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Opinión - Historia personal. 24.11.2011.
> ARGENTINA - REVENTÓ UN TIRANO-SAURIO. MURIÓ ANTONIO DOMINGO BUSSI.
Y me obligaron a ser su guardia personal...
Por Edgardo Colombo Semino.
Obligado por una vieja ley creada por otros tiranos-saurios de tiempos pasados. Según ellos los ciudadanos debíamos sentir orgullo de cumplirla, a los diez y ocho años de edad. Dicha legislación tenía el nombre de Servicio Militar Obligatorio para todos aquellos ciudadanos de sexo masculino argentinos o por opción. (Popularmente conocida como conscripción o "colimba"). Originalmente esta ley era para los ciudadanos que cumplían sus veinte años de edad, pero la nula inteligencia para organizar grupos para la "defensa de la Patria" de los oficialotes de las Fuerzas Armadas Argentinas, los obligó a pasar de esa edad a los soldados conscriptos, a los diez y ocho años, porque de esa manera los podían dominar más fácilmente. Estos tiranos-saurios, no sabían ni que letras llevaban las siguientes palabras: estrategia de guerra y recursos humanos. Así lo demostraron en Malvinas años después. Nacido este humilde servidor (quien escribe) en diciembre de 1961, cumplí los diez y ocho años de edad en 1979. Me tocó en el número de sorteo el 231, hasta el 220 no hicieron la "colimba" ese año. Por doce, sólo por doce números, mi país y sus tiranos-saurios, me obligaron a desperdiciar trece meses y doce días de mi vida, haciéndoles de sirviente gratuito a todos estos generalotes, corruptos, asesinos. Otra cosa habría sido, si hubiera tenido que servir a la Patria en el Ejército del Norte al mando del General Manuel Belgrano haya por 1814. En ese momento si que hubiese ido orgulloso a sacar de nuestras tierras a los colonialistas españoles. Pero no tuve la suerte de nacer en 1795. En esas épocas ser soldado era poseer pasión y estar al mando de un General y un hombre que fue y es un ejemplo para nuestra historia y la de todo el mundo. Pero en 1979, éramos solo "colimbas", es decir sirvientes de unos imberbes apátridas asesinos, que lo único que hacían bien era desaparecer, secuestrar, torturar y asesinar a personas con las manos atadas, si eran mujeres violarlas y a los bebes robarlos. Aberraciones que en ese momento yo desconocía por completo. Y que un soldado conscripto como yo, declararía en un juicio años después: “Bussi ha agarrado con una manguera a garrotear hasta que los ha muerto. Los ha muerto a esos dos personalmente”. Lo de "colimba" quiere decir: co: corra, lim: limpie, ba: barra. A esta lamentable "sigla" nos sometían a los soldados conscriptos y a ello se reducía el concepto que los generalotes y el resto de oficialotes de las tres Fuerzas Armadas de Argentina tenían para nosotros. Ya creía que había pasado lo peor de mi servicio militar, porque las primeras épocas fueron funestas. Plena dictadura. Considerado un soldado viejo, los tratos eran un poco menos peor. Pero no sabía lo que aún me esperaba, la frutilla del postre llamada Bussi. Con casi nueve meses dentro de ese despreciable cuartel de la Compañía de Policía Militar 101 (PM). Donde fui a caer porque no porque me agradara ser alcahuete, sino porque en la cola de la revisasión medica, apareció un cabito de un metro treinta de altura, y eligió de esa fila a los que mediamos más de un metro noventa de estatura. Nos puso aparte de la fila y nos dijo: Los que quieren quedarse en Buenos Aires vengan con migo. sin más explicación. Y sin saber y por las dudas, agarre viaje. De alguna manera emboqué en el hoyo, porque después me enteré que los de la fila donde me encontraba fueron a parar a Puerto Madrid, a unos mil kilómetros al sur de esta ciudad porteña, donde yo vivía y vivo. Ese mismo cabito, de nombre Pacheco, un ejemplar, si los hay, de petizo fanfarrón, cuando entramos al portón de al lado, de donde estábamos, nos hizo formar una fila, y a uno por uno nos habló de manera despectiva y provocadora. En lo personal me tuve que aguantar que este proyecto de hombrecito liliputiense, me ponga su pera en la boca de mi estomago, mirando para arriba para encontrar mis ojos y me diga: "Desde ahora usted va a hacer lo que yo le mande". No se donde estas hoy Pacheco, pero te aseguro que me gustaría que vengas e intentes hacer lo mismo ahora, te podría explicar cuantos pares son tres botas, miliquito de cuarta. Cabe destacar que la P M tenía dentro de las consignas asignadas enviar al Primer Cuerpo de Ejercito doce soldados a diario, para custodiar toda la repartición. Corría el mes de diciembre del año 1979, entonces cada fin de año