Orinar sentado o de pie: qué encontró un estudio en hombres jóvenes sin síntomas urinarios
Un ensayo clínico con 52 voluntarios sanos no detectó diferencias relevantes en el flujo urinario máximo ni en el volumen expulsado entre ambas posturas. La elección parece más ligada a la costumbre personal que a una recomendación médica.
La eterna discusión sobre si los hombres deben orinar de pie o sentados acaba de recibir nueva evidencia científica. Un ensayo clínico realizado en Colombia y publicado en la revista Neurourology and Urodynamics midió con precisión qué cambia realmente en hombres jóvenes y sanos según la postura elegida.
El estudio, encabezado por Juan Iregui-Parra del Grupo de Investigación Urológica de Colombia, reclutó a 52 voluntarios de entre 18 y 39 años sin ningún trastorno urinario conocido. Cada participante realizó una uroflujometría sentado y otra de pie, con al menos 24 horas de diferencia entre ambas. El diseño aleatorizado y cruzado —donde cada hombre fue su propio control— buscó eliminar las variables individuales que suelen complicar este tipo de comparaciones.
Los resultados principales fueron claros: no se observaron diferencias relevantes en los dos indicadores más importantes. El caudal máximo de orina varió apenas 1,47 mililitros por segundo en promedio (ligeramente menor en posición sentada), una diferencia que los autores consideran sin relevancia clínica. El volumen total evacuado también mostró una brecha mínima de 14,7 mililitros, igualmente insignificante en la práctica diaria.
Sí se registró una diferencia en el tiempo para alcanzar el flujo máximo: los voluntarios tardaron en promedio 3,32 segundos más cuando estaban de pie. Sin embargo, los investigadores advirtieron que este dato estuvo influido por un valor atípico y que su magnitud no tiene impacto práctico ni justifica cambiar el hábito.
El análisis de equivalencia realizado no permitió declarar formalmente que ambas posturas producen exactamente el mismo efecto, pero sí mostró que, en esta población sana y joven, la posición no modifica de forma apreciable el desempeño urinario. Esto desarma la idea extendida de que sentarse siempre favorece un vaciamiento más completo de la vejiga en hombres sin síntomas.
Los autores destacan que sus conclusiones no pueden extrapolarse a hombres mayores ni a quienes presentan síntomas del tracto urinario inferior, como chorro débil, esfuerzo para iniciar la micción, goteo posterior o sensación de vaciamiento incompleto. En esos casos, estudios previos sugieren que la posición sentada podría ofrecer alguna ventaja, especialmente en pacientes con hiperplasia prostática benigna.
La investigación aporta rigor metodológico al debate al utilizar uroflujometría objetiva y un diseño que reduce sesgos. Hasta ahora, muchas recomendaciones se basaban en percepciones subjetivas o en trabajos con limitaciones. Este ensayo aporta datos concretos para un grupo específico: adultos jóvenes sin problemas urológicos.
En la vida cotidiana porteña, donde los baños públicos y privados tienen sus propias reglas no escritas, el estudio invita a relajarse con el tema. La elección puede responder más a la comodidad, la higiene, la privacidad o simplemente a la costumbre familiar que a una prescripción médica.
Los investigadores llaman a realizar ensayos de mayor tamaño y con poblaciones más diversas para confirmar estos hallazgos y explorar qué ocurre en hombres de mayor edad o con síntomas. Mientras tanto, la recomendación es práctica: si no hay molestias urinarias, cada uno puede seguir con lo que le resulte más cómodo.
Eso sí, ante cualquier cambio persistente en la micción —dolor, sangre, urgencia o debilidad del chorro— lo prudente es consultar a un especialista. La postura puede ser un detalle menor, pero los síntomas nunca lo son.