentes.
Para mí, guardabas toda la riqueza
y lloviznaba la tristeza
cuando te di mi último adiós...
Barrio... Barrio pobre, estoy contigo.
Vuelvo... a cantarte, viejo amigo.
Perdoná los desencantos de mi canto,
pues desde entonces lloré tanto,
que se ha quebrado ya mi voz...

Por esta calle iba en las pálidas auroras
con paso firme a la jornada de labor.
Cordial y simple era la ronda de mis horas,
amor de madre, amor de novia... Siempre amor.
Por esta calle, en una noche huraña y fría,
salí del mundo bueno y puro del ayer.
Doblé la esquina, sin pensar lo que perdía,
me fui sin rumbo, para nunca más volver.
 

  Letra: Francisco García Jiménez
  Música: Vicente Belvedere 1929

 

 

El corazón al sur

 

Nací en un barrio donde el lujo fue un albur,
por eso tengo el corazón mirando al sur.
Mi viejo fue una abeja en la colmena,
las manos limpias, el alma buena.
Y en esa infancia, la templanza me forjó,
después la vida mil caminos me tendió
y supe del magnate del tahur,
por eso tengo el corazón mirando al sur.

Mi barrio fue una planta de jazmín,
la sombra de mi vieja en el jardín,
la dulce fiesta de las cosas más sencillas
y la paz en la granilla de cara al sol...
Mi barrio fue mi gente que no está
las cosas que ya nunca volverán
si desde el día que me fui, con la emoción y con la cruz
yo sé que tengo el corazón mirando al sur

La geografía de mi barrio llevo en mí,
será por eso que del todo no me fui:
la esquina, el almacén, el piberío
los reconozco... son algo mío...
Ahora sé que la distancia no es real
y me descubro en ese punto cardinal
volviendo a la niñez desde la luz,
teniendo siempre el corazón mirando al Sur...

 Letra y música:  Eladia Blázquez 1975

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A mi ? dejame mi barrio

Qué me hablas de New York! 
Qué queres con París 
palacetes de lujo 
rascacielos sin fin!... 
Qué sos dama de alcurnia 
o de rango decís?... 
Sí! Yo sé que a mi lado 
nunca has sido feliz. 
Despertate, atendé, 
despertate y oí! 
Qué me hablas de New York, 
que queres con París? 

A mí?... Dejame en mi barrio! 
de casitas desparejas, 
rincones donde se amansan 
recuerdos de cosas viejas. 
Si hasta el tapial se remoza 
de madreselva olorosa 
aromando el arrabal, 
y aquí las calles son canchas 
y el sol se tira a sus anchas 
y en todo hay calor de hogar. 
A mí?... Dejame en mi barrio! 
Aquí el luchar y sufrir, 
aquí amé y aquí he vivido 
y aquí tendrá que morir... 

Vos naciste pa' ser 
lo que sos, nada más!, 
mariposa andariega, 
y en tus alas llevas 
la inquietud de otros cielos 
y en el lujo quemas 
la nostalgia del barrio 
que ya nunca verás. 
Despertate, atendé, 
despertate y oí! 
Que me hablas de New York, 
qué queres con París?...

 Letra y Música: Francisco Amor 1927

 

 

Aquella cantina de la rivera

Brillando en las noches del puerto desierto,
como un viejo faro, la cantina está
llamando a las almas que no tienen puerto
porque han olvidado la ruta del mar.

Como el mar, el humo de niebla las viste
y envuelta en la gama doliente del gris
parece una tela muy rara y muy triste
que hubiera pintado Quinquela Martín.

Rubias mujeres de ojos de estepas,
lobos noruegos de piel azul,
negros grumetes de la Jamaica,
hombres de cobre de Singapur.

Todas las pobres almas sin rumbo
que aquí a las plazas arroja el mar,
desde los cuatro vientos del mundo
y en la tormenta de una jazz-band.

Pero hay en las noches de aquella cantina
como un pincelazo de azul en el gris,
la alegre figura de una ragazzina
más breve y ardiente que el ron y que el gin.

Más breve cien veces que el mar y que el viento,
porque en toda ella como un fuego son
el vino de Capri y el sol de Sorrento
que queman sus ojos y embriagan su voz.

Cuando al doliente compás de un tango
la ragazzina suele cantar,
sacude el alma de la cantina
como una torva racha de mar.

Y es porque saben aquellos lobos
que hay en el fondo de su canción
todo el peligro de las borrascas
para la nave del corazón.

 Letra: José González Castillo
 Música: Cátulo Castillo1926

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 Almagro

Cómo recuerdo, barrio querido,
aquellos tiempos de mi niñez...
Eres el sitio donde he nacido
y eres la cuna de mi honradez.
Barrio del alma, fue por tus calles
donde he gozado mi juventud.
Noches de amor viví,
con tierno afán soñé
y entre tus flores
también lloré...
¡Qué triste es recordar!
Me duele el corazón...
Almagro mío,
¡qué enfermo estoy!

Almagro, Almagro de mi vida,
tú fuiste el alma de mis sueños...
Cuántas noches de luna y de fe,
a tu amparo yo supe querer...
Almagro, gloria de los guapos,
lugar de idilios y poesía,
mi cabeza la nieve cubrió;
ya se fue mi alegría
como un rayo de sol.

El tiempo ingrato dobló mi espalda
y a mi sonrisa le dio frialdad...
Ya soy un viejo, soy una carga,
con muchas dudas y soledad.
Almagro mío, todo ha pasado;
quedan cenizas de lo que fue...
Amante espiritual
de tu querer sin fin,
donde he nacido
he de morir.
Almagro, dulce hogar,
te dejo el corazón
como un recuerdo de mi pasión.

 Letra: Iván Diez 1930

 

 

Aquella Reina del Plata

Vos sos del tiempo de la Reina del Plata, 
del Buenos Aires que nos contaron mal, 
Cuando en el barrio crecían milonguitas 
y ya empinaba su luz la gran ciudad.

