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Carta abierta -
15.3. 2011
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INTERNACIONALES -
MÉXICO - PENSAMIENTO DE UN PROFESOR.
Un
mensaje a la juventud.
Por Pablo González Casanova.
Desde
1968 hasta hoy los jóvenes revelan ser una nueva categoría en la historia
universal. Es cierto que con anterioridad, en varios países de América
Latina y del mundo, los jóvenes ya habían hecho acto de presencia, como
ocurrió con la famosa reforma universitaria a la que en Córdoba, Argentina,
convocaron los estudiantes. Es cierto también que muchos héroes de la
historia universal, desde la antigüedad, han sido jóvenes; pero se
distinguían como héroes, no como un protagonista genérico de la historia. En
cambio, desde 1968, en París, en Chicago, en México, y hoy en el Magreb y
los países árabes, los movimientos de la juventud están a la vanguardia de
la lucha por otro mundo posible. Están contra la guerra, están contra las
discriminaciones raciales, están contra los simulacros de democracia o de
socialismo que en realidad son dictaduras de ricos y poderosos apoyados en
las fuerzas de seguridad a su servicio, legitimados por la clase política”
de fingida elección popular o de partido, y hoy serviles ante las grandes
potencias cuyos máximos dirigentes asumen abiertamente la mentalidad y la
criminalidad colonialista –que desde ayer asumieron contra Vietnam, contra
Cuba, contra los afroamericanos–, y que ahora, cada día que pasa,
manifiestan orgullosos contra los países y los pueblos de la periferia, y
también contra la inmensa mayoría de los jóvenes del mundo entero, de los
jóvenes de las poblaciones marginadas y excluidas, de las clases medias
depauperadas, de los hijos de los trabajadores desregulados, de los hijos de
los técnicos y profesionales que no tienen educación, ni empleo, ni
esperanza de tenerlos, ni futuro que perder.
Pablo González Casanova.
Por esas causas aparece la juventud rebelde desde los años sesenta. Y
también porque desde los años sesenta se empiezan a aplicar las primeras
políticas neoliberales hoy en auge; las políticas que le quitan el futuro a
la juventud, y que enriquecen más que nunca al gran capital. Porque desde
los años sesenta se toman medidas de reducción de los servicios públicos y
sociales que hoy dejan sin escuela, sin trabajo y sin futuro a la inmensa
mayoría de la humanidad, en particular a los jóvenes y a los niños que son
el futuro de la humanidad… Y porque desde entonces el discurso oficial
muestra más y más su falsedad, su falta de respeto a la palabra, su falta de
respeto a las personas, su falta de respeto a la moral pública, su inmensa
capacidad de mentir, su maquiavélica capacidad de convertir la realidad en
escenarios de falsas luchas en las que se enfrentan unos pueblos contra
otros, unas culturas contra otras, unos jóvenes contra otros, para que
pueblos, culturas y jóvenes se destruyan entre sí, a reserva de destruirlos
también con campañas de odios raciales, de odios religiosos, y con todo tipo
de narcóticos y de armas que les venden a trasmano y que permiten a quienes
los producen y distribuyen hacer inmensos negocios a costa incluso de su
propia juventud, hoy principal consumidora del mundo.
Por donde se vea las víctimas preferidas son los jóvenes, y como los jóvenes
son quienes más resisten, son también a quienes más enajenan, a quienes más
destruyen, con el escapismo de las drogas, y con bandas trasnacionales de
narcotraficantes que los reclutan por las buenas o por las malas al tiempo
que los enfrentan con sus propias comunidades, con las comunidades a las que
antes defendían, así les hacen perder el sentido de la vida y el sentido de
la lucha contra la opresión, contra la explotación y la exclusión, y los
reclutan para juegos de guerra en que luchan como pandillas de mafiosos por
pequeños territorios a cuyos vecinos les venden "seguridad”, en vez de
luchar al lado de sus pueblos y de su gente por ese otro mundo posible, que
hoy corresponde a un programa de acción y de creación más rico que
cualquiera de los anteriores en los valores que defiende y que apuntan a
otra libertad, a otra justicia, a otra democracia que se construyan desde
abajo y con los de abajo y de las que los campesinos mayas zapatistas son
los pioneros, con muchos otros pueblos de América y del mundo, que traen
para el mundo un proyecto de paz y de libertad, de justicia y de democracia,
y a los que ciega y criminalmente se contesta con ataques y asedios, con
intentos de corrupción y cooptación, como si sus luchas no fueran la más
segura forma de defender la vida en la Tierra y ese "buen vivir sin el mal
vivir de nadie” que reclaman los indios de los Andes.
