Un
fiscal pidió detener a los tripulantes del vuelo del que fueron arrojadas al
mar la fundadora de Madres de Plaza de Mayo, Azucena Villaflor, y la monja
francesa Léonie Duquet. Fue en un Skyvan de Prefectura el 14 de diciembre de
1977, dos horas después del montaje en la ESMA para adjudicar el secuestro a
Montoneros.
El 14 de diciembre de 1977 entre las siete y las ocho de la tarde un
secuestrado de la ESMA fotografió a Alice Domon y Léonie Duquet con un
cartel de Montoneros de fondo y un ejemplar de La Nación en primer plano. La
imagen de las monjas francesas, ideada por el capitán Jorge Acosta para
desviar las miradas que se posaban sobre la Armada, es la última prueba de
vida del grupo de Madres de Plaza de Mayo y familiares de desaparecidos
secuestrados en la iglesia de la Santa Cruz. A las 21.30 de aquel miércoles,
día habitual de “traslados” en la ESMA, el Skyvan PA-51 de Prefectura Naval
Argentinadespegó desde el aeroparque Jorge Newbery. Según la planilla del
vuelo no transportó pasajeros, voló tres
Alice Domon y Léonie Duquet.
horas y diez minutos, y, sin escalas, regresó al punto de
partida. Seis días después aparecieron en playas de San Bernardo y Santa
Teresita los restos de Duquet, que en 2005 identificó el Equipo Argentino de
Antropología Forense. El uso de los Skyvan está denunciado desde 1983 y es
el avión del que estuvo a punto de caer Adolfo Scilingo mientras arrojaba
prisioneros al mar. A partir de documentos obtenidos por el fiscal federal
Miguel Osorio y del trabajo de la Unidad Fiscal de coordinación y
seguimiento de causas de lesa humanidad de la Procuración General de la
Nación, que permitió por primera vez identificar un vuelo de la muerte
concreto, el fiscal Eduardo Taiano pidió ayer la detención e indagatoria de
los tripulantes del Skyvan: Enrique José De Saint Georges, Mario Daniel Arru
y Alejandro Domingo D’Agostino. La decisión sobre sus futuros depende del
juez federal Sergio Torres, que a más de tres lustros de la confesión de
Scilingo todavía no indagó al abogado Gonzalo Torres de Tolosa, el superior
que le acercaba a las personas drogadas para arrojar al vacío. Ayer al
mediodía, a pedido de PáginaI12 y con el fin de evitar una nueva fuga en la
causa ESMA, la fiscalía informó al juzgado de Torres que Arru debía volar a
las nueve de la noche rumbo a Madrid como comandante de un Boeing 747 de
Aerolíneas Argentinas.
Veintiocho años no es nada.
El primer
testimonio sobre los Skyvan lo aportó en marzo de 1983 el inspector Rodolfo
Peregrino Fernández, ex ayudante del general Harguindeguy. “Escuché al
teniente de navío Norberto Ulises Pereiro afirmar que se utilizaban aviones
de la Prefectura Nacional Naval para el transporte y lanzamiento en altamar
de prisioneros políticos secuestrados”, dijo. “Estos aviones, de fabricación
irlandesa, de buena capacidad de carga, y con una rampa en la parte trasera,
cuya marca no recuerdo, resultan apropiados para la misión encargada”,
precisó. El marino le contó “que un prisionero había arrastrado en su caída
al vacío al suboficial encargado de su eliminación”. El contraalmirante
retirado Pereiro era piloto de los L-188 Electra, el otro avión que la
Armada usó para desaparecer enemigos. Fue agregado naval en Washington
durante el menemismo y es el actual vicepresidente de la Sociedad Militar
“Seguro de Vida”.
La segunda denuncia, sobre la que el Poder Judicial tomó nota la semana
pasada, está en Conadep desde enero de 1984. Es una carta firmada por la
“oficialidad joven y no corrupta de la Prefectura Naval” sobre camaradas que
“actuaron en la represión antisubversiva dentro y fuera de la ESMA”, que
recibió el ministro del Interior de Alfonsín, Antonio Tróccoli. La nota
ratificó el dato sobre los Skyvan y señaló a un responsable directo:
“Hilario Ramón Fariña. Prefecto general --aviador-- era quien se encargaba
de tirar desde los aviones Skyvan al mar a la gente secuestrada y torturada
en la ESMA”, precisa el escrito. Fariña tiene hoy 82 años, 35 impune.
