Gastronomía y bares

Ciro: el restaurante de Palermo que trae los sabores de Puglia a Buenos Aires

Probamos sus pastas, brunch, café de especialidad y postres en un lugar que recrea la cocina del sur de Italia en la ciudad. Una opción fresca para quienes buscan sabores mediterráneos auténticos sin salir de Palermo.

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Taza de café humeante sobre la mesa de un bar porteño
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

Si hay algo que Buenos Aires sabe hacer bien es adoptar sabores de otras latitudes y darles un toque bien local. En Palermo, Ciro se propuso traer los aromas y las recetas de Puglia, esa región del tacón de la bota italiana conocida por sus pastas frescas, sus verduras al sol y su aceite de oliva generoso.

Ubicado en una de las zonas más transitadas del barrio, el lugar funciona como un respiro mediterráneo en medio del bullicio porteño. La propuesta combina lo que mejor sabe hacer Italia con algunos guiños locales, y lo hace sin postureo. Fuimos a probarlo en una mañana soleada de primavera y salimos con la sensación de haber encontrado un rincón que vale la pena recomendar.

Lo primero que sorprende es la pasta. No son esos fideos industriales que abundan en tantos lados: acá la masa es fresca, tirada a mano y con esa textura que solo se consigue cuando se respeta el ritual. Probamos unos tagliatelle con ragú de cordero que tenían el punto justo de cocción y un sabor profundo, casi hogareño. La salsa no tapaba, acompañaba. Lo mismo pasó con unos orecchiette con brócoli y salchicha: textura al dente, equilibrio perfecto entre lo amargo y lo graso. Nada sobreactuado, todo con sentido.

El brunch es otra de las apuestas fuertes. En una ciudad donde el brunch se puso de moda hace rato, Ciro se diferencia por no caer en la trampa de la avocado toast genérica. Acá hay opciones que remiten a la mesa pugliese: panes rústicos, fiambres curados, verduras grilladas, huevos preparados con cariño y ese toque de aceite de oliva que une todo. El café de especialidad acompaña de maravilla; usan granos que respetan el origen y la preparación es impecable, ya sea en espresso, pour over o cold brew según el humor de la mañana.

Los postres cierran la experiencia con honestidad. El tiramisú no es el de toda la vida: la versión de Ciro tiene un café más intenso y un mascarpone que no empalaga. La panna cotta con frutos rojos es otra que se lleva aplausos: textura temblorosa, sabor limpio y una acidez que refresca. Hay también opciones más locales, como una torta de ricota con limón que homenajea a la nonna sin perder el acento porteño.

El ambiente ayuda. Es luminoso, con detalles que remiten a Puglia sin caer en la escenografía turística: mesas de madera, sillas cómodas, alguna planta estratégica y una barra donde se ve que el café se toma en serio. El servicio es cálido, de esos que explican el plato sin recitar y que recomiendan con ganas. Ideal para ir en pareja, con amigos o incluso solo con un libro y un buen espresso.

Por supuesto, como en casi todos los lugares que valen la pena en Buenos Aires, conviene verificar horarios y disponibilidad antes de ir. La ciudad cambia rápido y las colas en Palermo pueden aparecer de un día para el otro. Pero si buscás una cocina italiana que se anime a salir de los clásicos porteños y se atreva con los sabores del sur, Ciro es una muy buena parada.

Después de probarlo, queda claro por qué se está hablando de este lugar: no es solo otro restaurante italiano más. Es un intento genuino de traer un pedacito de Puglia a las mesas porteñas, con respeto por la materia prima y sin perder la calidez que caracteriza a nuestra forma de comer. Recomendado para quienes quieren probar algo distinto sin tener que cruzar el océano.

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