Tal vez algunos piensen que exagero, cuando todo lo que digo está basado en
investigaciones y trabajos sobre los problemas de la juventud y de los
pobres de la Tierra, y sobre la forma en que los atacan, desorientan y
enajenan quienes les temen y quienes en la llamada "sociedad del
conocimiento” imponen las políticas educativas del desconocimiento; quienes
en nombre de la libertad del mercado imponen la desregulación y el desempleo
de los trabajadores, quienes en la educación imponen los criterios de la
privatización del conocimiento y de la transformación de los educandos en
meros instrumentos o robots que les permitan disminuir riesgos y optimizar
utilidades y riquezas. Tal vez algunos piensen que me estoy saliendo del
tema, porque en realidad supongan que debo hablar nada más de la educación,
pero de la educación estoy hablando. Y pienso que como jóvenes estudiantes
de esta u otra institución escolar –o como simples jóvenes ustedes, y
nosotros como profesores no tan jóvenes o muy viejos–, tenemos que
plantearnos la educación del carácter, de la voluntad y la moral de lucha
como la base de cualquier educación.
A mi memoria vienen las cartas del lord Chesterfield a su hijo, en las que
le enseña cómo guardar el control de sí mismo hasta en los momentos más
difíciles, y le transmite varios pensamientos sobre el arte de vivir, pensar
y luchar. Y también a mi memoria viene aquella reflexión de un líder de la
independencia de un país asiático que dijo: "Debemos tener músculos de
hierro y nervios de acero”. Y me acerco al sureste mexicano, y recuerdo el
discurso de una comandante zapatista que con su voz dulce y su tono cantado
y firme, en una gran asamblea de la selva Lacandona, nos dijo: "Lo primero
para conocer es perder el miedo”.
Y, bueno, pues ya que estoy en la Lacandona, donde hago mis estudios
pos-doctorales desde 1994 en que me invitó a acompañarlo en su caminar por
los derechos de los pueblos indios, ese grande obispo que recientemente
falleció y que se nombraba don Samuel Ruiz, y donde me hice adherente
zapatista, y donde he aprendido más de lo que ustedes puedan imaginar… donde
aprendí a oír más, a dialogar más, a pensar y actuar más; donde aprendí a
vincular conocimientos y saberes del aula y del campo, a entender desde
abajo y a la izquierda que "el corazón tiene razones que la razón no
comprende” y que se manifiestan muchas veces en formas no verbales sino de
solidaridad y de apoyo mutuo, y donde advertí cómo seguimos siendo un país
incompleto y que no se reconoce a sí mismo porque no reconoce al indio, y no
se da cuenta de la grandeza del indio y de México, de la dignidad y la
identidad de los pueblos originales, y de la imposibilidad de que México sea
una avanzada del mundo mientras no se entienda que el proyecto zapatista de
emancipación no es sólo un proyecto de emancipación para los indios de
México o de América, sino un proyecto de emancipación y sobrevivencia para
todos los seres humanos que quieran con la vida hacer real la libertad.
Bueno, pues algo de eso aprendí y tiene que ver con otros conocimientos que
llevo aprendiendo desde hace ya varias décadas, unos sobre las nuevas
ciencias de la complejidad y las tecnociencias, y otros sobre las
humanidades y las formas en que desde el siglo XVIII se vinculan las luchas
por la cultura, por la independencia, por la justicia y el socialismo, por
la democracia y la libertad.
Y en eso estaba cuando me recordaron que hace cuarenta años fui a Naucalpan
a inaugurar el proyecto de bachillerato del CCH, y me hicieron pensar en un
mensaje que quiero transmitirles para terminar un texto que empieza a ser
demasiado largo.