Entrevistado por PáginaI12, negó los vuelos y luego relativizó: “De todo lo
que se dice habrá un cincuenta por ciento de verdad y otro cincuenta de
fantasía”.
“La tripulación normal”.
Scilingo confesó en 1990, en una carta al dictador Videla, su participación
en dos vuelos, ambos desde aeroparque. “El primero, con trece subversivos, a
bordo de un Skyvan de la Prefectura”, apuntó. Cinco años después relató la
historia. “El sistema para eliminar a los elementos subversivos era
orgánico. Mover aviones no los mueve una banda sino una fuerza armada”,
explicó. En un pizarrón del casino de oficiales de la ESMA leyó los nombres
de los verdugos. Vio cuando adormecieron a los secuestrados, cuando los
cargaron al camión y luego al avión. Subió con su jefe, el “teniente Vaca”,
a quien luego identificó como Torres de Tolosa. “Estábamos tan convencidos
que nadie cuestionaba, no había opción. La mayoría hizo un vuelo, era para
rotar gente, una especie de comunión”, aclaró, y categorizó victimarios:
oficiales superiores, suboficiales, médicos que daban la última inyección en
vuelo e “invitados especiales” que daban “apoyo moral”.
“Al salir de Aeroparque se daba un plan de vuelo: la base aeronaval de Punta
Indio. Al llegar a Punta Indio se enfilaba mar afuera”, relató. “Se los
desvestía desmayados y, cuando el comandante daba la orden en función de
donde estaba el avión, se abría la portezuela y se los arrojaba desnudos,
uno por uno”, dijo. “En el Skyvan por la portezuela de atrás, que se abre de
arriba hacia abajo. Es un gran portón pero sin posiciones intermedias. Está
cerrada o está abierta, por lo cual se mantiene en posición de abierta. El
suboficial pisaba la puerta, una especie de puerta basculante, para que
quedaran 40 centímetros de hueco hacia el vacío. Después empezamos a bajar a
los subversivos por ahí. Yo, que estaba bastante nervioso, casi me caigo y
me voy por el vacío”, contó.
--¿Qué personal naval iba en cada vuelo?
--En la cabina iba la tripulación normal del avión.
--¿Y con los prisioneros?
--Dos oficiales, un suboficial, un cabo y el médico. En mi primer vuelo, el
cabo de Prefectura desconocía totalmente cuál era la misión. Cuando se da
cuenta entra en una crisis de nervios. Se puso a llorar. No entendía nada,
se le trabucaban las palabras. Eso me puso nervioso. Le empecé a explicar y
le dije que hable con los pilotos. Yo no sabía cómo tratar a un hombre de
Prefectura en una situación tan crítica. Al final lo mandan a cabina. El
Skyvan es una gran caja, con la cabina separada.
El Estado bobo.
El juez Sergio Torres está a cargo de la causa ESMA desde 2003, cuando la
confesión de Scilingo se conocía en todo el mundo. La investigación sobre
los vuelos, sin embargo, nunca se activó. En 2005 el juez Julián Ercolini
declinó su competencia para investigar la confesión del capitán Emir Sisul
Hess, quien relató que los secuestrados caían “como hormiguitas”, y se la
envió a Torres, que recién acusó recibo cuatro años después, cuando
PáginaI12 publicó la historia. Su procesamiento fue confirmado pero el juez
no avanzó contra sus superiores. En el caso del teniente Julio Poch, el
impulso de la investigación no fue de jueces argentinos sino del Reino de
los Países Bajos. Sus superiores siguen impunes, igual que el suboficial
Rubén Ricardo Ormello, autor de la tercera confesión judicializada, que
PáginaI12 informó en 2009. Torres tampoco indagó a los aviadores y técnicos
aeronáuticos condecorados por Massera por su actuación en “operaciones de
combate” (sic) como miembros del Grupo de Tareas 3.3, capitanes Hugo Roberto
Ortiz, Guido Paolini y Rodolfo Alberto Bogado. Hasta el imputado Carlos
Capdevila renegó por la indiferencia de Su Señoría ante los datos precisos
sobre represores que aportó el médico de la ESMA. “Mi colaboración no ha
sido tenida en cuenta”, lamentó.
El disparador de la investigación sobre los Skyvan fue un informe de la
periodista Miriam Lewin, sobreviviente de la ESMA, quien filmó en Estados
Unidos uno de los cinco aviones que Prefectura usó durante la dictadura.