En el suburbio temblaban las guitarras, 
Julio de Caro tallaba en el violín, 
tangos de Bardi bajaban de las parras, 
bailes de patio que suenan hasta aquí.

Reina del Plata se ponía los largos 
y la copaba un morocho cantor. 
Los que tenían seguían pelechando, 
los pobres diablos mordían el rigor.

Reina del Plata, mandaba don Marcelo 
y había cielos de higuera y corralón. 
Inflaba el trigo la luz de su desvelo 
y un toro triste lamía su esplendor.

Vos sos del tiempo de la Reina del Plata, 
del Buenos Aires que alguno me contó, 
cuando se hacía el amor con serenatas 
y se yugaba como se yuga hoy.

Reina del Plata se ponía los largos 
y la copaba un morocho cantor 
los que tenían seguían pelechando, 
los pobres diablos mordían el rigor.

Reina del Plata, mandaba don Marcelo 
y había cielos de higuera y corralón. 
Inflaba el trigo la luz de su desvelo 
y un toro triste lamía su esplendor.

Vos sos del tiempo de la Reina del Plata, 
del Buenos Aires que alguno me contó.

 Letra: O. Avena 
 Música: H. Negro 

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Bailando en Buenos Aires

Bailando el Tango en Buenos Aires, 
baila desconocida de un lejano pais,
es la ciudad que sueña el Tango dormir
y en este tango me ha soñado con vos.
Despues tu nombre entre mis labio pondras,
Ingrid, Giulietta, Sally, Lupe o Brigitte,
con la elegancia de su corte mejor
late a tus pies mi corazon.
 
Bailar el Tango es dar el alma al bailar,
cuando la orquesta es como un pulso interior,
la multitud se pone intima y va
bailando en extasis igual que los dos.
 
Bailando el tango en Buenos Aires, asi,
un paso y dos y tres, la pausa y seguir
del Bajo a Ezeiza y en la Aduana bailar
sin recordar que has de partir.
 
Je t´aime, Ti amo, I love you, Ich liebe dich,
te amo, te amo!
 
Bailá este tango que al bailar
hace florecer los cinco sentidos.
Qué ensimismada y linda vas,
sí, qué linda estás recostada en mí.
 
Cuando muy lejos te encontrés,
mimo bailarín, por dentro yo te abrazaré.
 
Bailando el Tango en Buenos Aires, bailá
desconocida de un lejano país,
entrá al abrazo del que nunca saldrás,
con su compás que se copió del vivir.
 
En nuestro abrazo ha de bailar otra vez
la yunta criolla que hace un siglo engendró
el primer tango en gracia sacramental
de Eva y Adán del arrabal.
 
Bailar el Tango es un hipnótico andar,
siendo uno el otro en un instante y, al fin,
espiritualizadamente bailar
sobre el pañuelo del adiós al partir.
 
Bailando el Tango en Buenos Aires así,
un paso y dos y tres, la vida bailás,
la vida misma, un tango amargo y feliz
sabio en amor y despedidas.
 
Arriverderchi, bella! Au revoir, mon amour!
Bis immer, mein schatz! Adiós, mi vida, adiós!
Bailando el tango te encontré,
bailando el tango te perdí.. 

 Letra: Horacio Arturo Ferrer
 Música: Raúl Garello 1992

Barrio de Tango

 

Un pedazo de barrio, allá en Pompeya,
durmiéndose al costado del terraplén;
un farol balanceando en la barrera
y el misterio de adiós que siembra el tren...

Un ladrido de perro a la luna,
el amor escondido en un portón
y los sapos redoblando en la laguna
y a lo lejos, la voz del bandoneón...

Barrio de tango, luna y misterio;
calles lejanas, ¿dónde andarán?
Viejos amigos que hoy ni recuerdo,
¿qué se habrán hecho, dónde estarán?
Barrio de tango, ¿qué fue de aquella
Juana, la rubia que tanto amé?
¿Sabrá que sufro pensando ella
desde la tarde que la dejé?
¡Barrio de tango, luna y misterio,
desde el recuerdo te vuelvo a ver!

Un coro de silbidos, allá en la esquina,
y el codillo llenando el almacén;
y el dolor de la pálida vecina
que nunca salió a mirar el tren...
Así evoco tus noches, barrio de tango,
con las chatas entrando al corralón,
y la luna chapaleando sobre el fango
y a lo lejos, la voz del bandoneón...

 

 Letra: Homero Manzi
 
Música: Aníbal Troilo 1942

 

 

 

 

 

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I

 

Recorro tus calles y evoco tu historia,
mi infancia lejana se agita en tu ayer;
tus viejas casonas, tus patios de tango,
tus taitas bravíos, barrio del Abasto,
viven en el sueño de esta evocación.
 
II

 

Un morocho triste, tierno y sensiblero,
hecho con tu esencia de amor y bondad,
te llevó en su acento de tango malevo
por la calle largo de su alma inmortal.

 

 
Después... otro bate desde tu cortada
retomó su senda para perpetuar
la musa tanguera del alma porteña
que corre en tus venas, mi viejo arrabal.
 
I Bis

 

Tu historia que es larga
podría contarte de tu vieja fonda Yiyo Rondeman
donde recalaban tus tauras de antaño
y en esas tenidas de burros y tangos
les ponia su broche la voz de Gardel.

 

Letra: Alberto Luis Capparelli - Guido Zecca
Musica:
Alberto Caroprese

 
 Aquí estoy de vuelta Buenos Aires

 

Aquí estoy de vuelta, Buenos Aires mío,
aquí estoy de vuelta cantando, otra vez.
¡Qué feliz me siento de nuevo en mi tierra!
De esta tierra gaucha que me vio nacer.

Que lindo es sentirse y andar por tus calles
tan llenas de amigos, tan llenas de sol.
De ver a los míos, besar a mis padres
con las ansias locas de mi corazón.

