Alberto Granado Romero (Hernando, Córdoba, Argentina, 8 de agosto de 1922
– La Habana, Cuba, 5 de marzo de 2011) fue un científico y escritor
argentino.
Los padres de Granado fueron Dionisio T. Granado (un español que
trabajaba en la compañía de ferrocarriles) y Adelina Jiménez Romero. Estudió
Bioquímica, Farmacia, Ciencias naturales, y a los treinta años de edad
decidió dejar su tierra para hacer un viaje sin rumbo fijo por toda
Latinoamérica con su amigo Ernesto "Che" Guevara. La contemplación a lo
largo del trayecto de las constantes calamidades a las que eran sometidos
los sectores más humildes tuvo un efecto determinante en la modelización del
pensamiento político de ambos jóvenes y dejó profundas huellas en la
historia de la segunda mitad del siglo XX.
Recorrido
del viaje de Alberto Granado junto al Ché Guevara en 1952. Dicho viaje ha
sido llevado al cine en la película Diarios de motocicleta, de Walter
Salles (2004). En este film también se puede escuchar la verdadera voz de
Granado, contando algunas anécdotas de la histórica travesía.
Tras el triunfo de los revolucionarios liderados por Fidel Castro se
trasladó a Cuba, y colaboró con su amigo el Che en los preparativos
logísticos de la guerrilla en la provincia argentina de Salta, realizando un
trabajo exploratorio en la zona y reclutando médicos que se necesitaban en
Cuba porque se habían ido más de la mitad de la isla
Alberto Granado (izq.) y Ernesto Guevara
(der.) en la balsa que viajaron en la salida de Perú.
Entrevista, a Alberto. Poco tiempo antes de su fallecimiento.
>"El Che era muy duro.
Con él mismo, más que con nadie"
El amigo del Che Guevara que compartió con él un viaje clave por
Sudamérica recuerda entrañablemente a ese muchacho que, en 1951, "descubrió
que había que luchar, no sólo filosofar".
—Usted ha sido amigo del Che Guevara y compartió muchas experiencias con
él. ¿Cómo juzga la mitificación que se ha hecho de su figura?
—Yo trato de que eso no ocurra, porque se está creando una imagen falsa.
¡Qué vamos a ser como el Che, si él era buen médico, buen mozo, valiente,
inteligente! Imposible ser como él... Era inteligente, pero también muy
trabajador. Y era valiente, pero muchos son valientes y terminan asaltando
bancos. Hay mucha gente valiente y trabajadora, muchos Che Guevara en el
mundo. El Che no es mito, es un hombre que hizo y pagó las consecuencias.
— La película "Diarios de motocicleta" narra el viaje que hicieron usted
y él por Sudamérica. Para el mundo, Alberto Granado es "el amigo del Che".
¿Cómo se ve usted?
—Como un tipo afortunado. Estoy muy orgulloso de ser el amigo del Che. Si el
Che no hubiera sido quien fue, ese viaje habría sido un viaje turístico más.
Yo he tenido la suerte de haber sido fiel a mi forma de pensar y de ser.
Cuba me ha ayudado. Y la responsabilidad de que la gente diga: "Mira, ese es
nada menos que el amigo del Che". Eso te obliga a ser un poco mejor. En Cuba
consideran que el Che y yo somos algo así como un símbolo de la amistad.
— ¿Qué es lo primero que recuerda cuando piensa en él?
—Su aspecto sarcástico. Ahora estaría diciendo: "Pero mira que hablas
macanas, Petiso". Para tomar algunas decisiones no puedo dejar de pensar en
él, porque éramos muy parecidos en la forma de reaccionar frente a las
injusticias y las desigualdades. Era muy firme en sus convicciones. Y tan
drástico... Cuando venía un tipo que él creía que iba a chuparle las medias,
me hubiera gustado que fuera más suave. Pero no, hubiera dejado de ser
Ernesto Guevara.
—¿Cómo reaccionaba?
—Por ejemplo, durante nuestro viaje —está relatado en la película— cuando el
doctor Pesce en Perú le pide opinión sobre el libro que había escrito, y
Ernesto le dice que era una porquería, podría haber sido más suave.
Imaginate la bronca del profesor. No hay que endiosar a Ernesto, se lo va
lavando mucho. Hay que recordar también sus cosas negativas. En la película,
quise evitar que hicieran de Ernesto un cowboy del Oeste, que todo lo hacía
bien.
Mi hermano menor, Tomás, que era su compañero, me contó que una vez hablaban
sobre García Lorca con el profesor de Literatura, en cuarto año del
bachillerato. El profesor dijo mal un verso y Ernesto le lanzó: "Para qué
vamos a hablar, si usted no se sabe ni los versos"
— ¿Era duro?