Lewin volvió al país con una copia del “Historial técnico de vuelos”, que
acompaña al aparato hasta el fin de sus días e incluye información valiosa
como apellido del comandante, fecha, procedencia, destino y duración de cada
vuelo. A fines de 2009 los datos ya estaban en el juzgado de Torres, abocado
desde hace quince meses a conseguir una copia certificada de los documentos.
No menos frustrante fue la respuesta del entonces ministro de Seguridad,
Justicia y Derechos Humanos, Julio César Alak, al pedido de PáginaI12 de
tomar vista de los legajos de los pilotos: lo rechazó sin explicitar
motivos, contrariando la política oficial de promover las investigaciones
sobre el terrorismo de Estado.
Tras la emisión del informe en Canal 13, el fiscal federal Miguel Osorio,
que investiga traslados de secuestrados en el marco de la causa Plan Cóndor,
le tomó testimonio a la periodista, analizó las irregularidades que surgían
de los registros y solicitó a Prefectura la documentación sobre los Skyvan.
A diferencia de la Armada, reticente a entregar las planillas de los Electra
pese a las intimaciones de Osorio, Prefectura aportó 2.758 planillas de
vuelos registrados entre 1976 y 1978, que además de la información del libro
del avión incluyen datos imprescindibles como horarios, tripulación y
finalidad.
Del estudio y la búsqueda de un correlato documental de los vuelos de la
muerte se ocupó la Unidad Fiscal de coordinación de causas de lesa humanidad
de la Procuración. Los registros se volcaron en un cuadro para visualizar
regularidades y excepciones. En base al relato de Scilingo y a la velocidad
de los Skyvan, se seleccionaron vuelos de más de dos horas y media.
Descartados aquellos con destinos que la justifiquen, surgió que el despegue
y aterrizaje de los restantes siempre tuvo lugar entre aeroparque y la base
aeronaval de Punta Indio. El dato es sugestivo: los dos vuelos que confesó
Scilingo partieron desde aeroparque. En su libro “Por siempre nunca más”,
agregó que “todos los ‘traslados’ tenían como plan de vuelo Punta Indio pero
sin aterrizar”. La duración es aún más llamativa: los 40 o 50 minutos que
tardaba un Skyvan para unir ambos puntos se extienden según los registros
hasta cuatro horas y media, al límite de la autonomía del avión. Por último
se considera la nocturnidad y la finalidad apuntada.
Los vuelos que sortean todos los filtros y en los que se menciona a
aeroparque como punto de partida y llegada son once en tres años. En ninguno
se registraron pasajeros. Diez tienen por finalidad la “instrucción”. Sólo
uno, el del 14 de diciembre de 1977, tiene un objetivo diferente:
“navegación nocturna”. Según la planilla de vuelo, el PA-51 voló tres horas
y diez minutos, sin pasajeros, al mando de De Saint Georges, Arru y
D’Agostino. Los primeros se fueron de Prefectura al año siguiente y vuelan
tres veces por mes a Madrid como comandantes de vuelos de Aerolíneas
Argentinas. D’Agostino, retirado en servicio, es jefe de la división
Veteranos de Guerra de Prefectura. Diecisiete días después del vuelo con el
grupo de la Santa Cruz un superior elogió el “dominio de sus reacciones
emotivas” y aseguró que “aún en situaciones críticas se mantiene sereno”.
ARGENTINA
- LA HISTORIA DEL GRUPO DE LA SANTA CRUZ.
De la Huevera al Skyvan
Por Diego Martínez.
A mediados de 1977, a poco de las primeras rondas de Madres de Plaza de
Mayo, el capitán Jorge Acosta, jefe de inteligencia del Grupo de Tareas 3.3
de la ESMA, le ordenó a Alfredo Astiz infiltrarse entre los familiares de
desaparecidos. El teniente se presentó como Gustavo Niño y se adosó a
Azucena Villaflor, a tal punto que varios pensaron que era su hijo. “No
tenemos derecho a callarnos”, explicó en esos días la monja Alice Domon.
“Sea lo que fuere lo que hayan podido hacer las personas secuestradas, y ni
siquiera busco enterarme de ello, no hay derecho a torturar. Dios pedirá
cuentas algún día”, aseguró ante un periodista.
El 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos, las Madres
tenían previsto publicar una solicitada en La Nación para denunciar la
situación de los desaparecidos. El jueves 8 juntarían la plata para pagarla.