Esta noche, Buenos Aires,
vuelvo a cantar otra vez...
Y a mi canto le da vida 
esta emoción tan sentida
que siento al volverte a ver.

Quiero cantar a los barrios
igual como ayer canté.
Y en mi noche de regreso
dar mi emoción hecha besos
al pueblo que no olvidé.

Nueva York, la grande, con sus rascacielos,
las luces de Broadway, vivieron  también
la emoción porteña del tango compadre;
este dos por cuatro que no olvidarán.

Cuando estuve lejos de vos, Patria mía,
aprendí a quererte, como vos sabes...
Por esto te grito con todo mi alma...
¡Buenos Aires mío, que lindo es volver!

 Letra : Eladio Blanco
 Música : C. Lucero 

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 La canción de Buenos Aires

Buenos Aires, cuando lejos me vi
sólo hallaba consuelo
en las notas de un tango dulzón
que lloraba el bandoneón.
Buenos Aires, suspirando por ti
bajo el sol de otro cielo,
¡cuánto lloró mi corazón
escuchando tu nostálgica canción!

¡Canción maleva, canción de Buenos Aires!
Hay algo en tus entrañas que vive y que perdura...
Canción maleva, lamento de amargura,
sonrisa de esperanza, sollozo de pasión...
¡Este es el tango, canción de Buenos Aires
nacido en el suburbio, que hoy reina en todo el mundo!
¡Ese es el tango, que llevo muy profundo
clavado en lo más hondo del criollo corazón!

Buenos Aires, donde el tango nació,
tierra mía querida;
yo quisiera poderte ofrendar
toda el alma en mi cantar
Y le pido a mi destino el favor
de que al fin de mi vida
oiga el llorar del bandoneón
entonando tu nostálgica canción.

Letra: Manuel Romero
Música: Azucena Maizani y Oreste Cúfaro 1932

 

 

 

 

 

 

Lejana tierra mía

Lejana tierra mía
bajo tu cielo,
bajo tu cielo
quiero morirme un día;
con tu consuelo,
con tu consuelo.
Y oir el canto de oro
de tus campanas
que yo añoro.
No sé si al complacerte
al regresar
sobre reir o llorar.
Silencio de mi aldea
que solo quiebra
la serenata
de un ardiente romeo,
bajo una ardiente
luna de plata.
Desde un balcón florido
se oye un murmullo 
y un juramento
que la brisa llevó con el rumor
de otras cuitas de amor.

Lejana tierra mía
de mis amores,
¡Cómo te nombro!
En mis noches sin sueño
con las pupilas
llenas de asombro,
dime estrella mía,
que no son vanas
mis esperanza
que tu sabes que pronto
he de volver
a mi viejo querer.

Letra: Alfredo LePera
 
Música: Carlos Gardel  1932

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  Tangos varios

Mire Buenos Aires  Mire Buenos Aires  Mire Buenos Aires  Mire Buenos Aires  Mire Buenos Aires

Cambalache - La Cumparcita

 

Yira, Yira - Rosa de otoño

Caminito - Sus ojos se cerraron

 

Infamia - Araca la cana

Anclao en París - Cafetín de Buenos Aires

 

Adiós Ninono - Sus ojos se cerraron

Shusheta - Sur

 

Tinta roja - Setenta balcones y ninguna flor

Suerte negra - Los muñequitos  

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  Cambalache

Se estrenó en el teatro Maipo interpretado  Sofía Bozán.

Que el mundo fue y será 
una porquería, ya lo sé.
En el quinientos seis
y en el dos mil, también;
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
barones y dublés.
Pero que el siglo veinte
es un despliegue 
de maldá insolente,
ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos en un merengue
y en el mismo lodo
todos manoseaos.

Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor,
ignorante, sabio, chorro
generoso o estafador...
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
Lo mismo un burro que un gran profesor.
No hay aplazaos ni escalafón,
los ignorantes nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
da lo mismo que sea cura,
colchonero, Rey de Bastos,
caradura o polizón.

¡Que falta de respeto,
qué atropello a la razón!
cualquiera es un señor,
cualquiera es un ladrón...
Mezclao con Stravisky
va Don Bosco y La Mignon,
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín...
Igual que en la vidriera
irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remache
ves llorar la Biblia
junto al calefón.

Siglo veinte, cambalache
problemático y febril...
El que no llora no mama
y el que no afana es un gil.
¡Dale, nomás...!
¡Dale, que va...!
¡Que allá en el Horno
nos vamo´a encontrar...!
No pienses más; sentate a un lao,
que a nadie importa si naciste honrao...
Es lo mismo el que labura 
noche y día como un buey,
que el que vive de las minas,
que el que mata, que el que cura,
o está fuera de la ley.

 Letra y música:  Enrique Santos Discépolo  Año: 1935

  La Cumparcita

La versión original es instrumental,

es apodado el himno del Tango

¡Si supieras
que aún dentro de mi alma
conservo aquel cariño
que tuve para ti...!
¡Quien sabe, si supieras
que nunca te he olvidado...!
Volviendo a tu pasado
te acordarás de mí...

Los amigos ya no vienen
ni siquiera a visitarme;
nadie quiere consolarme
en mi aflicción...
desde el día que te fuiste
siento angustias en mi pecho...
¡Decí, percanta, qué has hecho
de mi pobre corazón...!

Sin embargo
yo siempre te recuerdo
con el cariño santo
que tuve para ti;
y estás dentro de mi alma,
pedazo de mi vida,
en la ilusión querida
que nunca olvidaré.

Al cotorro abandonado
ya ni el sol de la mañana
asoma por la ventana
como cuando estabas vos...
Y aquel perrito compañero
que por tu ausencia no comía
al verme solo, el otro día

también me dejó.

