Buenos Aires se prepara para ser la invitada de honor de la FIL Guadalajara 2027
La directora de la FIL, Marisol Schulz, destacó cómo la ciudad invitada impregna la feria de su identidad cultural. Buenos Aires ya trabaja en los requisitos para brillar en la segunda feria del libro más importante del mundo.
La noticia llegó con la calidez de una buena recomendación de barrio: Buenos Aires será la Invitada de Honor de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en 2027. No es poca cosa. Se trata de la segunda feria del libro más importante del mundo, con más de dos mil expositores y casi un millón de visitantes en apenas nueve días.
Marisol Schulz, directora de la FIL desde hace años, lo explicó con esa claridad que tienen las personas que saben de qué hablan: “La gente se empapa de la cultura del invitado de honor”. Y vaya si lo hace. Durante los días de la feria, la ciudad elegida no es un mero decorado; se convierte en el eje alrededor del cual giran charlas, exposiciones, muestras, gastronomía y, por supuesto, una inmensa presencia editorial y literaria.
Para que Buenos Aires cumpla ese rol estelar, la ciudad deberá preparar un programa cultural de alto voltaje. Eso implica coordinar con editoriales locales, escritores, artistas, gestores culturales y, claro, con las instituciones porteñas que manejan el libro y la lectura. El desafío es grande, pero también la oportunidad: mostrar al mundo qué hace que nuestra literatura, nuestro teatro, nuestra música y nuestra forma de habitar la ciudad sean tan particulares.
Schulz ha visto pasar a muchos invitados de honor. Cada uno deja su impronta. Algunos apuestan por grandes nombres internacionales, otros por la diversidad de voces emergentes. En el caso porteño, la apuesta natural parece ser el crisol: esa mezcla de inmigración, tango, literatura de barrio, poesía militante, humor filoso y una tradición editorial que sigue viva a pesar de todos los vaivenes económicos.
Desde la organización de la FIL se espera que la ciudad invitada presente un stand destacado, un programa artístico completo y actividades que se extiendan más allá de los pabellones. La idea es que el público mexicano y los miles de visitantes internacionales terminen el evento con una imagen nítida y afectiva de Buenos Aires. No se trata solo de vender libros, sino de contagiar una forma de ser y de contar el mundo.
Para los porteños que amamos los libros, esta designación es una alegría doble. Por un lado, pone a nuestra ciudad en el centro de una de las citas literarias más relevantes del planeta. Por otro, obliga a repensar qué queremos mostrar de nosotros mismos. ¿Los clásicos de siempre o las nuevas voces que están reconfigurando la narrativa local? ¿Los bares notables o las ferias de usados de los barrios? ¿El tango literario o las milongas que también son espacio de lectura y reflexión?
La preparación ya empezó. Equipos de la Ciudad y del mundo editorial están delineando los ejes temáticos que guiarán la participación. Todo indica que habrá un fuerte énfasis en la diversidad cultural, la memoria y las nuevas generaciones de escritores y lectoras. También se espera una importante presencia de ilustradores, diseñadores y artistas visuales, porque Buenos Aires no se cuenta solo con palabras.
Marisol Schulz insistió en que el éxito de un invitado de honor se mide en cómo el público “se empapa” de esa cultura. En ese sentido, los porteños tenemos ventaja: somos generosos contando anécdotas, recomendando rincones y compartiendo historias. Solo hay que trasladar esa misma hospitalidad al formato de una feria de dimensiones monumentales.
Mientras tanto, en los bares de Corrientes, en las librerías de usados de Almagro y en las ferias de San Telmo, la gente sigue leyendo, escribiendo y debatiendo. Esa es, en el fondo, la mejor preparación para 2027: seguir siendo la Buenos Aires lectora, inquieta y un poco loca de siempre. La que, cuando le dan un escenario tan grande, no se achica y cuenta todo lo que tiene para decir.