Esa tarde, mientras Azucena le aconsejaba a Astiz alejarse para protegerlo,
los marinos secuestraron en La Boca a Remo Berardo, el hombre más joven del
grupo. Tres horas después varios autos estacionaron frente a la iglesia de
la Santa Cruz, de los padres pasionistas. Adentro daba misa el padre Fred
Richards. Los familiares se reunieron en el jardín y cada uno contribuyó con
sus ahorros. Astiz hizo un aporte mínimo, simuló culpa, dijo que iba a
buscar plata y se fue. Minutos después, marinos, prefectos y policías, en
jean, camisa y campera, arrastraron hacia los autos a seis mujeres y tres
hombres. Esa misma noche fueron interrogados por un grupo de torturadores
que encabezó Antonio Pernías. Un secuestrado que traducía diarios franceses
en el sótano del casino de oficiales los vio encapuchados y engrillados,
sentados en un banco frente a las salas de interrogatorio. Acosta puso
música clásica a todo volumen pero no logró tapar los gritos. Luego los
distribuyeron entre Capucha y Capuchita.
Azucena Villaflor no fue secuestrada esa noche porque le tocó hacer la
colecta junto con Nora Cortiñas en la iglesia de Santa María de Betania, en
Almagro. El viernes terminó de pasar en limpio las firmas de la solicitada y
se peleó por última vez con La Nación, donde primero se resistieron a
publicarla porque faltaba “el visto bueno del cuerpo jurídico”, después los
obligaron a pasar a máquina casi mil nombres, y por último les rechazaron
pagar con monedas y billetes chicos. “¡Este no es el diario de Mitre!”,
renegó la fundadora de Madres. Por la plata que los marinos robaron en la
Santa Cruz el aviso se publicó en tres cuartos de página y no completa como
estaba previsto. Al final del texto se advirtió que “esta solicitada ha sido
costeada con el aporte --en algunos casos muy sacrificado-- de las personas
firmantes”. Azucena fue secuestrada cuando acababa de comprar el diario, el
sábado 10 a primera hora. Esa misma mañana, en una capilla de Ramos Mejía,
fue secuestrada la monja Léonie Duquet. Al mediodía del sábado el grupo
marcado por Astiz ya estaba en la ESMA, donde los guardias se dirigían a las
monjas como “hermanas”.
Ante la difusión de la noticia, el gobierno de Francia pidió explicaciones y
los llamados del Ejército a la ESMA se multiplicaron. Acosta ideó entonces
un montaje para desviar la atención. “Hay mucha polvareda por las monjas
francesas. Vamos a sacar un comunicado informando que las secuestró un grupo
armado y las vamos a trasladar”, le confío el capitán Pernías a una
secuestrada. Acosta obligó a Domón a redactar una carta al obispo de
Toulouse, de quien dependía la Congregación de las Misiones Extranjeras en
Francia, en la que dijera estar prisionera “de un grupo disidente del
gobierno de Videla” y reclamara la liberación de veinte presos políticos el
día de Navidad. La carta está fechada el 14 de diciembre. Por otro lado se
inventó un comunicado con el sello de Montoneros, reclamando, además de las
liberaciones, que la Iglesia y el gobierno de Francia repudiaran a la
dictadura. Está fechado el 15, llegó a France-Press el sábado 17 y fue
título de La Nación del domingo: “Los montoneros secuestraron a las
religiosas francesas”. La operación se completó con la foto. El prefecto
Héctor Febres le encomendó a un secuestrado armar un lienzo con la palabra
“Montoneros”, escudo, tacuara y metralla. La puesta en escena se armó en “la
huevera”, una oficina montada en el sótano. Acomodaron un escritorio,
pusieron dos sillas, colgaron el cartel de fondo y sentaron a las monjas,
con hematomas en los pómulos y pálidas de terror. En primer plano, aunque
ninguna lo tomó en sus manos, se observa el diario La Nación del día: 14 de
diciembre de 1977. De título, una frase de Harguindeguy: “No habrá amnistía
para los subversivos”, y una promesa: “liberaráse (sic) a los que estén
dispuestos a reintegrarse a la sociedad”.
El jueves, después del vuelo de “navegación” del Skyvan, La Nación informó
por primera vez del secuestro de las monjas. “Dos desapariciones preocupan
en París”, tituló. Apuntó que Le Monde, Le Figaro y France-Soir aportaron
“precisiones diferentes” y sólo informó sobre “la hipótesis de una
provocación montada para molestar al gobierno militar”. “En situaciones como
la actual, nada es más desaconsejable que la ambigüedad informativa o la
imitación del clásico gesto del avestruz”, escribió Luis María Bello,
corresponsal en París. La cobertura se completó con un recuadro titulado
“Vivas y con buena salud”, información que la Nunciatura le dio a la madre
Marie-Joseph, superiora de la Congregación Notre Dame de la Mothe.