Letra: Pascual Contursi y Enrique Pedro Maroni
Música: Gerardo Hernán Matos Rodríguez 1924

 

 

 

 

 

 

 

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  Yira, Yira

Cuando la suerte, que es grela,
fallando y fallando
te largue parao....
Cuando estés bien en la vía,
sin rumbo, desesperao...
Cuando no tengas ni fe,
ni yerba de ayer
secándose al sol....
Cuando rajés los tamangos
buscando ese mango
que te haga morfar...
la indiferencia del mundo
que es sordo y es mudo
recién sentirás.

Verás que todo es mentira,
verás que nada es amor...
que al mundo nada le importa
Yira...Yira...
Aunque te quiebre la vida,
aunque te muerda un dolor,
no esperes nunca una ayuda,
ni una mano, ni un favor...

Cuando estén secas las pilas
de todos los timbres
que vos apretas,
buscando un pecho fraterno
para morir abrazao...
Cuando te dejen tirao
después de cinchar,
lo mismo que a mí...
Cuando manyés que a tu lado
se prueban la ropa
que vas a dejar...
¡Te acordarás de este otario
que un día, cansado,
se puso a ladrar!


 

 Letra: Enrique S. Discépolo
 Música: Enrique S. Discépolo
 Año: 1930

 

 

 

 
  Rosa de otoño (vals criollo)
 
Tu eres la vida, la vida dulce
 llena de encantos y lucidez
 tú me sostienes y me conduces
 casi a la cumbre de tu altivez
 
 tu eres constancia, yo soy paciencia 
tu eres ternura, yo soy piedad
 tu representas la independencia,
 yo simbolizo la libertad.
 
 Tu bien lo sabes, estoy enfermo
 y en mi semblante claro se ve
 que ya de noche casi no duermo 
no duermo nada, sabes por que?
 porque yo sueño como te aprecio
 y que a mi lado te he de tener
 son sueños vanos torpes y necios
 pero mi vida que voy a hacer?
 
 Yo sufro mucho, me duele el alma 
y es tan penosa mi situación
 que muchas veces por buscar calma
 llevo mis dedos al diapasón
 de tu desprecio nunca hagas gala
 porque si lo haces pobre de mi
 quiéreme siempre, no seas tan mala
 vamos ingrata, no seas así.

 Letra: Guillermo Barbieri

 Música: Jorge Rial

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Caminito

Caminito que el tiempo ha borrado
que juntos un día nos viste pasar,
he venido por  última vez
he venido a contarte mi mal...
Caminito que entonces estabas 
bordeado de flores y juncos en flor
una sombra ya pronto serás,
una sombra lo mismo que yo...

Desde que se fue 
triste vivo yo;

Caminito amigo,
yo también me voy...
Desde que se fue
nunca más volvió;
seguiré sus pasos...
¡Caminito, adiós...!

Caminito que todas las tardes
feliz recorría cantando mi amor
no le digas si vuelve a pasar
que mi llanto tu suelo regó.
Caminito cubierto de cardos,
la mano del tiempo tu huella borró;

Yo a tu lado quisiera caer
y que el  tiempo nos mate a los dos

 Letra: Gabino Coria Peñaloza 
 Música: Juan de Dios Filiberto 1926 
 
 
 
 
 

 

 

  Sus ojos se cerraron

Sus ojos se cerraron,
y el mundo sigue andando;
su boca que era mía
ya no me besa más.
Se apagaron los ecos
de su reír sonoro,
y es cruel este silencio
que me hace tanto mal.
Fue mía la piadosa
dulzura de sus manos
que dieron a mis penas
caricias de bondad,
y ahora que la evoco
hundido en mi quebranto,
las lágrimas trenzadas
se niegan a brotar,
y no tengo el consuelo
de poder llorar.

¿Por qué tus alas tan cruel quemó la vida?
¿Por qué esta mueca siniestra de la suerte?
Quise abrigarla, y más pudo la muerte.
¡Cómo me duele y se ahonda mi herida!
Yo sé que ahora vendrán caras extrañas
con su limosna de alivio a mi tormento.
Todo es mentira, mentira ese lamento,
¡hoy está solo mi corazón!

Como perros de presa
las penas traicioneras
celando su cariño
galopaban detrás,
y escondida en las aguas
de su mirada buena,
la muerte agazapada
marcaba su compás.
En vano yo alentaba
febril una esperanza;
clavó en mi carne viva
sus garras el dolor,
y mientras en las calles
en loca algarabía,
¡el carnaval del mundo
gozaba y se reía!
¡Burlándose el destino
me robó su amor!
 

  Letra de Alfredo Le Pera
  Este tango fue grabado por Carlos Gardel el 19/3/1935

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  Infamia

La gente, que es brutal cuando se ensaña,
la gente, que es feroz cuando hace un mal,
buscó para hacer títeres en su guiñol,
la imagen de tu amor y mi esperanza...
A mí, ¿qué me importaba tu pasado...?
si tu alma entraba pura a un porvenir.
Dichoso abrí los brazos a tu afán y con mi amor
salimos, de payasos, a vivir.

Fue inútil gritar
que querías ser buena.
Fue estúpido aullar
la promesa de tu redención...
La gente es brutal
y odia siempre al que sueña,
lo burla y con risas despeña
su intento mejor...
Tu historia y mi honor
desnudaos en la feria,
bailaron su danza de horror,
sin compasión...

Tu angustia comprendió que era imposible,
luchar contra la gente es infernal.
Por eso me dejaste sin decirlo, ¡amor!...
y fuiste a hundirte al fin en tu destino.
Tu vida desde entonces fue un suicidio,
vorágine de horrores y de alcohol.
Anoche te mataste ya del todo y mi emoción
te llora en tu descanso... ¡Corazón!

Quisiera que Dios
amparara tu sueño.
muñeca de amor
que no pudo alcanzar su ilusión.
Yo quise hacer más
pero sólo fue un ansia.
Que tu alma perdone a mi vida
su esfuerzo mejor.
De blanco al morir,
llegará tu esperanza,
vestida de novia ante Dios...
como soñó.