Estoy seguro, en primer término, que la educación propia y de los demás es
una lucha actual por el aprender a aprender a pensar, a leer y escribir, a
razonar, a recordar, a experimentar y practicar, lo que implica un
desarrollo del pensamiento crítico, reflexivo y creador, un amor a la
lectura de la poesía y la narrativa, un acercamiento a las ciencias de la
historia y de la sociedad, un conocimiento de las matemáticas como lenguaje
para razonar y hacer ciencias, un conocimiento de las ciencias
experimentales y de la práctica de las utopías, así como una práctica de los
oficios manuales y de los juegos y deportes, tareas que no son abrumadoras
cuando se emprende el aprendizaje como una actividad vital que no se deja y
que se sabe combinar con el trabajo, la lucha y la fiesta en el aprendizaje
de una cultura general y en el dominio de algunas especialidades y oficios
en que se adentra y ejercita uno más, si no quiere uno reducirse a ser ni un
sabelotodo ni un especialista eficiente pero inculto.
Estoy seguro, por otra parte, que en estos cuarenta años las innovaciones de
las ciencias y las tecnociencias nos obligan a actualizar muchos de nuestros
conocimientos y a seguir aprendiendo a aprender, a lo que también estamos
obligados si queremos descubrir, con nuestro propio saber y entender, los
nuevos y ricos proyectos de la emancipación humana por los que debemos
luchar sin cejar, a sabiendas de que como maestros tenemos que preparar a la
juventud para entender el mundo y para cambiarlo, y como estudiantes
también.
Estoy seguro que los profesores y estudiantes del CCH y de nuestra
Universidad magnifica sabremos cumplir con nuestro deber.
Pequeña biografía de Pablo González
Casanova.
Nació el 11 de febrero de 1922 en la ciudad de Toluca. Su
pertenencia a una de las familias de hacendados, ilustrada, le permitió
contar con una esmerada educación pues como complemento a ella, en su niñez
recibió instrucción particular de inglés, francés y esgrima. Cursó estudios
de abogado en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Nacional
Autónoma de México (UNAM), cursó la maestría en historia impartida tanto por
la Escuela Nacional de Antropología e Historia como por El Colegio de México
y obtuvo el grado de doctor en sociología en la Universidad de París en
1950. Fue becario, profesor e investigador de El Colegio de México en los
años cuarenta y a su regreso de París, en la década de los años cincuenta,
se incorporó a la UNAM, primero como docente en la Escuela Nacional
Preparatoria a partir de 1951 y al año siguiente a la entonces Escuela
Nacional de Ciencias Políticas y Sociales, donde adquirió la categoría de
profesor titular en 1964. Su labor docente la ha combinado con su productiva
actividad de investigación desde 1948. En 1965 publicó el libro La
democracia en México, que llegaría a convertirse en un verdadero clásico y
marcaría el rumbo de sus preocupaciones intelectuales. Representa un caso
singular del pensamiento de izquierda en nuestro país: vocación académica de
profundo compromiso social ha sustentado que se le caracterice como un
mexicano constructor y formador de ciudadanos [Granados Chapa, 1984: 3]. Tal
interpretación adquiere mayor comprensión si se repasan sus roles como
funcionario académico. En 1957 se le designó director de la Escuela Nacional
de Ciencias Políticas y Sociales, en 1959 fungió como presidente del Comité
Directivo de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales con sede en
Santiago de Chile, en 1966 se le nombró director del Instituto de
Investigaciones Sociales de la UNAM, en 1968 fungió como presidente de la
Asociación Latinoamericana de Sociología, en 1970 fue electo rector de la
UNAM, período que sólo cubrió poco más de dos años debido a actos de
provocación externos a su gestión, en 1986 fundó y dirigió por ocho años el
Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de
la UNAM.
Por esa amplia labor teórica y universitaria ha recibido
diversos reconocimientos, entre los que destacan los siguientes: miembro del
Centro Latinoamericano de Investigaciones Sociales con sede en Río de
Janeiro (1959), profesor visitante de las Universidades de Oxford (1975),
director de investigación visitante de la Escuela Nacional de Ciencias
Políticas de París (1975), profesor de la Facultad Latinoamericana de
Ciencias Sociales (1976), profesor titular de la Universidad de Cambridge,
coordinador del proyecto “Las perspectivas de América Latina” auspiciado por
la UNAM y la Universidad de las Naciones Unidas (1982). Además ha sido
reconocido con el grado de Doctor honoris causa por las Universidades
Autónoma del Estado de México (1987), Autónoma de Puebla (1996), Computense
de Madrid (2001), etc., recibió el premio nacional de Ciencias y Artes en el
área de Filosofía, Ciencias Sociales e Historia del gobierno mexicano, el
premio José Martí por la UNESCO (2003) y la Orden José Martí en Primer
Grado, máxima condecoración del gobierno de Cuba (2004).
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