— Sí, duro, muy duro. Consigo mismo más que con nadie. Se daba cuenta si se
le había ido la mano, pero por eso no dejaba de ser duro. Cuando era
ministro, los muchachos de la escolta le agarraron el auto y salieron a
levantarse un par de minas. Como era un auto del Estado, el Che usó su mano
de hierro y les aplicó su propia ley. Les daba donde más les dolía, que era
dejarlos sin comer y en calzoncillos para que pagaran sus fechorías.
— En 1960, al reencontrarse en La Habana, ¿el Che le propuso que se
quedara a vivir en Cuba?
— No podía proponer mucho, porque él sabía que se iba. Así que no podía
decirme "vení, Petiso, vamos a trabajar juntos". En la carta que me manda en
abril del 59 me dice que quería verme; ahí ya me di cuenta de que Ernesto
era un hombre de Estado. Y me fui a Cuba, donde vi que yo podía ser muy
útil. Además me enamoré del proyecto de Fidel. Cuando Fidel habló el 26 de
julio del 60 en la Sierra Maestra, todo lo que decía era como si lo hubiera
estado pensando yo. El Che, cuando se despide de mí, me deja un libro, donde
me escribe "te espero". El sabía que si hubiera habido una Bolivia o un
Congo liberados, habría podido contar conmigo en lo que yo sé: desde
organizar un equipo de fútbol hasta una escuela de bioquímica.
— ¿Cuándo fue la última vez que lo vio?
— En octubre del 64, sin saberlo. Pero me dio cierta pista. Le dije "me voy
a dar el gusto de invitarle un trago a un ministro". Abrí una botella de
ron, nos servimos y le digo "vos sabés, Pelao, que de todos mis vicios
pequeñoburgueses, hay dos que no me los puedo quitar: el deseo de viajar y
el gusto de un buen trago". Y me contestó: "Mirá, Petiso, vos sabés que el
trago nunca me interesó, y en cuanto a viajar, si no es con una metralleta
tampoco me interesa".
— ¿Cómo supo de su muerte?
— Cuando lo asesinan me llamaron para identificar las fotos. Los cubanos no
podían creer que lo hubiesen matado. Uno me decía que con esos bracitos
flacos, cómo iba a ser el Che, con la fuerza que tenía. Pero yo sabía que él
tenía esos bracitos, lo cachábamos desde joven por eso. Fue uno de los
momentos más difíciles de mi vida.
— ¿Usted le decía Ernesto o Che?
—En la intimidad, yo le decía Pelao, apodo que tenía antes de que lo
conociera, de cuando se cortó el pelo al rape. Si lo iba a buscar preguntaba
por el comandante o el Che.
— Viajó por muchos países para presentar la película, pero a EE.UU. ¿lo
dejaron entrar?
— Tenía que ir a Sundance, el centro que tiene Robert Redford, el productor
de "Diarios...". Lo que pasa es que en el año 1946 o 1947 firmé una
declaración contra la bomba atómica, contra McCarthy; por eso es muy difícil
que me dejen entrar a Estados Unidos. Además pedimos la visa desde Cuba. No
me dijeron que no, pero nunca me la otorgaron y así se pasó la fecha.
— ¿A la Argentina ha vuelto muchas veces?
— Sí. Estuve en el 62; después no pude venir más hasta el 73, cuando
eligieron a Cámpora. Yo estaba en Chile, gobernaba Allende, había trabajado
con los chilenos en genética molecular y queríamos hacer un intercambio con
la Universidad de Valparaíso. Fue en setiembre, unos días antes del golpe.
Yo no tenía que ver con las guerrillas, pero conocía a Massetti, el líder de
la primera guerrilla guevarista en el norte argentino. La Policía Federal
sospechaba de mí y cada vez que venía me ponían un tipo atrás. Iba a visitar
amigos, me iba y al rato caía la Policía. "No visites a nadie que estás
asustando a medio mundo", me decían. Era todo imaginación de la Federal. Jon
Lee Anderson, el autor de una extensa biografía del Che, dice que yo vine a
reclutar gente.
— ¿Y a qué vino?
— A buscar médicos. Fue en el 62, porque la mitad de los médicos, unos
3.500, se habían ido de Cuba. Convencí a algunos médicos para que fueran a
ayudar. Algunos hicieron un gran papel. Desde los 80 vine varias veces. Soy
cordobés, me gusta mucho Córdoba y tengo muchos amigos allá. Nunca he dejado
de ser argentino. Este es el país que me formó como científico, como
profesor. Alguna gente me pregunta por qué no me hago cubano. Y digo que si
para morir por Cuba y su revolución hay que ser cubano, yo me hago cubano.
Pero si puedo hacerlo sin dejar de ser argentino, para qué voy a renunciar.