 Letra: Enrique Santos Discepolo 1941

 

  Araca la cana

Araca la cana, 
ya estoy engriyao. 
Un par de ojos negros me han engayolao; 
ojazos profundos, oscuros y bravos, 
tajantes y fieros, hieren al mirar 
con brillo de acero, me van a matar; 
de miedo, al mirarlos, el cuore me ha fayao. 
Araca la cana... Ya estoy engriyao.

Yo que anduve entreverao 
en mil y una ocasión, 
y en todas he guapeado; 
yo que al bardo me he jugao 
entero el corazón, 
sin saco ni cuidado, 
como un gil vengo a ensartarme; 
si es pa' creer en cosa 'e Dios 
que al guapo mas capaz 
le falle el corazón.

 Letra: Mario Roda 
 Música: Enrique Delfino 

 

 

 

 

 

 

 

 

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  Anclao en París


Tirao por la vida de errante bohemio
estoy, Buenos Aires, anclao en París.
Cubierto de males, bandeado de apremio,
te evoco desde este lejano país.
Contemplo la nieve que cae blandamente
desde mi ventana, que da al bulevar
las luces rojizas, con tono muriente,
parecen pupilas de extraño mirar.

Lejano Buenos Aires ¡qué lindo que has de estar!
Ya van para diez años que me viste zarpar...
Aquí, en este Montmartre, faubourg sentimental,
yo siento que el recuerdo me clava su puñal.

¡Cómo habrá cambiado tu calle Corrientes..!
¡Suipacha, Esmeralda, tu mismo arrabal..!
Alguien me ha contado que estás floreciente
y un juego de calles se da en diagonal...
¡No sabes las ganas que tengo de verte!
Aquí estoy varado, sin plata y sin fe...
¡Quién sabe una noche me encane la muerte
y, chau Buenos Aires, no te vuelva a ver!


 Letra de Enrique Cadícamo 1931

 

 

 

 

 

 

 

  Cafetín de Buenos Aires

De chiquilín te miraba de afuera
como a esas cosas que nunca se alcanzan...
La ñata contra el vidrio 
en un azul de frío,
que solo fue viviendo 
igual al mío...
Como una escuela de todas las cosas,
y de purrete me diste entre asombros
el cigarrillo,
la fe en mis sueños
y una esperanza de amor....

¿Cómo olvidarte en esta queja,
cafetín de Buenos Aires,
si sos lo único en la vida
que se pareció a mi vieja?
En tu mezcla milagrosa
de sabihondos y suicidas,
yo aprendí filosofía, dados, timba
y la poesía cruel
de no pensar más en mí...
Me diste en oro un puñado de amigos,
que son los mismos que alientan mis horas:
José, el de la quimera;
Marcial, que aún cree y espera,
y el flaco Abel, que senos fue,
pero aún me guía,,,,
Sobre tus mesas que nunca preguntan
lloré una tarde el primer desengaño;
nací a las penas,
bebí mis años
y me entregué sin luchar....
 

 Letra: Enrique Discépolo
 Música: Mariano Mores 1949

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Adiós Ninono

Desde una estrella al titilar ... 
Me hará señales de acudir, 
por una luz de eternidad 
cuando me llame, voy a ir. 
A preguntarle, por ese niño  que con su muerte lo perdí, 
que con "Nonino" se me fue ... 
Cuando me diga, ven aquí ... 
Renaceré ... Porque ...

Soy ...! la raíz, del país que amasó con su arcilla, 
Soy ...! Sangre y piel, del "tano" aquel, que me dio su semilla ... 
Adiós "Nonino" ... que largo sin vos, será el camino. 
Dolor, tristeza, la mesa y el pan ...! 
Y mi adiós ... Ay ...! Mi adiós, a tu amor, tu tabaco, tu vino. 
Quién ...? Sin piedad, me robó la mitad, al llevarte "Nonino"... 
Tal vez un día, yo también mirando atrás ... 
Como vos, diga adiós ... No va más ...! 

(Recitado) 

Y hoy mi viejo "Nonino" es una planta. 
Es la luz, es el viento y es el río ... 
Este torrente mío lo suplanta, 
prolongando en mi ser, su desafío. 
Me sucedo en su sangre, lo adivino. 
Y presiento en mi voz, su propio eco. 
Esta voz que una vez, me sonó a hueco 
cuando le dije adiós ... Adiós "Nonino". 
 
Soy ...! la raíz, del país que amasó con su arcilla, 
Soy ...! Sangre y piel, del "tano" aquel, que me dio su semilla ... 
Adiós "Nonino" ...! Dejaste tu sol, en mi destino. 
Tu ardor sin miedo, tu credo de amor. 
Y ese afán ... Ay ...! Tu afán, por sembrar de esperanza el camino. 
Soy tu panal y esta gota de sal, que hoy te llora "Nonino". 
Tal vez el día que se corte mi piolín, 
te veré y sabré ... Que no hay fin.

 Letra: Eladia Blázquez
 Música: Astor Piazzolla 

 

 

Sus ojos se cerraron

Sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando.
Su boca, que era mía, ya no me besa más.
Se apagaron los ecos de su reír sonoro
y es cruel este silencio, que me hace tanto mal.
Fue mía la piadosa dulzura de sus manos
que dieron a mis penas caricias de bondad.
Y ahora, que la evoco hundido en mi quebranto,
las lagrimas trenzadas se niegan a brotar
y no tengo el consuelo de poder llorar.

¿Por qué sus alas, tan cruel, quemó la vida ?
¿ Por qué esta mueca siniestra de la muerte?
Quise abrigarla y más pudo la muerte...
¡Cómo me duele y se ahonda mi herida...!
Yo sé que ahora vendrán caras extrañas 
con su limosna de alivio a mi consuelo;
todo es mentira, mentira ese lamento,
hoy esta solo mi corazón...

