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El espacio de periodismo independiente y sin
patrones de Mire Buenos Aires.
T i t u l o s
C l á s i c o s e n
v i d e o - Pueblos Originarios -
18.01.2011.
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ARGENTINA -
MASACRES A
COMUNIDAD QOM EN NAPALPÍ Y RINCÓN
BOMBA.
No olvidar, no perdonar.
Durante
el siglo pasado dos masacres de pueblos originarios todavía reclaman
justicia. Dos masacres que a pesar de los años transcurridos, aún pugnan por
salir del silencio. Masacres sólo comparables con las ocurridas durante los
sucesos de la "Semana Trágica" y de "la Patagonia Rebelde" o con el terror
vivido durante los años de la dictadura del "proceso". Napalpí y Rincón
Bomba interpelan nuestra conciencia. Pero el genocidio continúa. Sobre todo
de las hermanas y hermanos originarios. Lento, silencioso. Nada es
casualidad. Los terratenientes algodoneros...
VER>
C l á s i c o s e n
v i d e o - Opinión.- Sociedad -
4.07.2010.
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ARGENTINA - REFLEXIÓN DE OSVALDO BAYER.
No existe democracia si hay niños pobres y
villas miseria...
El escritor, historiador y
periodista Osvaldo Bayer, les dio clases de democracia, en su propio
bastión, a los integrantes del programa 6-7-8 autodenominados "La mierda
oficialista" y a su audiencia.
El tema fue sobre las grandes
falencias, en lo social del sistema que lleva a delante el
gobierno de Cristina Fernández.
VER>
C l á s i c o s e n v
i d e o - Opinión.- Sociedad - 19.06.2010.
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ARGENTINA - REFLEXIÓN DE ALEJANDRO DOLINA.
Metáfora histórica llamada "Espejos".
El conductor de radio y escritor
argentino, nos hace ver mediante una inmensa metáfora, la mentira diaria de los medios de
comunicación ...
VER>
C l á s i c
o s e n v i d e o - Opinión.- Sociedad - Año
1990.
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ARGENTINA - MONOLOGO POLÍTICO DE TATO BORES.
El
fallecido conductor cómico Mauricio Rajmín
Borensztein más conocido por Tato, festejaba sus 30 años y 2000 monólogos
políticos en la TV Argentina, y nos da una reseña de los desastres políticos
económicos del país. Para alimentar la memoria.
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C l á s i c o s e n
v i d e o - Pueblos originarios - 18.01.2011.
Homenaje a Melitona Enrique
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ARGENTINA -
MASACRES A COMUNIDAD QOM - NAPALPÍ Y RINCÓN
BOMBA.
No olvidar, no perdonar.
Durante el
siglo pasado dos masacres de pueblos originarios todavía reclaman
justicia. Dos masacres que a pesar de los años transcurridos, aún
pugnan por salir del silencio. Masacres sólo comparables con las
ocurridas durante los sucesos de la "Semana Trágica" y de "la
Patagonia Rebelde" o con el terror vivido durante los años de la
dictadura del "proceso". Napalpí y Rincón Bomba interpelan nuestra
conciencia. Pero el genocidio continúa. Sobre todo de las hermanas y
hermanos originarios. Lento, silencioso. Nada es casualidad. Los
terratenientes algodoneros, los Patrón Costas, hoy son los zares de la
soja. Los mismos intereses. Los mismos asesinos. Nuestros hermanos son
diezmados con exclusión, hambre, falta de atención sanitaria. Su
cultura hoy como ayer, es mancillada y avasallada por quienes se creen
dueños de todo. Los usurpadores de siempre. Porque la justicia es
necesaria, porque el silencio debe terminar publicamos las reseñas
históricas de lo ocurrido en ambas ocasiones. Porque es imprescindible
no olvidar, no perdonar.
Mural que recuerda la masacre en
Colonia Aborigen.
Video con el testimonio de Melitona Enrique, última
sobreviviente de Napalpi. Falleció en 2008.
La masacre de Napalpí.
La amargamente conocida "Conquista del Desierto" llevada a cabo por
Julio A. Roca, Ministro de Guerra del entonces presidente Nicolás
Avellaneda, durante los años 1878 -1879 tuvo como objetivo primario el
exterminio de los pueblos originarios y la apropiación de sus
territorios y la incorporación de las tierras del llamado "desierto" a
la producción capitalista en desarrollo en Argentina.
Durante la presidencia de Roca a partir de 1880 comenzó lo que se
conoce como "Segunda conquista del desierto" llevada adelante por
quien fuera su ministro de Guerra, Benjamín Victorica, que encomendó
la tarea al Gobernador del Chaco Francisco Bosch y y al jefe de
Frontera Norte, Coronel Manuel Obligado. Con la misma política de
exterminio que en sur, los originarios fueron doblegados a sangre y
fuego a pesar de la heroica resistencia. En 1884 la región fue
dividida, merced a la ley 1.532, en dos gobernaciones: la de Formosa y
la del Chaco
La forma de disciplinar a los indígenas fueron tradicionalmente las
reducciones. Los españoles primero, y luego los criollos agrupaban a
los habitantes nativos en un espacio geográfico reducido y limitado
para poder evangelizarlos y utilizarlos en la producción agrícola y
manufacturera, entre otras cosas. Napalpí, creada en 1911 en la
provincia del Chaco, fue una de ellas.