— ¿Se iría de viaje de nuevo con el Che?
— Sí, con un tipo como ése, yo salgo a cualquier parte.
— ¿Qué cambió aquel viaje en sus vidas?
—Ahí al Che le nació la idea de que había que meterse en la cosa. No sólo
filosofar, sino hacer, luchar. Ahí el Che se dio cuenta de que la vía era la
toma del poder por las armas. Y después se encontró con Fidel, que creía lo
mismo. El viaje hizo más objetivo lo que habíamos leído. La explotación del
cobre, o esa pareja de mineros que viajaban por necesidad de comer, no como
nosotros que lo hacíamos por conocer, nos abrió un mundo.
—¿Lo extraña a Ernesto?
—Sí, sobre todo en momentos de duda. Cuando me pregunto qué hacer, si lo
cobraré o se lo entregaré al Estado.
—¿Qué cosa?
—Mi libro "Con el Che por Sudamérica". Si lo publicaba en la Argentina me
daban 2 o 3 mil dólares por lo menos. En Cuba, 2 o 3 mil pesos cubanos. "Lo
voy a mandar para Buenos Aires", pensaba. Pero después, ¡qué carajo!, cedí
los derechos a la agencia literaria de Cuba. No son muchos los momentos de
duda, pero en ésos, tener a alguien como el Che...
—¿Qué le hubiera dicho él?
—No seas pelotudo, Petiso. ¿Te vas a vender por 2 mil dólares?
Un patriarca sin solemnidad
A los 82 años, sentado en silencio en un sillón, bastón de madera en mano,
Alberto Granado muestra una imagen de patriarca a la que contribuyen ese
pelo blanco, las huellas de una vida en el rostro y el aura de simbolizar la
amistad con el guerrillero más famoso del mundo, Ernesto Che Guevara.
Pero lo primero que desmiente Granado es la solemnidad. Nada más alejado del
carácter de este cordobés de acento indefinido, corazón alegre y ojitos que
brillan con picardía.
Granado viajó mucho en los últimos meses. Primero para presentar "Diarios de
motocicleta", de Walter Salles, que él asesoró, basada en su viaje con el
Che, en la que el actor Rodrigo de la Serna hizo su papel y el mexicano Gael
García Bernal, el del Che. Luego, viajó por el documental que de ese filme
hizo Gianni Miná, "Tras las huellas del Che".
Vive en Miramar, cerca de La Habana, con su esposa Delia, cinco hijos y tres
nietos: "Somos trece, vivimos juntos pero no revueltos", aclara.
El ya célebre viaje por Sudamérica empezó en diciembre de 1951, a bordo de
"La Poderosa", una Norton del 39. Granado tenía 30 años y el Che, 23. Nueve
meses después se separaron en Venezuela, cuando el Che regresó a Buenos
Aires a dar sus últimas materias de Medicina. Granado, que ya era
bioquímico, consiguió trabajo en un hospital. Conoció a Delia y se casó. En
1960, después de la Revolución, los amigos se reencontraron en La Habana.
Señas particulares
Argentino, 82 años. Bioquímico graduado en la Universidad Nacional de
Córdoba. Vive en La Habana desde 1960, donde dirigió un departamento de
Genética hasta que se jubiló, en 1994. A los 20 años se hizo amigo de
Ernesto Guevara, seis años menor. El deporte y la literatura fue lo primero
que los unió. "Diarios de motocicleta", una película que compitió en Cannes
este año, recuerda su viaje con el Che por Latinoamérica.
Charla con Granado, realizada por la gente del Cuarto
Patio.
Noticia
- 7.3.2011.
>CUBA -
ADIÓS AL GRAN AMIGO DEL CHE - NOTA CON VIDEO.
Falleció en la Habana Alberto Granado.
El
argentino Alberto Granado, el hombre que acompañó a Ernesto "Che" Guevara en
su viaje por motocicleta en América latina, falleció el sábado de muerte
natural a los 88 años.
La televisión estatal cubana
informó ayer en una nota leída por el presentador del noticiero central que
Granado, "entrañable amigo del Che, falleció repentinamente".
"Fiel amigo de Cuba,
contribuyó a la formación de profesionales de la medicina y la genética en
Cuba", donde se radicó desde marzo de 1961, indicó el parte oficial.
"El Petiso", como lo llamaba
Guevara, lo acompañó en un largo viaje en motocicleta desde el 29 de
diciembre de 1951 al 26 de julio de 1952.
Las cenizas de Alberto Granado serán
esparcidas entre Cuba, Venezuela y Argentina, para así cumplir con su deseo
que dejo escrito a sus familiares.
Emotiva despedida en Cuba al médico
Alberto Granados.
Informe de teleSUR:
Emotiva despedida en Cuba al médico Alberto... por teleSUR_tv