Como perros de presa, las penas traicioneras
celando mi cariño galopaban detrás;
y escondida en las aguas de su mirada buena,
la muerte agazapada marcaba su compás.
En vano yo alentaba, febril, una esperanza
clavo en mi carne viva sus garras el dolor...
Y mientras, en las calles, en loca algarabía
el carnaval del mundo gozaba y se reía,
¡Burlándose, el destino me robó su amor!

 Letra: Alfredo Le Pera
 Música: Carlos Gardel.
 Año: 1935 

 

 

 

 

 

 

 

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 Shusheta 
Toda la calle Florida lo vio
con sus polainas, galera y bastón.

Dicen que ge allá por su juventud
un gran Don Juan del Buenos Aires de ayer
Engalanó la puerta del Jockey Club
y en el ojal siempre llevaba un clavel.

Toda la calle Florida lo vio
con sus polainas, galera y bastón.

Apellido distinguido
gran señor en las reuniones
por las damas suspiraba
y conquistaba sus corazones.

Y en las tardes de Palermo
en su coche se paseaba
y en procura de ensueño
iba el porteño, conquistador.

Toda la calle Florida lo vio
con sus polainas, galera y bastón.
 

Letra y Música: Enrique Cadícamo - Cobián
 

 

 

 

 

 

  Sur

San Juan y Boedo antigua y todo el cielo...
Pompeya y más allá la inundación...
Tu melena de novia en el recuerdo
y tu nombre florando en el adiós...
La esquina del herrero, barro y pampa;
tu casa, tu vereda y el zanjón,
y un perfume de yuyos y de alfalfa
que me llena de nuevo el corazón....

Sur, paredón y después...
Sur,
una luz de almacén,,,
Ya nunca me verás como me vieras,
recostado en la vidriera,
esperándote...
Ya nunca alumbraré con las estrellas
nuestra marcha sin querellas
por las noches de Pompeya...
Las calles y la luna suburbana
y mi amor en tu ventana...
Todo a muerto, ya lo sé...

San Juan y Boedo antigua, cielo perdido...
Pompeya, y al llegar al terraplén,
tus veinte años temblando de cariño
bajo el beso que entonces te robé...
Nostalgia de las cosas que han pasado...
arena que la vida se llevó...
Pesadumbre de barrios que han cambiado

y amargura del sueño que murió.

 Letra: Homero Manzi
 Música: Aníbal Troilo 1948

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  Tinta roja

Paredón,
tinta roja en el gris del ayer;
tu emoción de ladrillo, feliz
sobre mi callejón,
con un borrón
pintó la esquina
y al botón
que en el ancho de la noche
puso al filo de la ronda
como un broche...
Y aquel buzón carmín
y aquel fondín,
donde lloraba el tano
su rubio amor lejano
que mojaba con bon vin...

¿Dónde estará mi arrabal?
¿Quién se robó mi niñez?
¿En qué rincón, luna mía,
volcás, como entonces,
tu clara alegría?
Veredas que yo pisé...
Malevos que ya no son..
Bajo tu cielo de raso
trasnocha un pedazo
de mi corazón.

Paredón,
tinta roja en el gris ayer;
borbotón de mi sangre infeliz,
que vertí en el malvón
de aquel balcón
que la escondía.
Yo no sé
si fue el negro de mis penas
o fue el rojo de tus venas
mi sangría...
¿Por qué llegó y se fue
tras del carmín
y el gris fondín lejano,
donde lloraba el tano
sus nostalgias de bon vin?

 Letra: Cátulo Castillo
 
Música: Sebastián Piana Año: 1941

 

 
 
Setenta balcones y ninguna flor
 
Setenta  balcones hay en esta casa,
Setenta balcones y ninguna flor…
A sus habitantes señor, que les pasa ?
Odian el perfume, odian el color ?
 
La piedra desnuda de tristeza agobia,
Dan una tristeza, los negros balcones…
No hay en esta casa una niña novia ?
No hay algún poeta lleno de ilusiones ?
     
Ninguno desea ver tras los cristales
Una diminuta copia del jardín ?
En la piedra blanca trepar los rosales ,
En los hierros negros abrirse un jazmín ?
 
Si no aman las plantas, no amarán el ave
No sabrán, de música, de rimas , de amor
Nunca se oirá un beso, jamás se oirá un clave…
Setenta balcones y ninguna flor…
 
 Música: Astor Piazzolla
 Los 14 para el Tango, obra de Ben Molar
 Colaboración de Oscar Mármol

 

 

 

 

 

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Suerte negra

Dicen que jurar en vano
es maldad que se castiga,
pero en su pecho inhumano
hay crueldad y me mintió.
Con su sonrisa más fina
me dijo: Te quiero yo,
y una noche de neblina
con un viejo se fugó.
Ayer me fui al cementerio
con mi pena a terminar,
pero yo soy de suerte tan negra
que no quisieron dejarme entrar.

Cuando conmigo vivías
y conmigo suspirabas,
me decías que me amabas
porque tenías mi cantar.
¡Ingrata!, al verte con otro
tuve ganas de matar,
pero pensé que eras huérfana
y me puse a sollozar.

Ahora, como ave sin rumbo,
sólo tengo mi canción:
y sé bien que si ustedes la oyen 
sentirán llorar mi corazón.

 Letra: Alfredo Le Pera
 
Música: Carlos Gardel

 

 

Los muñequitos

 

En la tortura de vivir sin canción,
Mi alma sin fe , rompí a llorar…
La dulce infancia blanca flor de ilusión
Hoy con dolor, vuelvo a evocar
Pobres están aun en un rincón…
Esos… los Muñequitos de cartón…
Pobres…Muñequitos que contemplo
Con ternura y emoción…
 
Jueguen Muñequitos, bailen, salten
Como ayer, que hoy mi tristeza
Necesita del recuerdo…
Jueguen Muñequitos, Bailen…salten…
otra vez como la infancia que revive mi emoción…
Vuelvan a brindarme esa alegría…
Para ahogar la pena mía…
Que hoy me quema el corazón…
 
Jueguen Muñequitos, bailen , salten
Como ayer, que hoy me quema el corazón…
 

 Letra y música Pracánico - Rubens
 Colaboración de Oscar Mármol 1943
 

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Salí a buscar una esperanza
un cariño, una ilusión...
busque y todo era niebla en mi alma,
busque con la gran fe de encontrarla,
después Dios la puso en mi camino
y el destino nos unió.
Viví, viví lo que era mi sueño,
juro, juro que yo era su dueño,
después, después solo tango y llanto,
aguardiente y nada mas.