Los Hechos
Para 1924, año en que ocurre la masacre, la mayor parte de los
habitantes de la reducción de Napalpí eran utilizados en la producción
algodonera.
Las protestas obreras comenzaron algunos meses antes del 19 de julio,
las demandas de las comunidades indígenas se centraban en mejores
condiciones de trabajo, pago en moneda y no en "vales", y la defensa
de sus territorios, permanentemente invadidos por "el blanco". La
complicidad de las autoridades políticas facilitó la expansión de las
formas de producción capitalista en el campo chaqueño, y crearon las
condiciones para que en un determinado y reducido espacio, los
empresarios tuvieran la mano de obra indígena a su disposición para
levantar la cosecha.
El reclamo se extendió rápidamente a los campos vecinos. El malestar
indígena venía creciendo desde fines del siglo XIX, debido al
constante atropello patronal. Como en otras provincias el trabajo era
mejor pago, los trabajadores indígenas quisieron emigrar. El
Gobernador chaqueño, Fernando Centeno ordenó entonces la prohibición
de salida de indígenas hacia otras provincias. La mano de obra barata,
casi esclava, quedó así rehén de los terratenientes chaqueños.
El diálogo se hizo imposible y los trabajadores en su mayor parte
originarios comenzaron la huelga. Los medios desataron una feroz
campaña que hablaba del "peligro indio", de cuatrerismo y de posibles
malones. El 12 de julio fracasó la última reunión oficial con los
caciques. La mayoría de las demandas fueron rechazadas por el delegado
del Ministerio del Interior. Ciento ochenta efectivos de la Policía de
Territorios prepararon sus armas para "el combate" final. Era el día
18 de julio de 1924, un día antes de la masacre.
"En la mañana del 19 de julio de 1924, 130 policías y un grupo de
civiles partieron desde Quitilipi hasta Napalpí, a 120 kilómetros de
Resistencia, Chaco. El historiador Favio Echarri reseñó que el
entonces gobernador del territorio chaqueño, Fernando Centeno, había
ordenado: "Procedan con rigor para con los sublevados". Según datos de
la Red de Comunicación Indígena, durante 45 minutos la policía
descargó más de 5 mil balas de fusil sobre la reducción de Napalpí,
palabra toba que paradójicamente significa "lugar de los muertos".
Pedro Solans y Carlos Díaz indican que el total de víctimas fue de
423, entre indígenas y cosecheros de Corrientes, Santiago del Estero y
Formosa. El 90 por ciento de los fusilados y empalados eran tobas y
mocovíes. Algunos muertos fueron enterrados en fosas comunes, otros
sólo quemados. Se estima que lograron escapar 38 niños. La mitad
fueron entregados como sirvientes en Quitilipi y Machagai, mientras el
resto murió en el camino" (www.elortiba.org)
Con el cacique Pedro Maidana, que lideró la lucha, hubo un
ensañamiento brutal. A él y a sus hijos les arrancaron los testículos
y las orejas, los que fueron objeto de exhibición pública.
Algunas familias indígenas escaparon hacia al impenetrable. Un avión
que ya había sido utilizado para identificar las tolderías e
incendiarlas, sobrevoló la zona para señalar a los que escapaban y
ponerlos en la mira del fusil del copiloto. A los que quedaban
heridos, la tropa policial los ultimaba a machetazos o los degollaba.
Muchas mujeres fueron tomadas prisioneras y sometidas. Los bienes
indígenas de la reducción fueron saqueados. La persecución a los que
habían logrado escapar al monte duró meses. La orden: no dejar
testigos.
En enero de 2008, Jorge Capitanich, Gobernador del Chaco, pidió perdón
públicamente a las comunidades indígenas por la masacre. La masacre
hoy continúa. No alcanzan las disculpas.
La
masacre de Rincón Bomba(extracto de un artículo
de Arturo M. Loza- publicado en Ocho de Octubre Pregón Judicial 72,
Año XV - Agosto / Septiembre de 2007).
En marzo de 1947, miles de hombres, mujeres y niños comenzaron la
marcha desde Las Lomitas, en Formosa, hasta Tartagal, en Salta. Eran
braceros pilagás, tobas, mocovíes y wichís. Les habían prometido
trabajo en el Ingenio San Martín de El Tabacal, propiedad del magnate
Robustiano Patrón Costas. Les iban a pagar 6 pesos por día. Eso
justificaba esa caminada de días y noches, más de cien kilómetros con
hambre, cargando penurias y humillaciones. En abril llegaron a El
Tabacal, se instalaron en las inmediaciones y empezaron a trabajar en
la caña de azúcar. A trabajar todos, mujeres y chicos también. Pero
cuando fueron a cobrar llegó la estafa: les quisieron pagar sólo 2,50
pesos por día. Los caciques protestaron. Pidieron un encuentro con don
Robustiano o cualquiera otra autoridad del ingenio. Nadie los escuchó.