cambiaban los destinos de oficiales y sub oficiales. El comando en jefe del ejército se llevó al General Montes de la comandancia del Primer Cuerpo de Ejercito, y trajo en su reemplazo al General Antonio Domingo Bussi. Para mí en ese momento era lo mismo un tirano-saurio que otro. Pero me equivoque. El Primer día de asumido el cargo por Bussi, yo estaba de recorrida por el inmenso cuartel del comando, y caminando por allí, cumpliendo con mis consignas, voy a la Plaza de Armas, (así se le llama a el lugar donde se encuentra el mástil y se iza, previa formación de tropa, la Bandera Nacional a diario). Y me encuentro con un cuadro extremadamente fuera de lo común. Había una formación de tenientes coroneles, coroneles, etc. Todos los oficiales con grados más altos estaban formados y firmes, como lo que eran, soldaditos de plomo y al frente de la formación el General Bussi, "recagandolos" a gritos. Y de repente comenzó a hacer lo que hizo el cabo Pacheco cuando entramos al cuartel de la PM. Se puso delante de cada uno de los oficiales, y a uno por uno les pasó revista de presencia y uniforme. Al cabo de unos quince minutos ya le había dado de tres a diez días de arresto a unos veinte altos oficiales. Yo parado a unos metros, duro como rulo de estatua, me dije a mi mismo, lo que nos espera a los soldados rasos. Entonces haciéndome el idiota, me fui despacito del lugar, haber si me ligaba un arresto también. A partir de ese día todo cambió en el comando (así lo llamábamos) todos los demás que estaban de bajo de Bussi, oficiales y sub oficiales, pusieron en practica la más estricta disciplina militar y nosotros que no éramos de allí, la ligamos de rebote. Uno de los puestos consignados a la PM era el del despacho del Comandante. Entonces había que estar parado, durante varias horas frente a la puerta del despacho de este déspota. Ponerse en posición de firme y hacer saludo uno (más conocido como veña) cada vez que entraba o salía de su oficina. Con Montes jamás tuve un problema y nunca me llamo, nunca molestaba. Pero a partir del día que vino Bussi, cada rato escuchabas sus gritos, con una voz que la alimentaba comiendo tachuelas y viruta de acero al desayuno, desde su despacho: ¡SOLDADO POLICÍA MILITAR, VENGA! Y allí iba el sirviente, -un servidor- entraba y a los gritos le contestaba: ¡ORDENE MI GENERAL! Y guarda con tener las botas mal lustradas o torcido medio centímetro el cuello del uniforme, porque eso significaba de quince a treinta días de arresto. ¡LÚSTREME ESAS BOTAS! Y como un perrito obediente a lustrarle las botas, al rato la misma perorata: ¡VAYA A BUSCAR TAL COSA... RÁPIDO! ordenaba el gusano. Capaz me mandaba al otro lado del edificio y tenía como quinientos metros de ida y otro tanto de vuelta, y hacer el tramite me llevaba media hora y este delirante pretendía que lo haga en cinco minutos. Una vez me pasó que iba a tanta velocidad bajando las escaleras que cuando doblo en el segundo piso, si mal no recuerdo, me lleve por delante a un coronel y lo desparramé por las escaleras. Lo levanté, no le di tiempo a decirme ni "mu" y seguí corriendo. Más tarde me presente ante el coronel siniestrado y le pedí disculpas, le explique el porque de mi carrera. Por suerte me entendió y no me metió preso. Después de conocerlo personalmente a Bussi, cuando lo ví en 2008 por TV, en el momento que estaban enjuiciándolo por sus crímenes de lesa humanidad cometidos en esa época, haciéndose el enfermo, con tubo de oxigeno incluido, para dar lastima, me di cuenta que este no era un general, sino un simple cobarde que no tenía cojones suficientes para hacerse cargo ante un tribunal de justicia por todas las aberraciones que cometió. Y recuerdo que en esa época se hacía el machito. Cosas que se cruzaron por mi cabeza escuchando las declaraciones de los sobrevivientes en ese juicio y sin ser yo un asesino, pensé que cuando aquel inexperto soldado que fui, entraba a su despacho, portaba una pistola calibre11.25 en mi cintura, lo tenía a dos metros a este gusano y se encontraba desarmado. Volviendo a 1979, hacia quince días más o menos que estaba el nuevo comandante, y de repente en la entrada principal del edificio del Comando del Primer Cuerpo, que daba por la avenida Santa fe, comenzaron a hacer unas obras. Y yo no entendía que era, porque el salón de recepción se fue transformando en algo parecido a un calabozo. Recuerdo que se entraba al recinto y a la derecha cavaron dos fosas como de un metro de profundidad, dos de largo y unos ochenta centímetros de ancho. Y a la izquierda unas rejas del tipo de las que hay en las cárceles. El