Jamás pensé que hache en Colombia
si quisiera tanto el tango,
me fascina la bohemia
de su loca juventud,
también yo dije "La quise mucho"
y oyendo tango yo también me emborrache.
Te admiro tanto, Colombia,
tus bellezas, tus mujeres,
los muchachos tan amigos
que en cualquier parte encontré...
Pueblo de Colombia, tenme en tu recuerdo,
te llevo en el alma y jamás te olvidare!

Ayer no pude dormir pensando
en que un día he de partir,
aquí halle abiertos corazones,
viví tantas bellas emociones;
yo se, como artista es mi destino,
es mi sino andar y andar...
Desde hoy, basta que sea colombiano,
será para mi como un hermano,
y yo aquí les dejo este tango
que salio del corazón.
 Letra Y música: de Charlo 1956

 

 

Unidos en la muerte

Vals

 

Unidos en la muerte, y juntas sus guitarras
cayeron los muchachos siguiendo a su zorzal.
Parece que el Destino, ingrato, le envidiara
los triunfos de su vida, que nadie igualará.
Unidos en la muerte, cayeron los centauros
de nuestro cancionero, glorioso y popular.
Llevando por el mundo, el tango a flor de labio
el cual entró en Europa, por nuestro Mariscal.

El Cóndor Colombiano, celoso lo acechaba
agazapado y frío, allá en Medellín.
Pa' darle la revancha, al Rey de nuestra pampa
al zorzalito criollo, que es donde halló su fin.
El Cóndor en las alturas, no permitió que nadie
cruzara con su canto, el espacio triunfal.
Y así, que lo esperaba traidor y sanguinario
Pa' desatar sus iras, cual recia tempestad.

Lejos de Buenos Aires, pagaron con sus vidas
los bravos mosqueteros, de nuestra tierra ideal.
Con esa infausta suerte, que nunca merecieron
los criollos que murieron, por la fatalidad.
Hoy quedan en los montes, los pájaros muy tristes
calandrias y jilgueros, no quieren más cantar
están todos de duelo, de luto las guitarras
sus cuerdas destempladas, también llorando están.

 

 Música: Jaime Vila
 Letra: Ramón Argüello

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Actividad de museos

 

Mire Buenos Aires  Mire Buenos Aires  Mire Buenos Aires  Mire Buenos Aires  Mire Buenos Aires

 Direcciones de Museos y Espacios de Arte de la ciudad de Buenos Aires.

Museo de Bellas Artes al Aire Libre Caminito 
Pasaje Caminito entre Magallanes y  Lamadrid


Fundación Proa  
Av. Pedro de Mendoza 1929


Museo de Bellas Artes de La Boca Quinquela Martín    
Av. Pedro de Mendoza 1835


Espacio Fotográfico del Teatro de la Ribera
Av. Pedro de Mendoza 1821
 

Maguncia. Museo del Papel, Grabado y Estampa.
Pedro de Mendoza 1855
 

Museo de Arte Construido
Ayolas 441
 

Museo Memorias de San Juan Evangelista
Olavaria 486
 

Museo Bomberos Voluntarios de la Boca
Brandsen 567
 

Museo de la Pasión Boquense                
Brandsen 805
 

Museo Casa Taller Celia Chevalier       
Irala 1162


Patio Porteño de las Esculturas
Pinzón 1299
 


Museo Penitenciario Argentino               
Humberto 1º 378 

Museo San Telmo                                                  
Humberto 1º 340
 

Museo del Libertino
Balcarce 1016
 

Museo de la Emigración Gallega en la Argentina - MEGA
Chacabuco 955
 

Casal de Cataluña
Chacabuco 863
 

Museo Argentino del Títere                                 
Piedras 905
 

Museo de la Caricatura Severo Vaccaro
Lima 1037
 

Museo Nacional de la Historia del Traje            
Chile 832
 

Museo Nacional del Grabado               
Defensa 372

Museo Etnográfico Juan B. Ambrosetti             
Moreno 350
 

Museo Franciscano Monseñor Fray José María Bottaro
Alsina 380


Museo de la Ciudad
Defensa 219 y 223

 

Comisión Nacional de la Manzana de Las Luces               
Perú 222 / 272 / 294
 

Museo Participativo Minero – MUMIN                
Av. Julio A. Roca 651 – PB
 

Museo Histórico de la Administración Federal de Ingresos Públicos
Hipólito Yrigoyen  370
 

UCA Pabellón de las Bellas Artes
Alicia Moreau de Justo 1300
 

Museo del Puerto y de las Vías Navegables
Alférez Pareja esquina Av. España
 

Museo de la Cárcova de Calcos y Escultura Comparada
Dellepiane esquina Av. España
 

Centro de Museos de Buenos Aires

Museo de Esculturas Luis Perlotti *

Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken *
Av. de los Italianos 851
* Por obras de remodelación, estos dos museos funcionan provisoriamente en esta sede.