Pocos días después, Patrón Costas dio la orden de echarlos sin ninguna
consideración.
Miles de indígenas -se estima que eran 8.000- con escasísimos
alimentos que les dieron pobladores de El Tabacal, emprendieron la
retirada a Las Lomitas. Otros más de cien kilómetros a pie con niños,
ancianos y el hambre que se fue acumulando en cuerpos huesudos y
panzas desnutridas. Se instalaron en un descampado llamado Rincón
Bomba, cercano al pueblo. Encontraron allí no sólo un madrejón que les
proporcionaba agua, un recurso fundamental teniendo en cuenta el lugar
hostil y las elevadas temperaturas, sino también compañía: ahí
asentaban grupos de su misma etnia.
Estaban agotados y enfermos. Recuerdan algunas pocas crónicas de la
época y lo confirman las presentaciones de los abogados García y Díaz,
las madres indígenas recorrían las calles de Las Lomitas y de los
parajes vecinos para pedir un poco de pan. La estafa que había
protagonizado Patrón Costas contra los braceros se fue corriendo de
boca en boca. Por aquel entonces Formosa no era provincia, los
gobernantes eran designados por el poder central, es decir, por el
presidente Juán D. Perón. Los pilagás decidieron formar una delegación
para ir a pedir ayuda. Al frente se pusieron tres caciques, Nola
Lagadick, Paulo Navarro (Pablito) y Luciano Córdoba. Hablaron con la
Comisión de Fomento. Y también con el jefe del Escuadrón 18 de
Gendarmería Nacional, comandante Emilio Fernández Castellano. El
Presidente de la Comisión de Fomento se comunicó con el gobernador de
Formosa, Rolando de Hertelendy, y éste con el gobierno nacional. Al
enterarse, el presidente Juan Domingo Perón mandó inmediatamente tres
vagones de alimentos, ropas y medicinas.
Los tres vagones llegaron a la ciudad de Formosa a mediados de
septiembre. Pero el delegado de la Dirección Nacional del Aborigen,
Miguel Ortiz, dejó los vagones abandonados en la estación tras ser
despojados de más de la mitad de sus cargas. Salieron diez días
después y llegaron a Las Lomitas a principios de octubre. Los
alimentos estaban en estado de putrefacción. Pero aún así los
repartieron en el campamento indígena. Las consecuencias fueron de
espanto: al día siguiente amanecieron con fuertes dolores
intestinales, vómitos, diarreas, desmayos, temblores, por lo menos
cincuenta indígenas murieron, en su mayoría niños y ancianos. Al
principio fueron enterrados en el cementerio de Las Lomitas, luego les
cerraron las puertas y los cadáveres tuvieron que ser llevados al
monte. Cuentan que noche tras noche retumbaban los instrumentos en las
ceremonias mortuorias. La indignación fue lógica. Las crónicas locales
propalaron la versión de que la bronca se convertiría en estallido
contra los habitantes y se infundió miedo.
Los indios denunciaron que habían sido envenenados. El presidente de
la Comisión de Fomento de Las Lomitas, a su vez, fue a hablar varias
veces con el comandante de los gendarmes. Le decía que el pueblo tenía
miedo que los hambrientos los atacaran... Obvio, después de las
muertes por alimentación podrida, este rumor creció. La Gendarmería
rodeó el campamento indígena con cien gendarmes armados y prohibió a
los pilagás entrar al pueblo.
Frente a tanta agresión y desprecio, el cacique Pablito pidió hablar
con el comandante. El oficial aceptó encontrarse en el atardecer, pero
a campo abierto. Allí estuvieron. Era el 10 de octubre. El cacique
avanzó seguido por más de mil mujeres, niños, hombres y ancianos
pilagás con retratos de Perón y Evita. Enfrente, desde el monte
vecino, cien gendarmes los apuntaban con sus armas. Los indios habían
caído en la trampa. El segundo comandante del Escuadrón, Aliaga
Pueyrredón, dio la orden y las ametralladoras hicieron lo suyo.
Cientos de pilagás cayeron bajo las ráfagas. Otros lograron escapar
por los yuyales pero la Gendarmería se lanzó a perseguirlos: "que no
queden testigos", era la consigna de los matadores. La persecución
duró días hasta que fueron rodeados y fusilados en Campo del Cielo, en
Pozo del Tigre y en otros lugares. Luego -señala la presentación de
los abogados-, los gendarmes apilaron y quemaron los cadáveres. Según
la presentación ante la Justicia, fueron asesinados de 400 a 500
pilagás. A esto hay que sumarle los heridos, los más de 200
desaparecidos, los niños no encontrados y los intoxicados por aquellos
alimentos en mal estado. En total, se calcula que murieron más de 750
pilagás, wichís, tobas y mocovíes.
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No existe democracia si hay niños pobres y
villas miseria...
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periodista Osvaldo Bayer, les dio clases de democracia, en su propio
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oficialista" y a su audiencia.
El tema fue sobre las grandes
falencias, en lo social del sistema que lleva a delante el
gobierno de Cristina Fernández.
Dicho programa se emite en forma discontinua
por la TV Pública.
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