piso ya no era del lujoso y antiguo mosaico brilloso, sino que de tierra y desparejo. Casi terminada la obra le pregunté a uno de los albañiles (otro colimba sirviente obligado a realizar los caprichos de los tiranos-saurios), que estaban haciendo y que significaba eso. El me contestó: "Es el Museo de la subversión". Menos que antes entendí. Cuando lo inauguraron Bussi dijo en su discurso que: "así eran los lugares donde los "subversivos" tenían en cautiverio a los soldados y oficiales de la Patria en Tucumán". Yo en verdad con mis escasos diez y nueve años, no entendía absolutamente nada y ni sabía que este generalote había estado designado en nuestra Provincia de Tucumán. Pasados los años supe que ese "museo" mostraba lo que exactamente -los militarotes- les hacían a los ciudadanos civiles, no sólo en Tucumán, sino que en el resto del país en los centros clandestinos de desaparición de personas. Y que fue la razón por la cual Bussi y tantos otros genocidas terminaron sus espurios días condenados a prisión perpetua. Mucho más es lo que podría contar sobre esos seis meses que me tocó estar cerca de este, hoy fallecido general de nuestra Nación que utilizó, recursos de todo tipo del estado para asesinar a decenas de ciudadanos y enriquecerse. El 14 de abril del año1980, me fui de baja del ejército, y nunca más me acerque a esos despreciables lugares. Unos años después e este generalote ya en retiro, el Pueblo de Tucumán le otorgo con su voto popular el puesto de, nada menos que gobernador de esa provincia. En ese momento no entendía como eso sucedió, hasta que hace unos años me di cuenta que la mayoría de ese electorado tucumano poseía y aún lo hará, las mismas ideologías que este genocida. Y que la señora Isabel Martínez de Perón, peronista ella y presidenta de los argentinos en el año 1974 era igual que él, es decir llevaba a cabo desde su gobierno idénticas ideologías, cuando mandó al General Bussi a reprimir a Tucumán, y este armó el tristemente celebre "Operativo Independencia", que como sabemos comenzó en pleno gobierno "democrático",... va, apenas votado por el Pueblo, porque eso de democracia tenía mucho de nada. Peronistas al fin. Para terminar, la cosa fue que por la obligación de cumplir esa ley antes descripta, este hijo de un obrero decente y laburante como pocos, que sólo era a mis diez y ocho años un pibe de barrio, preocupado por estudiar y ganarme las monedas, el mango, tuve que revolcarme durante más de un año entre toda esa mugre de déspotas y asesinos, sin tener arte ni parte en todo ese desastre. Estuve cerca de un literal asesino de nombre Bussi, quien poco tiempo antes; publica hoy la portada del diario de Buenos Aires Pagina/12: "cada quince días, llegaba por la noche al Arsenal Miguel de Azcuénaga. Donde los detenidos desaparecidos estaban atados con cables, los ojos vendados y de rodillas frente a un pozo recién excavado. Se hacía presente con su uniforme de campaña y con el casco debajo del brazo. Daba la orden de disparar al mismo tiempo que apretaba él mismo el gatillo a pocos centímetros de la nuca de la primera víctima. Así, por ejemplo murió Ana Cristina Corral, de 16 años, que había sido secuestrada en su casa de San Miguel de Tucumán". ¿Que bien la ligue yo, no? Que lo parió. Con que derecho, con que autoridad moral, unos militarotes, empleados de los Martínez De Hoz y compañía, que asaltaron el poder en forma ilegal de nuestra República nos obligaron a ciudadanos inexpertos, inocentes y desprevenidos de apenas diez y ocho años a portar armas, a convertirnos en sirvientes, a denigrarnos, a faltarnos el respeto, y hasta en muchos casos torturar y asesinar a soldados conscriptos. Para ponerle el broche de oro a todo esto, dos años después a llevarlos a una guerra en contra de la OTAN. Muy parecido a la maquina de picar carne que refleja la película The Wall. (El muro.) Por suerte más tarde tomé conciencia, descubrí que fue lo sucedido en esas épocas oscuras y hoy puedo contárselo a ustedes mis queridas amigas y amigos. Mi más absoluto repudio a Bussi, que su dios lo tenga en la gloria, bien agarrado, y no lo suelte jamás. Y que ¡NUNCA MÁS! este tipo de militarotes fascistas conservadores, traidores a la Patria puedan llegar a gobernar esta Argentina, ni a ningún país de nuestra amada América Latina. De nosotros eso depende. Nota: No es mi costumbre poblar de tantos adjetivos mis escritos, y si los utilicé en esta ocasión es porque estos recuerdos, en verdad me sacan de mis carriles, y les pido disculpas a las lectoras/es. |
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