Buque Museo Fragata A.R.A. Presidente Sarmiento                
Av. Alicia Moreau de Justo al 900 - Dique 3
 

Buque Museo Corbeta A.R.A. Uruguay                                      
Av. Alicia Moreau de Justo al 500 - Dique 4
 

Museo Histórico Nacional del Cabildo y la Revolución de Mayo                   
Bolívar 65
 

Casa de la Cultura
Avda. De Mayo 575
 

Museo Mundial del Tango                        
Rivadavia 830 - Piso1
 

Casa Fernández Blanco
Hipólito Irigoyen 1420
 

Museo de la Mujer
Hipólito Irigoyen 1536
 

Observatorio Astronómico y Museo de Ciencias Naturales del Colegio San José
Bartolomé Mitre 2455
 

Museo de marcapasos y precursores de la medicina moderna
Catamarca 536
 

Museo Histórico y Numismático del Banco de la Nación Argentina  
Rivadavia 325
 

Archivo General de la Nación – Programa Archivo Puertas Abiertas
25 de mayo 263
 

Museo Histórico y Numismático del Banco Central de la República Argentina "Dr. José Evaristo Uriburu (h)"        
San Martín 216
 

Archivo y Museo Históricos del Banco de la Provincia de Buenos Aires Dr. Arturo Jauretche
Sarmiento 364
 

MAMBA – Museo de Arte Moderno de Buenos Aires
Av. Corrientes 172  1º
 

Espacio Multiarte de la Sindicatura General de la Nación
Av. Corrientes 381
 

Centro Cultural Borges
Viamonte 525  
 

Museo Nacional del Inmigrante               
Av. Antártida Argentina 1355
 

Torre Monumental
Av. Del Libertador 49
 

Museo ISER                                                
Ramos Mejía 1398 
 

Palacio San Martín
Arenales 761
 
 

Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco
Suipacha 1422
 

Museo Nacional Ferroviario                     
Av. del Libertador 405

MARQ - Museo de Arquitectura

Av. del Libertador 999
 

Palais de Glace
Posadas 1725
 

Universidad del Salvador / Gestión e Historia de las Artes
En la explanada de Canal 7 - Av. Figueroa Alcorta esq. Austria
 

Centro Cultural Recoleta
Junín 1930
 

Museo Participativo de Ciencias             
Junín 1930 Primer Piso
 

Claustros del Pilar              
Junín 1892
 

Biblioteca Nacional
Las Heras esquina Agüero
 

Museo Nacional de Arte Decorativo       
Av. Del Libertador 1902


Casa de la Cultura del Fondo Nacional de las Artes
Rufino de Elizalde 2831
 

Museo de Arte Popular José Hernández
Av. Del Libertador 2373
 

Museo Metropolitano                    
Castex 3217
 

MALBA. Fundación Costantini                                                                 
Av. Figueroa Alcorta 3415
 

Museo del Planetario de la Ciudad de Buenos Aires Galileo Galilei 
Av. Sarmiento y Belisario Roldán
 

Museo del Básquet
Av. Sarmiento esq. Av. Iraola
 

Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori
Av. Infanta Isabel 555
 

Cruce de Artes
Av. Del Libertador 3200
 

Jardín Botánico Carlos Thays
Av. Santa Fe 3951
 

Museo Evita
Lafinur 2988
 

Museo Notarial Argentino del Colegio de Escribanos de la Ciudad de Buenos Aires                   
Av. Callao 1542 
 

Museo Xul Solar                 
Laprida 1212
 

Espacio Fundación Telefónica
Arenales 1540
 

Museo Nacional del Teatro
Av. Córdoba 1199


Museo Judío de Buenos Aires Dr. Salvador Kibrick
Libertad 769
 

Museo del Holocausto
Montevideo 919

 

Museo de las Escuelas                  
Montevideo 950   
 

Pinacoteca del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación
Montevideo 950
 

Centro Cultural Ricardo Rojas
Av. Corrientes 2038
 

Museo del Patrimonio Histórico. Palacio de las Aguas Corrientes - AYSA  
Riobamba 750 1º piso

 

Museo de la Deuda Externa
J.E. Uriburu 763
 

Museo Casa Carlos Gardel
Jean Jaurés 735
 

Batatópolis - Museo Casa de  Batato Barea
Tucumán 3054 dto 11
 

Taller Museo Gyula Kosice
Humahuaca 4662
 

Observatorio de la Asociación Argentina de Amigos de la Astronomía
Av. Patricias Argentinas 550

 

Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia        
Av. Angel Gallardo 490
 

Museo Anconetani del Acordeón
Guevara 492


Museo Fotográfico Simik

Av. Federico Lacroze 3901
 

Museo de Arte Español Enrique Larreta
Av. Juramento 2291
 

Museo Histórico Sarmiento                      
Av. Juramento 2180
 

Museo Libero Badii                        
11 de Septiembre 1990
 

Museo Casa de Yrurtia                  
O’ Higgins 2390
 

Museo Tiro Federal Argentino
Av. Del Libertador 6935
 
 

Jardín de las Esculturas
Monroe esquina Húsares.
 

Museo de Mineralogía E. Mórtola
Ciudad Universitaria - Pabellón II - Piso 1°
 

Museo de las Maquetas
Ciudad Universitaria – Pabellón  III

 

Casa Museo Magda Frank
Vedia 3546
 

Museo Histórico de Buenos Aires Cornelio Saavedra
Crisólogo Larralde 6309

 

 

 

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En Genio Maligno usted puede bajar  a su PC, los títulos de libros,

videos y canciones totalmente gratuitas. MÁS>


Ahora millones de personas en cualquier parte del mundo pueden acceder gratuitamente a los clásicos de la producción intelectual latinoamericana a través de la Biblioteca Ayacucho Digital. Este novedoso compendio bibliográfico
en la red pone al alcance del internauta las obras más relevantes de la literatura de esta región en formato PDF, los que también pueden ser leídos en voz alta por un lector de pantalla. Los libros de la Biblioteca Ayacucho Digital son concebidos y editados siguiendo los mismos parámetros de calidad que caracterizan las obras impresas de nuestro fondo editorial. Marco legal.
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La Biblioteca popular de La Fundación EL Perro y la Rana tiene como misión,

realizar publicaciones masivas de libros de calidad y bajo costo,

que promuevan la lectura y la escritura en el pueblo venezolano por

medio de una serie de colecciones que serán difundidas y distribuidas

en el ámbito nacional e internacional. MÁS>


 

 

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