El sábado La Nación informó del repudio del gobierno a las desapariciones
“de un grupo de personas, entre ellas dos religiosas”, que atribuyó a “la
subversión encerrada en su nihilismo, (que) insiste con sus métodos de odio
y destrucción”, y el domingo difundió el invento de Acosta. El martes 20
apareció en la playa el primero de los cinco cuerpos, enterrados como NN en
el cementero de General Lavalle. Veintiocho años después, el Equipo
Argentino de Antropología Forense identificó a la monja Duquet, a Angela
Aguad y a tres fundadoras de Madres de Plaza de Mayo: Azucena Villaflor de
De Vicenti, Esther Ballestrino de Careaga y María Ponce de Bianco. “Las
fracturas son compatibles con la caída desde una altura determinada y el
impacto contra un cuerpo duro”, dictaminó el EAAF.
PáginaI12 analizó testimonios de sobrevivientes de la ESMA. Ninguno afirma
con certeza el día del traslado, pero las estimaciones oscilan entre cinco y
diez días de cautiverio, léase hasta el 13 o el 18 de diciembre. Varios
apuntaron que “las monjas quemaban” y que apenas concluidos los
interrogatorios Acosta decidió el traslado. Secuestrados que llegaron a la
ESMA el fin de semana posterior al vuelo del 14 no tienen registro del
grupo. Las escasas menciones son en pasado. “Cuando yo llego acababa de
pasar lo de la Santa Cruz, las monjas y familiares, no vi nada de eso pero
(escuché) comentarios muy a flor de piel”, relató el año pasado Rosario
Quiroga, que llegó a la ESMA el sábado 17, trasladada desde Montevideo.
Jaime Dri llegó en el mismo vuelo, después de dos días de torturas. Miguel
Bonasso relata en Recuerdos de la Muerte que, ya en la ESMA, el Tigre Acosta
le preguntó: “¿por qué mataron (sic) a las monjas?”. Dri no sabía de qué le
hablaba. Después lo dejaron hablar con dos compañeros a quienes daba por
muertos, que le informaron sobre la infiltración de Astiz y el secuestro de
los familiares y las monjas. “Las hicieron mierda. Yo las vi en Capucha”, le
contó Horacio Maggio. “A la pobre Alice la llevaban al baño entre dos verdes
porque no podía caminar. Y todavía me preguntaba por ese muchachito rubio…
Ella seguía creyendo que era un familiar y que lo habían secuestrado”,
agregó.
--¿Y luego…? –preguntó Dri.
--Las trasladaron –respondió Maggio.
Según el libro, el diálogo transcurrió durante el primer día de Dri en la
ESMA. Los secuestrados le dijeron que era domingo. Sin embargo, Quiroga,
trasladada en el mismo vuelo desde Uruguay, declaró que llegaron el sábado a
primera hora, dato que coincide además con un vuelo del Skyvan PA-51 desde
el aeropuerto de Carrasco. En el peor de los casos, el domingo 18 el
“traslado” era parte del pasado.
Entrevistado para el archivo oral de Memoria Abierta, el sobreviviente
Ricardo Coquet precisó que la orden de armar el cartel de Montoneros, léase
cuando Acosta ya había decidido el traslado, fue “a los dos días del
secuestro”, es decir el sábado 10. Miguel Lauletta, presente cuando se tomó
la foto, calculó hace más de quince años ante el periodista Uki Goñi que el
montaje fue a “las siete u ocho de la tarde”. “La idea de Acosta era sacar
(la foto) con un diario y después ir trucando el diario para que mucho más
tiempo después de haberlas eliminado se pensara que seguían vivas, una idea
infantil que no se hizo nunca”, agregó. La única persona que arriesgó día y
hora del vuelo fue el periodista que investigó el caso. “Los traslados en la
ESMA usualmente ocurrían los miércoles”, escribió Goñi en su libro “Judas.
La verdadera historia de Alfredo Astiz”. Precisó que la foto se tomó el
miércoles 14 y concluyó que los secuestrados “fueron probablemente arrojados
vivos esa misma noche a las aguas del océano Atlántico desde un avión de la
Marina que habría despegado de Aeroparque aproximadamente a las 21”.
Fuente:
diegoemartinez.blogspot.com