Cultura y arte

La despedida de Eugenio Zanetti en la Legislatura y el Colón

Familiares, amigos y colegas le dieron el último adiós al escenógrafo, director y artista argentino que falleció a los 79 años. El cortejo fúnebre pasó por la Legislatura porteña y el Teatro Colón este lunes 21 de septiembre de 2026.

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La despedida de Eugenio Zanetti en la Legislatura y el Colón
(CC0)

Este lunes 21 de septiembre de 2026, Buenos Aires se detuvo un rato para despedir a Eugenio Zanetti, uno de los grandes nombres del arte escénico argentino que nos dejó el viernes a los 79 años.

Tras el velatorio del domingo, el cortejo fúnebre comenzó su recorrido en la Legislatura porteña, donde familiares, amigos y colegas se acercaron a rendirle homenaje. La sala se llenó de abrazos silenciosos, anécdotas a media voz y ese clima porteño de mezcla entre emoción y respeto que aparece cada vez que se va alguien que dejó huella.

Luego, el cortejo siguió hacia el Teatro Colón, el lugar que tantas veces vio su talento como escenógrafo y director. Allí, bajo la imponente cúpula que él mismo supo iluminar y transformar en tantas producciones, se completó la despedida. No hubo discursos largos ni protocolo excesivo: solo gente que lo quiso y admiró, compartiendo el peso de saber que se cierra un capítulo importante de la cultura de la ciudad.

Zanetti fue un creador que entendió el espacio escénico como un lenguaje en sí mismo. Sus escenografías no eran mero fondo: dialogaban con la luz, con el movimiento de los actores, con la música. Desde ópera hasta teatro contemporáneo, su firma se reconoció siempre por esa capacidad de transformar el escenario en un mundo que respiraba junto con la obra.

En los pasillos de la Legislatura y en la plaza del Colón se respiraba esa mezcla porteña de nostalgia y orgullo. Muchos recordaban noches de estreno, ensayos que se extendían hasta la madrugada y esa manera que tenía de mirar un espacio vacío y ya imaginar qué podía pasar ahí arriba.

La ciudad, que tantas veces lo vio trabajar, lo acompañó en silencio esta mañana de primavera. Porque Buenos Aires es también esto: un tejido de artistas, técnicos, amigos y vecinos que se encuentran para decir hasta siempre cuando se va uno de los suyos.

Queda su obra, claro. Quedan las producciones que siguen girando en la memoria de quienes las vieron y en los archivos del Colón. Pero también queda esa forma de mirar el escenario que Zanetti nos enseñó: como un lugar vivo, capaz de contar historias incluso antes de que suene la primera nota o se diga la primera palabra.

En una ciudad que no para, hoy se hizo un alto. Y estuvo bien. Porque hay despedidas que merecen que la calle se detenga un rato y que el Colón abra sus puertas aunque no haya función.

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